Fase económico-corporativa del Estado.

En la ciencia política, Guicciardini representa un paso atrás con respecto a Maquiavelo. Y éste es el único significado del mayor "pesimismo" de Guicciardini, quien retorna a un pensamiento político puramente italiano mientras Maquiavelo se había elevado a un pensamiento europeo. No se comprende a Maquiavelo si no se tiene en cuenta que supera la experiencia italiana en la experiencia europea (internacional en aquella época). Su "voluntad" sería utópica sin la experiencia europea. La misma concepción de la "naturaleza humana" deviene por este hecho diferente en los dos. En la "naturaleza humana" de Maquiavelo está comprendido el "hombre europeo" y este hombre, tanto en Francia como en España, ha superado efectivamente la fase feudal disgregada con la monarquía absoluta. No es, por consiguiente, la "naturaleza humana" la que se opone a que en Italia surja una monarquía absoluta unitaria, sino condiciones transitorias que la voluntad puede superar. Maquiavelo es "pesimista" (o mejor "realista") al considerar a los hombres y los móviles de su obrar; Guicciardini no es pesimista, sino escéptico y sórdido. Paolo Treves [31] comete muchos errores en sus juicios sobre Guicciardini y Maquiavelo; no distingue bien "política" de "diplomacia" y precisamente en esta falta de distinción reside la causa de sus apreciaciones erróneas. En efecto, en la política el elemento volitivo tiene una importancia mucho mayor que en la diplomacia. La diplomacia sanciona y tiende a conservar las situaciones creadas por el empuje de las políticas estatales; es creadora sólo en un sentido metafórico o filosófico convencional (toda la actividad humana es creadora). Las relaciones internacionales mantienen un equilibrio de fuerzas en el cual todo particular elemento estatal puede influir muy débilmente. Florencia podía influir reforzándose a sí misma, por ejemplo, pero este refuerzo, aunque hubiese mejorado su posición en el equilibrio italiano y europeo no podía, por cierto, ser considerado como decisivo para trastocar el conjunto del equilibrio mismo. Por ello el diplomático, por el mismo hábito profesional, es llevado al escepticismo y a la sordidez conservadora.

31 Cfr. Il realismo politico di Francesco Guicciardini, en "Nuova Rivista Storica", noviembre-diciembre de 1930.

En las relaciones internas de un Estado la situación es incomparablemente más favorable a la iniciativa central, a una voluntad de comando, tal como la entendía Maquiavelo. El juicio sobre Guicciardini dado por De Sanctis es mucho más realista de cuanto cree Treves. Hay que plantear la pregunta de por qué De Sanctis estaba mejor preparado que Treves para dar este juicio, histórica y científicamente más exacto. De Sanctis participó en un momento creador de la historia política italiana, un momento en el cual la eficacia de la voluntad popular, dirigida a suscitar fuerzas nuevas y originales y no sólo a calcular sobre las tradicionales, concebidas éstas como imposibilitadas de desarrollo y de reorganización (escepticismo político guicciardinesco), había mostrado toda su potencialidad no sólo en el arte de fundar un Estado desde el interior, sino también en el de dominar las relaciones internacionales desbrozando los métodos profesionales y rutinarios de la diplomacia (con Cavour). La atmósfera cultural era propicia para una concepción más comprensivamente realista de la ciencia y del arte político. Pero aún sin esta atmósfera ¿era imposible para De Sanctis comprender a Maquiavelo. La atmósfera dada por el momento histórico enriquece los ensayos de De Sanctis con un pathos * sentimental que torna más simpático y apasionante el argumento, más artísticamente expresiva y cautivante la exposición científica, pero el contenido lógico de la ciencia política podría haber sido pensado aún en los períodos de peor reacción. ¿No es quizás la misma reacción un acto constructivo de voluntad? ¿ Y no es un acto voluntario la conservación? ¿ Por qué entones sería "utópica" la voluntad de Maquiavelo y revolucionaria y no utópica la voluntad de quienes quieren conservar lo existente e impedir el surgimiento y la organización de fuerzas nuevas que turbarían y subvertirían el equilibrio tradicional? La ciencia política abstrae el elemento "voluntad" y no tiene en cuenta el fin al cual se aplica una voluntad determinada. El atributo de "utópico" no es propio de la voluntad política en general, sino de las voluntades particulares que no saben ligar el medio al fin y por lo tanto no son tampoco voluntades, sino veleidades, sueños, deseos.

*pathos: m. RET. Empleo de rasgos o de temas destinados a impactar con fuerza en el lector o en el espectador.

El escepticismo de Guicciardini (no pesimismo de la inteligencia, que puede estar unido a un optimismo de la voluntad en los políticos realistas activos) tiene diversos orígenes: 1) el hábito diplomático, esto es, de una actividad subalterna subordinada, ejecutivo-burocrática, que debe aceptar una voluntad extraña (la política del propio gobierno o príncipe) a las convicciones particulares del diplomático (quien puede, es verdad, sentir como propia dicha voluntad, en cuanto corresponde a las convicciones propias, pero puede también no sentirla. Al haberse convertido la diplomacia necesariamente en una profesión especializada, condujo a esta consecuencia, la de poder separar al diplomático de la política de los gobiernos cambiantes, etc.), de allí, por consiguiente, el escepticismo y, en la elaboración científica, los prejuicios extra-científicos; 2) las mismas convicciones de Guicciardini, que era conservador en el cuadro general de la política italiana y por ello teoriza las opiniones propias, la posición política propia.

Los escritos de Guicciardini son más un signo de los tiempos que ciencia política y éste es el juicio de De Sanctis; así como signo de la época y no ensayo de historia de la ciencia política es el artículo de Paolo Treves.

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