Sobre la burocracia.

1) El hecho de que en el desarrollo histórico de las formas políticas y económicas se haya venido formando el tipo del funcionario de "carrera", técnicamente adiestrado en el trabajo burocrático (civil y militar), tiene una importancia primordial en la ciencia política y en la historia de las formas estatales. ¿Se trató de una necesidad o de una degeneración, con respecto al autogobierno (self-government), como pretenden los liberalistas "puros"? Es cierto que toda forma social y estatal tuvo sus problemas de funcionarios, un modo propio de plantearlo y resolverlo, un sistema de selección, un tipo de funcionario a educar. Reconstruir el desarrollo de todos estos elementos es de una importancia capital. El problema de los funcionarios coincide en parte con el problema de los intelectuales. Pero si es verdad que toda forma social y estatal nueva tuvo necesidad de un nuevo tipo de funcionario, es verdad, también, que los nuevos grupos dirigentes jamás pudieron prescindir, al menos por un cierto tiempo, de la tradición y de los intereses constituidos, es decir, de las formaciones de funcionarios ya existentes y constituidos antes de su advenimiento (esto sobre todo en la esfera eclesiástica y militar). La unidad del trabajo manual e intelectual y un ligamen mas estrecho entre el poder legislativo y el ejecutivo (por el cual los funcionarios electos se interesan no sólo por el control sino también por la ejecución de los asuntos de Estado), pueden ser motivos que inspiren tanto una nueva dirección en la solución del problema de los intelectuales como de los funcionarios.

2) A la cuestión de la burocracia y de su organización "óptima" está vinculada la discusión sobre el llamado "centralismo orgánico" y el "centralismo democrático" (el cual, por otro lado, no tiene nada que ver con la democracia abstracta, puesto que la Revolución francesa y la tercera república, por ejemplo, desarrollaron formas de centralismo orgánico que no hablan conocido ni la monarquía absoluta ni Napoleón I). Será preciso investigar y examinar las reales relaciones económicas y políticas, que encuentran su forma organizativa, su articulación y su funcionalidad en las diversas manifestaciones de centralismo orgánico y democrático en todos los campos: en la vida estatal (unitarismo, federalismo, unión de Estados federados, federación de Estados o Estado federal, etc.); en la vida interestatal (alianzas, diversas formas de "constelación" política internacional); en la vida de las asociaciones políticas y culturales (masonería, Rotary Club, Iglesia católica); sindicales, económicas (cárteles, truts); en un mismo país, en diversos países, etc.

Polémicas surgidas en el pasado (antes de 1914) a propósito del dominio alemán en la vida, de la alta cultura y de algunas fuerzas políticas internacionales: ¿era real este predominio o en qué consistía efectivamente? Se puede decir: a) que ningún nexo orgánico y disciplinario establecía una supremacía tal y que por lo tanto era un mero fenómeno de influencia cultural y de prestigio muy hábil y abstracto; b) que tal influencia cultural no tocaba para nada a la actividad efectiva, la cual era por el contrario disgregada, localista, sin dirección de conjunto. No se puede hablar por ello de ningún centralismo orgánico, democrático o de cualquier otro tipo. La influencia era sentida y sufrida por escasos grupos intelectuales sin vinculación con las masas populares y justamente esta ausencia de vínculos caracterizaba la situación. Sin embargo tal estado de cosas es digno de examen porque contribuye a explicar el proceso que condujo a formular las teorías del centralismo orgánico, que fueron precisamente una crítica unilateral, una crítica de intelectuales, a ese desorden y a esa dispersión de fuerzas.

Sin embargo, es preciso distinguir entre aquellas teorías del centralismo orgánico que ocultan un programa preciso de predominio real de una parte sobre el todo (aún cuando dicha parte esté constituida por una capa como la de los intelectuales o por un grupo territorial "privilegiado") y aquéllas que son una simple posición unilateral de sectarios y fanáticos y que aun pudiendo ocultar un programa de predominio (generalmente de una personalidad, como la del Papa, infalible, respecto del cual el catolicismo se ha transformado en una especie de culto del pontífice), no parecen esconder en lo inmediato un programa tal como hecho político consciente. El nombre más exacto sería el de centralismo burocrático. El carácter "orgánico" sólo puede pertenecer al centralismo democrático, que es un "centralismo" en movimiento, vale decir, una continua adecuación de la organización al movimiento real, una capacidad de equilibrar el impulso de la base con las directivas de la superioridad, una inserción continua de los elementos que surgen de lo profundo de la masa en el sólido cuadro del aparato de dirección, el cual asegura la continuidad y la acumulación regular de las experiencias. Tal centralismo es "orgánico" porque tiene en cuenta el movimiento, que es la forma orgánica en que se revela la realidad histórica, y no se esteriliza mecánicamente en la burocracia; al mismo tiempo tiene en cuenta aquello que es relativamente estable y permanente o que por lo menos se mueve en una dirección fácil de proveer. En el Estado, este elemento de estabilidad se encarna en el desarrollo orgánico del núcleo central del grupo dirigente, de una manera análoga a lo ocurrido en pequeña escala en la vida de los partidos. La preponderancia del centralismo burocrático en el Estado indica que el grupo dirigente está saturado, que se ha transformado en una camarilla estrecha que tiende a perpetuar sus mezquinos privilegios regulando o también sofocando el nacimiento de las fuerzas opositoras, aunque estas fuerzas sean análogas a los intereses dominantes fundamentales (por ej. en los sistemas proteccionistas a ultranza en lucha con el liberalismo económico). En los partidos que representan a grupos socialmente subalternos, el elemento de estabilidad es necesario para asegurar la hegemonía no de los grupos privilegiados sino de los elementos progresistas, orgánicamente progresivos en relación a las otras fuerzas afines o aliadas, pero compuestas y oscilantes.

En todo caso es preciso poner de relieve que las manifestaciones morbosas de centralismo burocrático han ocurrido por la deficiencia de iniciativa y de responsabilidad existente en la base, vale decir, por el primitivismo político de las fuerzas periféricas, aun cuando éstas fueran homogéneas con el grupo territorial hegemónico (fenómeno del "piamontismo" * en los primeros decenios de la unidad italiana). El que tales situaciones se produzcan puede ser extremadamente dañoso y peligroso en los organismos tradicionales (Sociedad de las Naciones).

*Trasposición, luego de la unificación, de los métodos de gobierno (sistema de impuestos, sistema jurídico y económico) propios del reino del Piamonte, a las otras regiones de Italia (N. del T.)

El centralismo democrático ofrece una fórmula elástica, que se presta a muchas encarnaciones; dicha fórmula vive en cuanto es interpretada y adaptada continuamente a las necesidades. Consiste en la búsqueda crítica de lo que es igual en la aparente disformidad, y en cambio distinto y aún opuesto en la aparente uniformidad, para organizarlo y conectarlo estrechamente a aquello que es similar, aunque de una manera tal que esta organización y esta conexión aparezcan como una necesidad práctica, "inductiva", experimental y no como resultado de un proceso racionalista, deductivo, abstracto, es decir, propio de los intelectuales puros (o puros asnos). Este lento y continuo trabajo por separar el elemento "internacional" y "unitario" en la realidad nacional y localista es, en esencia, la acción política concreta, la única actividad creadora de progreso histórico. Exige una unidad orgánica entre teoría y práctica, entre capas intelectuales y masas populares, entre gobernantes y gobernados. Desde este punto de vista las fórmulas de unidad y federación pierden gran parte de su significado, mientras continúan siendo perniciosas en la concepción burocrática, partiendo de la cual no llegaremos a la unidad sino a un pantano estancado, superficialmente calmo y "mudo", ni tampoco a una federación sino a una "bolsa de papas", vale decir, a una yuxtaposición mecánica de "unidades" particulares sin nexos entre sí.

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