El teorema de las proporciones definidas.

Este teorema puede ser empleado con utilidad para tornar más claros y de un esquematismo más evidente muchos razonamientos referidos a la ciencia de la organización (el estudio del aparato administrativo, de la composición demográfica, etc.) y también la política general (en el análisis de las situaciones, de las relaciones de fuerza, en el problema de los intelectuales, etc.). Se entiende que es preciso recordar siempre que el recurrir al teorema de las proporciones definidas tiene un valor esquemático y metafórico y que por ello no puede ser aplicado en forma mecánica, ya que en los grupos humanos el elemento cualitativo (o de capacidad técnica e intelectual de los componentes individuales) cuya función es predominante no puede ser medido en forma matemática. De allí que se pueda decir que cada grupo humano tiene su particular principio óptimo de proporciones definidas.

La ciencia de la organización en especial, puede recurrir con provecho a dicho teorema y esto se evidencia con claridad en el caso del ejército. Pero cada forma de sociedad tiene su tipo de ejército y cada tipo de ejército su principio de proporciones definidas, el cual por otro lado, cambia con las diferentes armas y especialidades. Existe una determinada relación entre soldados, graduados, suboficiales, oficiales subalternos, oficiales superiores, Estados Mayores, Estado Mayor General. Existe relación entre las diferentes armas y especialidades entre sí; todo cambio en una parte determina la necesidad de un nuevo equilibrio con el todo.

Políticamente, el teorema puede ser aplicado a los partidos, sindicatos, fábricas, y veremos entonces como todo grupo social tiene su propia ley de proporciones definidas que varía según el nivel de cultura, independencia mental, espíritu de iniciativa y sentido de la responsabilidad y de la disciplina de sus miembros más retrasados y periféricos.

La ley de las proporciones definidas es resumida así por Pantaleoni en los Principi di economia pura: "...Los cuerpos se combinan químicamente sólo en proporciones definidas y toda cantidad de un elemento que supere la cantidad requerida por una combinación con otros elementos, presentes en cantidades definidas, queda libre; si la cantidad de un elemento es deficiente con relación a la cantidad de otros elementos presentes, la combinación sólo ocurre en la medida en que es suficiente la cantidad del elemento que está presente en menor cantidad que los otros" [25]. Podríamos servirnos metafóricamente de esta ley para comprender cómo un "movimiento" o tendencia de opiniones se transforma en partido, es decir, en fuerza política eficiente desde el punto de vista del ejercicio del poder gubernativo, lo cual ocurre precisamente en la medida en que posee (habiéndolos preparado en su interior), dirigentes de distinta capacidad y en la medida en que esos dirigentes hayan adquirido una determinada preparación. El "automatismo" histórico de ciertas premisas (la existencia de ciertas condiciones objetivas) es potenciado políticamente por los partidos y los hombres capaces: su ausencia o deficiencia (cuantitativa y cualitativa) vuelve estéril al mismo "automatismo" (que por lo tanto no es automatismo). Las premisas existen en abstracto, pero las consecuencias no se realizan porque falta el factor humano. Por ello se puede decir que los partidos deben formar dirigentes capaces y representan la función de masa que selecciona, desarrolla, multiplica los dirigentes necesarios para que un grupo social definido (que es una cantidad "fija", en cuanto se puede establecer cuántos son los componentes de cada grupo social) se articule y de un caos tumultuoso se transforme en un ejército orgánicamente predispuesto. Cuando en sucesivas elecciones del mismo grado o de diverso grado (por ejemplo en la Alemania anterior a Hitler: elecciones para presidente de la república, para el Reichstag, para las dietas de los Länder, para los consejos comunales y así hasta los comité de empresas) un partido oscila en su masa de sufragios de cifras máximas a cifras mínimas que parecen extrañas y arbitrarias, se puede deducir que los cuadros de tal partido son deficientes en cantidad y en calidad, en cantidad y no en calidad (relativamente) o en calidad y no en cantidad. Un partido que tiene muchos votos en las elecciones locales y menos en las de importancia superior es cualitativamente deficiente en su dirección central: posee muchos subalternos o al menos un número suficiente, pero no posee un Estado Mayor adecuado al país y a su posición en el mundo, etc.

26 MAFFEO PANTALEONI, Principi di economia pura, Milán, 1931, parágrafo 5, p. 112. (N. de la R.).

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