El número y la calidad en los regímenes representativos.

Uno de los lugares comunes más banales que se vienen repitiendo contra el sistema electivo de formación de los órganos estatales es éste: de que el "número es en él una ley suprema" y que las "opiniones de cualquier imbécil que sepa escribir (y también de un analfabeto en ciertos países) vale, a los efectos de determinar el curso político del Estado, exactamente lo mismo que la de quienes dedican al Estado y la nación sus mejores fuerzas", etc. [27]. Pero lo cierto es que de ninguna manera es verdad que el número sea "ley suprema" ni de que el peso de la opinión de cada elector sea "exactamente" igual. Los números, también en este caso, tienen un simple valor instrumental que dan una medida y una relación y nada más. Por otro lado, qué se mide? Se mide precisamente la eficacia y la capacidad de expansión y de persuasión de las opiniones de pocos, de las minorías activas, de las elites, de las vanguardias, es decir, su racionalidad, historicidad o funcionalidad concreta. Esto significa que no es verdad que el peso de las opiniones de los individuos sea "exactamente" igual. Las ideas y las opiniones no "nacen" espontáneamente en el cerebro de cada individuo: tuvieron un centro de formación, irradiación, difusión, persuasión, un grupo de hombres o también una particular individualidad que las elaboró y presentó en la forma política de actualidad. La numeración de los "votos" es la manifestación final de un largo proceso en el cual la influencia máxima corresponde justamente a quienes "dedican al Estado y a la nación sus mejores fuerzas" (cuando son tales). Si este presunto grupo de caciques, no obstante las interminables fuerzas materiales que posee, no obtiene el consenso de la mayoría, habrá que juzgarlo como inepto o como no representativo de los intereses "nacionales", los cuales no pueden dejar de prevalecer entre los elementos que impulsan la voluntad nacional más en un sentido que en otro. "Desgraciadamente", cada uno es llevado a confundir lo propio "particular" con el interés nacional y, por consiguiente, a encontrar "horrible" que la "ley del número" sea la que decida; es ciertamente mucho mejor llegar a elite por decreto. No se trata por lo tanto de quien "tiene mucho" intelectualmente y se siente reducido al nivel del último analfabeto, sino de quien presume que tiene mucho y quiere quitar al hombre "común" también aquella fracción infinitesimal de poder que posee para decidir sobre el curso de la vida estatal.

27 Las formulaciones son muchas, algunas más felices aún que las aquí mencionadas y extraídas de MARIO DE SILVA en la "Critica Fascista" del 15 de agosto de 1932, pero el contenido es siempre igual.

De la crítica (de origen oligárquico y no de elite) al régimen parlamentario (es extraño que no haya sido criticado porque la racionalidad historicista del consenso numérico es falsificada sistemáticamente por la influencia de la riqueza), estas afirmaciones banales fueron extendidas a todo sistema representativo, aunque no fuese parlamentario ni formado según los cánones de la democracia formal. Tanto menos exactas son aquí estas afirmaciones. En estos otros regímenes el consenso no tiene en el momento del voto una fase terminal, todo lo contrario [28]. El consenso es supuesto como permanentemente activo, hasta el punto que aquellos que consienten podrían ser considerados como "funcionarios" del Estado y las elecciones como un modo de enrolamiento voluntario de funcionarios estatales de un tipo especial, que hasta cierto punto podría vincularse (en planos diferentes) al self-government [autogobierno]. Las elecciones, al no realizarse sobre la base de programas vagos y generales, sino partiendo de un trabajo concreto inmediato, impulsan a quienes consienten a empeñarse para realizarlas, en hacer algo más que el común ciudadano legal. Los impulsa a ser una vanguardia de trabajo activo y responsable. El elemento "voluntariedad" en la iniciativa no podría ser estimulado de otra manera entre las más vastas multitudes. Y cuando éstas no estén formadas por ciudadanos amorfos, sino por elementos productivos calificados, se podrá entender la importancia que puede adquirir la manifestación del voto [29].

28 Alusión al sistema soviético del control permanente de los electores sobre los electos. (N. de la R.).

29 Estas observaciones podrían ser desarrolladas mis amplia y orgánicamente, poniendo también de relieve otras diferencias entre los diversos tipos de elecciones, según que cambien las relaciones generales sociales y políticas: relación entre funcionarios electivos y funcionarios de carrera, etc.

Analizar la proposición de que "la sociedad no se plantea problemas para cuya solución no existan ya las premisas materiales". De ella depende en forma inmediata el problema de la formación de una voluntad colectiva. Analizar en forma crítica el significado de la proposición importa precisamente investigar cómo se forman las voluntades colectivas permanentes y cómo tales voluntades se proponen fines concretos inmediatos y mediatos, es decir, una línea de acción colectiva. Se trata de procesos de desarrollo más o menos amplios y raramente de explosiones "sintéticas" improvisadas. Las "explosiones" sintéticas también se verifican pero, si se observa más íntimamente, se ve entonces que se trata más de destruir que de reconstruir, de remover obstáculos mecánicos y exteriores al desarrollo autóctono y espontáneo; así, puede tomarse pomo ejemplo el Vespro [tarde] siciliano.

Se podría estudiar en concreto la formación de un movimiento histórico colectivo, analizándolo en todas sus fases moleculares, lo que habitualmente no se hace porque tornaría pesado el análisis. Se toman en cambio las corrientes de opinión ya constituidas en torno a un grupo o a una personalidad dominante. Es el problema que modernamente se expresa en términos de partido o de coaliciones de partidos afines: cómo se inicia la constitución de un partido, cómo se desarrolla su fuerza organizada y su influencia social, etc. Se trata de un proceso molecular, minucioso, de análisis extremo, capilar, cuya documentación está constituida por una cantidad interminable de libros, folletos, de artículos de revistas y de periódicos, de conversaciones y debates orales que se repiten infinidad de veces y que en su conjunto gigantesco representan ese lento trabajo del cual nace una voluntad colectiva con un cierto grado de homogeneidad, con el grado necesario y suficiente para determinar una acción coordinada y simultánea en el tiempo y en el espacio geográfico en el que se verifica el hecho histórico.

Importancia de las utopías y de las ideologías confusas y racionalistas en la fase inicial de los procesos históricos de formación de las voluntades colectivas. Las utopías, el racionalismo abstracto, tienen la misma importancia que las viejas concepciones del mundo históricamente elaboradas por la acumulación de experiencias sucesivas. Lo que importa es la crítica que los primeros representantes de la nueva fase histórica dirigen a dicho complejo ideológico; a través de esta crítica se da un proceso de distinción y de cambio en la importancia relativa que poseían los elementos de las viejas ideologías. Aquello que era secundario, subordinado o aún accesorio, pasa a ser principal, se transforma en el núcleo de un nuevo complejo ideológico y doctrinario y la vieja voluntad colectiva se disgrega en sus elementos contradictorios puesto que se desarrollan socialmente aquellos elementos subordinados.

Luego de la formación del régimen de los partidos, fase histórica ligada a la estandarización de grandes masas de la población (comunicaciones, periódicos, grandes ciudades, etc.) los procesos moleculares advienen más rápidamente que en el pasado.

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