Hegemonía (sociedad civil) y división de poderes.

La división de los poderes y toda la discusión surgida alrededor de su realización, así como la dogmática jurídica nacida de su advenimiento, son el resultado de la lucha entre la sociedad civil y la sociedad política de un determinado período histórico, con un cierto equilibrio inestable de clases, determinado por el hecho de que ciertas categorías de intelectuales (al servicio directo del Estado, en especial burocracia civil y militar) están aún demasiado ligadas a las viejas clases dominantes. Es decir, se verifica en el interior de la sociedad lo que Croce llama el "perpetuo conflicto entre Iglesia y Estado", donde la Iglesia es considerada como representante de la sociedad civil en su conjunto (mientras que no es más que un elemento cada vez menos importante) y el Estado como representando toda tentativa de cristalizar en forma permanente una determinada etapa de desarrollo, una determinada situación. En este sentido, la misma Iglesia puede transformarse en Estado y el conflicto puede manifestarse entre la sociedad civil laica y laicizante y el Estado-Iglesia (cuando la Iglesia se ha convertido en parte integrante del Estado, de la sociedad política monopolizada por un determinado grupo privilegiado que se anexa la Iglesia para defender mejor su monopolio con el sostén de aquel sector de "sociedad civil" representada por esta última).

Importancia esencial de la división de los poderes para el liberalismo político y económico. Toda la ideología liberal, con sus fuerzas y sus debilidades, puede ser comprendida en el principio de la división de los poderes y entonces se pone en evidencia cuál es la fuente de la debilidad del liberalismo: es la burocracia, esto es, la cristalización del personal dirigente, que ejerce el poder coercitivo y que hasta cierto punto se transforma en casta. De allí la reivindicación popular de la elegibilidad de todos los cargos, reivindicación que es el punto extremo de liberalismo y al mismo tiempo su disolución (principio de la Constituyente en permanencia, etc.; en las Repúblicas la elección periódica del Jefe del Estado da una satisfacción ilusoria a esta reivindicación popular elemental).

Unidad del Estado en la distinción de los poderes: la magistratura más ligada a la sociedad civil, el poder judicial, situado entre gobierno y parlamento que representa la continuidad de la ley escrita (aún contra el gobierno). Naturalmente, estos tres poderes son también órganos de la hegemonía política, pero en una medida diferente: 1) Parlamento; 2) magistratura; 3) gobierno. Hay que anotar en especial la impresión desastrosa que provocan en el público las irregularidades en la administración judicial: el aparato hegemónico es más sensible en este sector, al cual pueden asimilarse también las arbitrariedades de la policía y de la administración pública.

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