"Doblez" e "ingenuidad" de Maquiavelo.

Analizar el articulo de Adolfo Oxilia, Macchiavelli nel teatro [6]. Interpretación romántico-liberal de Maquiavelo (Rousseau, en El Contrato Social, III, 6: Foscolo en los Sepolcri; Mazzini en el breve ensayo sobre Maquiavelo).

6 "Cultura", octubre-diciembre 1933.

Escribe Mazzini: "Ecco ció che i vostri principi, deboli e vili quanti sono, faranno per dominarvi: or pensatici!" [Aquí tienes esto que son vuestros principios, débiles y cobardes cuánto somos, harán por dominarnos: ¡o nuestro pensamiento!"]. Rousseau ve en Maquiavelo un "gran republicano" obligado por la época --sin que de esto derive ninguna mengua de su dignidad moral-- a "déguiser son amour pour la liberté" [enmascarar su amor por la libertad] y a fingir que daba lecciones a los reyes, para dárselas a "des grandes aux peuples" [las mayorías populares]. Filippo Burzio anotó que tal interpretación en lugar de justificar moralmente el maquiavelismo da como resultado un "maquiavelismo al cuadrado", ya que el autor de El Príncipe no sólo daría consejos engañosos sino también con engaño, para mal de aquellos mismos a quienes estaban dirigidos.

Esta interpretación "democrática" de Maquiavelo derivaría del cardenal Pole y de Alberico Gentili (habrá que analizar el libro de Villari y de Tommasini en las partes que se refieren al éxito de Maquiavelo). En mi opinión el fragmento de Traiano Boccalini en los Ragguagli di Parnaso es mucho más significativo que la totalidad de los planteamientos de los "grandes estudiosos de la política", ya que todo se reduce a una aplicación del proverbio vulgar "quien conoce el juego no lo enseña". La corriente "antimaquiavélica" no es más que la manifestación teórica de este principio de arte político elemental, el principio de que ciertas cosas se hacen más no se dicen.

Y justamente de aquí hace el problema más interesante. ¿Por qué Maquiavelo escribió El Príncipe, no como una "memoria" secreta o reservada, como "instrucciones" de un consejero a un príncipe, sino como un libro que debía caer en manos de todos?, ¿por qué deseaba escribir una obra de "ciencia" desinteresada, como podría argüirse partiendo del punto de vista de Croce? Pero esto parece ir contra el espíritu de la época, parece ser una concepción anacrónica. ¿Por "ingenuidad", dado que Maquiavelo es visto como un teórico y no como un hombre de acción? No me parece aceptable la hipótesis de la "ingenuidad" vanidosa y "chismosa". Es necesario reconstruir la época y las exigencias que Maquiavelo descubría en ella.

En realidad, no obstante tener El Príncipe un destino preciso, no se puede decir que el libro haya sido escrito para alguien en particular, o para todos. Es escrito para un hipotético "hombre de la providencia" que podría manifestarse tal como se había manifestado Valentino u otros condottieros, partiendo de la nada, sin tradición dinástica, por sus excepcionales cualidades militares. La conclusión de El Príncipe justifica todo el libro también ante las masas populares que realmente olvidan los medios empleados para alcanzar un fin si éste es históricamente progresista, vale decir, si revuelve los problemas esenciales de la época y establece un orden donde sea posible moverse, actuar, trabajar con tranquilidad. Al interpretar a Maquiavelo se olvida que la monarquía absoluta era en aquellos tiempos una forma de reinado popular y que ella se apoyaba sobre los burgueses contra los nobles y también contra el clero (Oxilia se refiere a la hipótesis de que la interpretación democrática de Maquiavelo fue reforzada y puesta más en evidencia en el período del 1700 al 1800 por el Giorno de Parini, "satírico instructor del joven señor, así como Maquiavelo --en otros tiempos, con otra naturaleza y medida de los hombres-- habría sido el trágico instructor del príncipe").

Analizar lo que escribe Alfieri sobre Maquiavelo en el libro Del príncipe e delle lettere. Hablando de las "máximas inmorales y tiránicas" que se podrían extraer "aquí y allá" de El Príncipe, Alfieri anota: "Y estas son puestas en evidencia (para quien reflexiona bien) mucho más para revelar a los pueblos las ambiciones y sagaces crueldades de los príncipes que para enseñar a los príncipes a practicarlas, puesto que ellos casi siempre las adoptan, las han adoptado y las adoptarán, según su necesidad, ingenio y destreza".

Al margen de la interpretación democrática la nota es justa; pero Maquiavelo no quería "sólo" enseñar a los príncipes las "máximas" que ellos conocían y adoptaban. Quería en cambio enseñar la "coherencia en el arte de gobernar y la coherencia aplicada a un cierto fin: la creación de un Estado unitario italiano. O sea, El Príncipe no es un libro de "ciencia" desde un punto de vista académico, sino de "pasión política inmediata", un "manifiesto" de partido, que se basa en una concepción "científica" del arte político. Maquiavelo enseña de verdad la "coherencia" de los medios "bestiales", lo cual va contra la tesis de Alderisio (del cual es preciso analizar el escrito "Intorno all'arte dello Stato del Machiavelli" y las discusiones posteriores sobre su interpretación como "política pura", en "Nuovi Studi" de junio-octubre de 1932); pero esta "coherencia" no es algo meramente formal, sino la forma necesaria de una determinada línea política actual. Que de la exposición de Maquiavelo se puedan extraer elementos de una "política pura" es otra cuestión; ella se refiere al lugar que ocupa Maquiavelo en el proceso de formación de la ciencia política "moderna", que no es pequeño. Alderisio plantea mal todo el problema y los aciertos que pueda lograr se pierden en la desconexión del cuadro general, equivocado.

La cuestión de por qué Maquiavelo escribió El Príncipe y las demás obras no es un simple problema de cultura o de psicología del autor puesto que sirve para explicar en parte la fascinación que ejercen estos escritos, su vivacidad y originalidad. No se trata, por cierto, de "tratados" de tipo medieval, ni tampoco de obras de un abogado que quiere justificar las operaciones o el modo de actuar de sus "sostenedores", aunque sea de su príncipe. Las obras de Maquiavelo son de carácter "individualista", expresiones de una personalidad que desea intervenir en la política y en la historia de su país y en tal sentido tienen un origen "democrático". Existe en Maquiavelo la "pasión, del "jacobino" y por ello agradaba tanto a los jacobinos y a los iluministas; es éste un elemento "nacional, en sentido propio y debería ser estudiado con anterioridad a toda investigación sobre Maquiavelo.

Artículo de Luigi Cavina en la "Nuova Antologia" del 16 de agosto de 1927, Il sonno [sueño] nazionale di Niccolò Machiavelli in Romagna e il governo di Francesco Guicciardini. El tema del ensayo es interesante, pero Cavina no sabe extraer todas las conclusiones necesarias dado el carácter superficialmente descriptivo y retórico del escrito. Luego de la batalla de Pavía [1525] y la derrota definitiva de los franceses, que aseguraba la hegemonía española en la península, los señores italianos estaban dominados por el pánico. Maquiavelo, que se había trasladado a Roma para entregar personalmente a Clemente VII las Historias Florentinas, recientemente concluidas, propone al Papa crear una milicia nacional [significado preciso del término] y lo convence para que haga una experiencia. El Papa envía a Maquiavelo a Romagna [región Emilia-Romagna, cap. Bolonia] para entrevistarse con Francesco Guicciardini que era su presidente, adjuntándole un breve [nota pontificia] de fecha 6 de junio de 1525. Maquiavelo debía exponer a Guicciardini su proyecto y éste debía darle su parecer. El breve de Clemente VII debe ser muy interesante. Allí el Papa expone el desconcierto en que se encuentra Italia, tan grande como para inducir también a buscar remedios nuevos e insólitos y concluye: "Res magna est, ut iudicamus et salus est in ea cum status ecelesiastici, tum totius Italiae ac prope universae christianitatis reposita", donde se evidencia cómo Italia era para el Papa el término mediador entre el Estado eclesiástico y la cristiandad. ¿Por qué la experiencia en Romagna? Además de la confianza del Papa en la prudencia política de Guicciardini, es preciso quizás tener en cuenta otros elementos. Los Romagnolos eran buenos soldados: habían combatido con valor y fidelidad para los Venecianos en Agnadello, aunque como mercenarios. Existía también en la Romagna el precedente de Valentino, que había reclutado entre el pueblo muy buenos soldados, etc. Guicciardini hasta 1512 había escrito que el dar las armas a los ciudadanos "no es algo ajeno al vivir como república y al vivir popular, ya que cuando se da 'una justicia buena y leyes ordenadas', aquellas armas no se adoptan en perjuicio, sino "en utilidad de la patria" y había elogiado también la institución de la ordenanza ideada por Maquiavelo (tentativa de crear en Florencia una milicia ciudadana, que preparara la resistencia durante el asedio). Pero Guicciardini no creía posible hacer la tentativa en Romagna debido a las exasperadas divisiones de grupos que allí dominaban (son muy interesantes sus juicios sobre la Romagna): los gibelinos luego de la victoria de Pavía estaban listos para cualquier novedad; aunque no se dieran las armas, lo mismo surgiría algún tumulto; no se puede dar las armas para oponerse a los imperiales justamente a aquellos que son sus fautores [patrocinadores]. Por otro lado, la dificultad se acrecienta por el hecho de que el Estado es eclesiástico, o sea, sin directivas a largo plazo y con fáciles gracias e impunidades, hasta cada nueva elección de Papa. En otro Estado las facciones se podrían dominar, no en el Estado de la Iglesia. Ya que Clemente VII en su breve había dicho que para obtener un buen resultado en la empresa eran necesarios no solamente orden y diligencia, sino también "e1 empeño y el amor del pueblo", Guicciardini afirma que esto no es posible porque "la Iglesia, en efecto, no tiene amigos, ni aquellos que desean vivir bien, ni por diversas razones, los facciosos y tristes". Pero la iniciativa no se concretó, ya que el Papa abandonó el proyecto. El episodio ofrece sin embargo máximo interés para mostrar cuán grande era la voluntad y la virtud de persuasión de Maquiavelo y cómo influía en los juicios prácticos inmediatos de Guicciardini y en las actitudes del Papa que, evidentemente, estuvo durante largo tiempo bajo su influencia; el breve puede ser considerado como un compendio de la concepción de Maquiavelo adaptado a la mentalidad pontificia. No se conocen las razones que pueda haber contrapuesto Maquiavelo a las observaciones de Guicciardini, puesto que no habla de esto en sus cartas y las que dirigió a Roma nos son desconocidas. Se puede observar que las innovaciones militares sostenidas por Maquiavelo no podían ser empleadas en pleno desarrollo de la invasión española y que sus propuestas al Papa en aquel momento no podían tener resultados concretos.

Afirmación de Guicciardini de que para la vida de un Estado son absolutamente necesarias dos cosas: las armas y la religión.

La fórmula de Guicciardini puede ser traducida a varias otras, menos drásticas: fuerza y consenso; coerción y persuasión; Estado e Iglesia; sociedad política y sociedad civil; política y moral (historia ético-política de Croce); derecho y libertad; orden y disciplina; o con un implícito juicio de saber libertario, violencia y engaño. De cualquier manera, en la concepción política del Renacimiento la religión era el consenso y la Iglesia la sociedad civil, el aparato de hegemonía del grupo dirigente, que no tenía un aparato propio, una organización cultural e intelectual propia, sino que consideraba como tal a la organización eclesiástica universal. Sólo se está fuera del Medioevo cuando abiertamente se concibe y se analiza a la religión como instrumentum regni.

Es preciso estudiar, desde este punto de vista, la iniciativa jabobina de la institución del culto del "Ente Supremo", que aparece por lo tanto como una tentativa de crear una identidad entre Estado y Sociedad civil, de unificar dictatorialmente los elementos constitutivos del Estado en sentido orgánico y más amplio (Estado propiamente dicho y sociedad civil) en un desesperado intento de estrechar en un puño toda la vida popular y nacional, pero aparece también como la primera raíz del moderno Estado laico, independiente de la Iglesia, que busca y encuentra en sí mismo, en su vida compleja, todos los elementos de su personalidad histórica.

En el capítulo "Les critiques de l'escalier", del libro de Clemenceau, Grandeurs et misères d'une victoire (París, Plon, 1930), están contenidas algunas de las observaciones generales hechas por mí en la nota sobre el artículo de Paolo Treves Il realismo político di Guicciardini [7]: por ejemplo la distinción entre políticos y diplomáticos. Los diplomáticos han sido formados (dressés) para la ejecución, no para la iniciativa, dice Clemenceau. Todo el capítulo es de polémica con Poincaré, quien había reprochado el no-empleo de los diplomáticos en la preparación del Tratado de Versalles. Clemenceau, como puro hombre de acción, como político puro, es extremadamente sarcástico con Poincaré, con su espíritu abogadil y sus ilusiones de que pueda crearse la historia con sofismas, subterfugios y habilidades formales. "La diplomatie est instituée plus pour le maintien des inconciliables que pour l'innovation des imprévus. Dans le mot diplomate il y a la racine double, sens de plier" [La diplomacia se instituye más para el mantenimiento de irreconciliables que para la innovación de imprevistos. En la palabra diplomática hay raíz doble, sentido de doblez.].

7 Ver p. 96 (N, de la R.)

Es verdad, sin embargo, que este concepto de doblez no se refiere a los "diplomáticos", sino a los "diplomas" que los diplomáticos conservaban y que tenía un significado material, de folio plegado.

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