Lucha política y guerra militar.

En la guerra militar, logrado el fin estratégico, destrucción del ejército enemigo y ocupación de su territorio, se da la paz. Es preciso señalar, por otro lado, que para que concluya la guerra basta con que el fin estratégico sea alcanzado sólo potencialmente; o sea, basta con que no exista duda de que un ejército no puede combatir más y que el ejército victorioso "puede" ocupar el territorio enemigo. La lucha política es enormemente más compleja. En cierto sentido puede ser parangonada con las guerras coloniales o con las viejas guerras de conquista, cuando el ejército victorioso ocupa o se propone ocupar en forma estable todo o una parte del territorio conquistado. Entonces, el ejército vencido es desarmado y dispersado, pero la lucha continúa en el terreno político y en el de la "preparación" militar.

Así, la lucha política de la India contra los ingleses (y en cierta medida de Alemania contra Francia o de Hungría contra la Pequeña Entente [Checosl.-Yugosl.-Rumania, contra austrohúngaros, 1920-21] ) conoce tres formas de guerras: de movimiento, de posición y subterránea. La resistencia pasiva de Gandhi es una guerra de posición, que en algunos momentos se convierte en guerra de movimiento y en otros en guerra subterránea: el boicot es guerra de posición, las huelgas son guerra de movimiento, la preparación clandestina de armas y de elementos combativos de asalto es guerra subterránea. Hay una forma de "arditismo"*, pero es empleada con mucho ponderación. Si los ingleses tuviesen la convicción de que se prepara un gran movimiento insurreccional destinado a destruir su actual superioridad estratégica (que consiste, en cierto sentido, en su posibilidad de maniobrar a través de líneas interiores y de concentrar sus fuerzas en el punto "esporádicamente" más peligroso) con el ahogamiento de masa (es decir, constriñéndolos a diluir sus fuerzas en un teatro bélico generalizado en forma simultánea) les convendría provocar la salida prematura de las fuerzas combatientes indias para identificarlas y decapitar el movimiento general. Así, a Francia le convendría que la Derecha nacionalista alemana fuese envuelta en un golpe de Estado aventurado que impulsara a la presunta organización militar ilegal a manifestarse prematuramente, permitiendo una intervención afortunada desde el punto de vista francés. He aquí por qué en estas formas mixtas de lucha, cuyo carácter militar es fundamental y el carácter político preponderante (toda lucha política tiene siempre un sustrato militar), el empleo de los "arditi" demanda un desarrollo táctico original, para cuya concepción la experiencia de guerra sólo puede dar un estímulo y no un modelo.

* Durante la guerra mundial ( 1915 -1918) se denominó "arditi" a los grupos de elite especializados en las acciones rápidas y peligrosas, separados de la tropa por insignias diferentes y un régimen particular. (N. del T.).

La cuestión de los comitadjis * balcánicos merece un tratamiento aparte, ya que están ligados a condiciones particulares del ambiente físico-geográfico regional, a la formación de las clases rurales e igualmente a la eficiencia real de los gobiernos. Lo mismo para el caso de las bandas irlandesas, cuya forma de guerra y de organización estaba ligada a la estructura social de ese país. Los comitadjis, los irlandeses y las otras formas de guerra de guerrillas deben ser separadas de la cuestión del arditismo, si bien parecen tener puntos de contacto con ella. Estas formas de lucha son propias de minorías débiles pero exasperadas, contra mayorías bien organizadas, mientras que el arditismo moderno presupone una gran reserva, inmovilizada por diversas razones pero potencialmente eficiente, que lo sostiene y lo alimenta con aportes individuales.

* Se llamaban así las bandas de combatientes regulares que operaban en la península balcánica y preparaban la lucha contra los turcos (N. del T.)

La relación existente en 1917-18 entre las formaciones de "arditi" y el ejército en su conjunto puede conducir y condujo ya a los dirigentes políticos a erróneas formulaciones en sus planes de lucha. Se olvida: 1) que los "arditi" son simples formaciones tácticas que presuponen un ejército poco eficiente, mas no inerte por completo, puesto que si la disciplina y el espíritu militar se relajaron hasta aconsejar una nueva disposición táctica, a pesar de todo existen en cierta medida, y, en correspondencia con ella, se da justamente la nueva formación táctica; de otra manera se produciría inevitablemente la derrota y la fuga; 2) que es preciso no considerar al "arditismo" como un signo de la combatividad general de la masa militar, sino por el contrario, cono un signo de su pasividad y de su relativa desmoralización. Esto sea dicho manteniendo implícito el criterio general de que los parangones entre el arte militar y la política deben ser establecidos siempre cum grano salis, es decir sólo como estímulos para el pensamiento y como términos de simplificación ad absurdum. En efecto, en la militancia política falta la sanción penal implacable para quien yerra o no obedece exactamente, falta la ley marcial, sin contar con el hecho de que la disposición de las fuerzas políticas no es ni de lejos comparable al encuadramiento militar.

En la lucha política, además de la guerra de movimiento y de la guerra de asedio o de posición, existen otras formas. El verdadero "arditismo", o sea el "arditismo" moderno, es propio de la guerra de posición, tal como se reveló en 1914-18. La guerra de movimiento y la de asedio de los períodos precedentes tenían también, en cierto sentido, sus "arditi". La caballería ligera y pesada, los bersaglieri, etc., las tropas veloces en general cumplían en parte una función de "arditi"; así, por ejemplo, en el arte de organizar las patrullas estaba contenido el germen del arditismo moderno. En la guerra de asedio dicho germen existía más que en la guerra de movimiento: servicio de patrullas más extendido y, sobre todo, el arte de organizar salidas y asaltos imprevistos por medio de elementos escogidos.

Otro elemento digno de tenerse presente es el siguiente: en la lucha política es preciso no imitar los métodos de lucha de las clases dominantes, para no caer en fáciles emboscadas. En las luchas actuales este fenómeno se verifica con mucha frecuencia. Una organización estatal debilitada es como un ejército que ha perdido todo su vigor; entran en el campo los "arditi", o sea, las organizaciones armadas privadas que tienen dos objetivos: hacer uso de la ilegalidad, mientras el Estado parece permanecer en la legalidad, como medio de reorganizar al mismo Estado. Creer que a la actividad privada ilegal se puede contraponer otra actividad similar, es decir, combatir el arditismo con el arditismo es algo estúpido; significa creer que el Estado permanecerá siempre inerte, lo cual no ocurre jamás, al margen de las otras condiciones diferentes. El carácter de clase lleva a una diferencia fundamental: una clase que debe trabajar todos los días con horario fijo no puede tener organizaciones de asalto permanentes y especializadas como una clase que tiene amplias disponibilidades financieras y no está ligada, con todos sus miembros, a un horario fijo. A cualquier hora del día y de la noche, estas organizaciones convertidas en profesionales, pueden descargar golpes decisivos y utilizar la sorpresa. La táctica de los "arditi" no puede tener por lo tanto la misma importancia para una clase que para otra. Para ciertas clases es necesaria, porque le es propia, la guerra de movimiento y de maniobra que, en el caso de la lucha política, puede combinar con un útil y hasta indispensable uso de la táctica de los "arditi". Pero fijarse en un modelo militar es una tontería: la política debe ser, también aquí, superior a la parte militar. Sólo la política crea la posibilidad de la maniobra y del movimiento.

De todo lo dicho se advierte que en el fenómeno del arditismo militar es preciso distinguir entre función técnica de arma especial ligada a la moderna guerra de posición y función político-militar: como función de arma especial el arditismo existió en todos los ejércitos que participaron en la guerra mundial; como función político-militar existió en los países que tenían como expresión un ejército nacional poco combativo y un Estado Mayor burocratizado y fosilizado en la carrera.

A propósito de la comparación entre los conceptos de guerra de maniobra y guerra de posición en el arte militar y los conceptos correspondientes en el arte político, debe recordarse el folleto de Rosa [19], traducido del francés al italiano en 1919 por C. Alessandri.

19 Rosa Luxemburgo, Lo sciopero generale - Il partito e i sindicati, Societá Editrice "Avanti!", Milán 1919. (N. de la R.)

En el folleto se teorizan un poco apresuradamente y en forma superficial las experiencias históricas de 1905. En efecto, Rosa descuidó los elementos "voluntarios" y organizativos que en aquellos acontecimientos eran mucho más eficientes y numerosos de lo que ella creía, víctima de un cierto prejuicio "economista" y espontaneista. Sin embargo este folleto (y otros escritos de la misma autora) es uno de los documentos más significativos de la teorización de la guerra de maniobra aplicada al arte político. El elemento económico inmediato (crisis, etc.) es considerado como la artillería de campaña que, en la guerra, abre una brecha en la defensa enemiga, brecha suficiente como para que las tropas propias irrumpan y obtengan un éxito definitivo (estratégico) o al menos importante en la dirección de la línea estratégica. Naturalmente, en la ciencia histórica, la eficacia del elemento económico inmediato es considerada como mucho más complejo que el de la artillería pesada en la guerra de maniobra, ya que este elemento era concebido como causante de un triple efecto:

1) de abrir una brecha en la defensa enemiga, luego de haber llevado la confusión a los cuadros adversarios, abatida su confianza en sí mismos, en sus fuerzas y en su porvenir:

2) de organizar con una rapidez fulminante las propias tropas, de crear sus cuadros, o al menos de ubicar con una celeridad fulminante los cuadros existentes (elaborados hasta entonces por el proceso histórico general) en su puesto de encuadre de las tropas diseminadas;

3) de crear en forma instantánea la concentración ideológica de la identidad de los fines a alcanzar. Era una forma de férreo determinismo economista, con el agravante de que los efectos eran concebidos inmediatos en el tiempo y en el espacio; se trataba por ello de un verdadero misticismo histórico, de la espera de una especie de destello milagroso.

La observación del general Krasnov (en su novela) [20] de que la Entente (que no quería una victoria de la Rusia imperial para que no fuese resuelta definitivamente a favor del zarismo la cuestión oriental) impuso al Estado Mayor ruso la guerra de trinchera (absurda dado el enorme desarrollo del frente del Báltico al mar Negro, con grandes zonas palúdicas y boscosas) mientras que la única posible era la guerra de maniobra, es una tontería. El ejército ruso en realidad intentó la guerra de maniobra y de profundización, especialmente en el sector austriaco (pero también en la Prusia Oriental) y obtuvo éxitos brillantísimos, aún cuando fueron efímeros. La verdad es que no se puede escoger la forma de guerra que se desea, a menos de tener súbitamente una superioridad abrumadora sobre el enemigo, y sabido es cuantas pérdidas costó la obstinación de los Estados Mayores en no querer reconocer que la guerra de posición era "impuesta" por las relaciones generales de las fuerzas que se enfrentaban. La guerra de posición, en efecto, no está constituida sólo por las trincheras propiamente dichas, sino por todo el sistema organizativo e industrial del territorio que está ubicado a espaldas del ejército: y ella es impuesta sobre todo por el tiro rápido de los cañones, por las ametralladoras, los fusiles, la concentración de las armas en un determinado punto y además por la abundancia del reavituallamiento que permite sustituir en forma rápida el material perdido luego de un avance o de un retroceso. Otro elemento es la gran masa de hombres que constituyen las fuerzas desplegadas, de valor muy desigual y que justamente sólo pueden operar como masa. Se ve cómo en el frente oriental una cosa era irrumpir en el sector alemán y otra diferente en el sector austriaco y cómo también en el sector austriaco, reforzado por tropas escogidas alemanas y comandadas por alemanes, el ataque de choque como táctica termina en un desastre. Algo análogo se observa en la guerra polaca de 1920, cuando el avance que parecía irresistible fue detenido delante de Varsovia por el general Weygand en la línea comandada por los oficiales franceses. Los mismos técnicos militares que ahora se atienen fijamente a la guerra de posición como antes se atenían a la guerra de maniobra, no sostienen por cierto que el tipo precedente debe ser suprimido de la ciencia; sino que en las guerras entre los Estados más avanzados industrial y civilmente, se debe considerar a ese tipo como reducido a una función táctica más que estratégica, se lo debe considerar en la misma posición en que se encontraba, en una época anterior, la guerra de asedio con relación a la de maniobra.

20 Pedro Krasnov, Dall'aquila imperiale alla bandiera rossa, Florencia, Salani, 1928. (N. de la R.)

La misma reducción debe ser realizada en el arte y la ciencia política, al menos en lo que respecta a los Estados más avanzados, donde la "sociedad civil" se ha convertido en una estructura muy compleja y resistente a las "irrupciones" catastróficas del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc.): las superestructuras de la sociedad civil son como el sistema de las trincheras en la guerra moderna. Así como en ésta ocurría que un encarnizado ataque de la artillería parecía haber destruido todo el sistema defensivo adversario, mas sólo había destruido la superficie externa y en el momento del ataque y del avance los asaltantes se encontraban frente a una línea defensiva todavía eficiente, así también ocurre lo mismo en la política, durante las grandes crisis económicas. Ni las tropas asaltantes, por efectos de las crisis, se organizan en forma fulminante en el tiempo y el espacio, ni mucho menos adquieren un espíritu agresivo; recíprocamente, los asaltados no se desmoralizan ni abandonan la defensa, aún entre los escombros, ni pierden la confianza en las propias fuerzas ni en su porvenir. Las cosas, por cierto, no permanecen tal cual eran, pero es verdad que llegan a faltar los elementos de rapidez, de ritmo acelerado, de marcha progresista definitiva que esperaban encontrar los estrategas del cadornismo* político.

*Gral. Luigi Cadorna derrotado en 1917 por el avance germano-austríaco, la retirada hacia el río Piave ocasionó 320.000 bajas.

El último hecho de este tipo en la historia de la política se encuentra en los acontecimientos de 1917. Ellos señalaron un cambio decisivo en la historia del arte y de la ciencia de la política. Se trata por consiguiente de estudiar con "profundidad" cuáles son los elementos de la sociedad civil que corresponden a los sistemas de defensa en la guerra de posición. Se dice con "profundidad" intencionadamente, ya que ellos fueron estudiados pero desde puntos de vista superficiales y banales, tal como ciertos historiadores de costumbres estudian las rarezas de la moda femenina desde un punto de vista "racionalista", es decir, persuadidos de que a ciertos fenómenos se los destruye tan sólo con explicarlos en forma "realista", como si fuesen supersticiones populares (que por otro lado tampoco se destruyen con el hecho de explicarlas).

[Los párrafos siguientes del cuaderno 13 no figuran en Escritos Políticos, ni en las Obras Escogidas de Ed. Lautaro (Antología, de Manuel Sacristán omitió todo el tema), a diferencia de la Edición Crítica de Valentino Gerratana; fueron aportados por Juan Carlos Altuve de Cañada de Gómez, quien confrontó esta página con esa versión, leída por el profesor de filosofía política Néstor Kohan durante el seminario Materialismo histórico y filosofía de la praxis, realizado en la Escuela de Filosofía, de la Facultad de humanidades y Artes de Rosario]

A este conjunto de problemas, debe vincularse la cuestión del escaso éxito obtenido por nuevas corrientes en el movimiento sindical.

Un intento de iniciar una revisión de los métodos tácticos, habría debido ser el expuesto por León Davidovich Bronstein [Trotsky] en la cuarta reunión [4to congreso de la Internacional Comunista --III Internacional--] cuando hizo una comparación entre el frente Oriental y el Occidental. Aquél cayó de inmediato pero fue seguido por luchas inauditas [el frente oriental], en éste [frente occidental] las luchas ocurrieron antes de la caída; o sea que se trataría sobre si ¿la ‘Sociedad Civil’ resiste antes o después del asalto?, ¿dónde sucede esto?, etc.

La cuestión, sin embargo, fue expuesta sólo en forma literaria brillante, pero sin indicaciones de carácter práctico.

[Nota del curador, Valentin Gerratana: Gramsci recuerda aquí el discurso pronunciado por Trotsky el 14 de noviembre de 1922 en el cuarto congreso de la Internacional Comunista. Véase el siguiente pasaje reproducido en el suplemento Nº 35 de la Correspondencia Internacional (Revista de aquella época el 21/12/1922), que dice así:

“¿Porqué la guerra civil sólo empezó entre nosotros (Rusia) con todo su ardor después del 7 de noviembre (Insurrección de Octubre y toma del Palacio de Invierno en Petrogrado)?; ¿porqué después tuvimos que seguir, durante casi cinco años sin interrupción, la guerra civil al Norte, al Sur, al Oeste y al Este?. Es la consecuencia de que hayamos conquistado el poder demasiado fácilmente...”]

[Nota de Kohan: Una hipótesis que aparece en Gramsci relativo a que en el Oriente fue fácil porque --como dijimos antes en esta clase-- no había toda esta serie de casamatas y de trincheras, y por eso --Gramsci-- toma la  analogía de Nicolás Maquiavelo quien, también en El Príncipe, distingue el Oriente de Occidente; el Oriente era Turquía, donde el Estado era todo, era fácil tomar el poder, pero después era difícil mantenerse y el Occidente era Francia, dónde era muy difícil tomar el poder, pero una vez que lo tomabas te quedabas.] [Allí --en Oriente (Rusia)-- era fácil, dice Trotsky antes que Gramsci].

[continúa Trotzky] “...A menudo se ha dicho que derribamos a nuestras clases propietarias. Es verdad en cierto sentido. Políticamente el país acababa apenas de salir de la barbarie zarista. Los campesinos no tenían casi ninguna experiencia política, los pequeños propietarios del campo tenían bien poca, la burguesía media tenía algo más gracias a las Dumas (el parlamento),etc. Los aristócratas tenían cierta organización bajo la forma de los zemstvos [asambleas de distritos] [ver nota 21, página 534, Lenin, Obras Escogidas, Tomo II, Edit. Cartago [JCA], etc.]

Por lo tanto, las grandes reservas de la contrarrevolución: los campesinos ricos en ciertos períodos y los campesinos medios, la burguesía mediana, los intelectuales y toda la pequeña burguesía, todas esas reservas estaban por así decirlo, todavía intactas, casi inutilizadas; y sólo cuando la burguesía empezó a comprender lo que perdía al perder el poder, buscó por todos los medios, cediendo naturalmente el primer lugar a la aristocracia, a los funcionarios aristócratas, etc., poner en movimiento las reservas potenciales de la contrarrevolución.

Así esa guerra civil prolongada (de Rusia) fue la revancha de la historia por la facilidad con que habíamos obtenido el poder. ¡Pero bien está lo que bien acaba!; en el curso de esos cinco años hemos mantenido nuestro poder.

Para los partidos occidentales por el contrario, y en general para el movimiento obrero de todo el mundo, se puede afirmar ahora con certidumbre que, en vuestro caso, la tarea será mucho más difícil antes de la conquista del poder, y mucho más fácil después (por ej. para Alemania e Italia)”.] [Trotsky].

[Nota de Néstor Kohan: esto también está en Lenin. Se puede leer en “El Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”(1920), un año antes del discurso de Trotsky].

Es necesario ver si la famosa teoría de Bronstein sobre la permanencia [21] del movimiento no es el reflejo político de la teoría de la guerra de maniobra (recordar la observación del general de cosacos Krasnov), en última instancia, el reflejo de las condiciones generales económico-cultural-sociales de un país en donde los cuadros de la vida nacional son embrionarios y desligados y no pueden transformarse en "trinchera o fortaleza". En este caso se podría decir que Bronstein, que aparece como un "occidentalista", era en cambio un cosmopolita, es decir superficialmente nacional y superficialmente occidentalista o europeo. Ilitch [22], en cambio, era profundamente nacional y profundamente europeo.

21 La teoría de Trotzky de la (revolución permanente". (N. de la R.).

22 Lenin. (N. de la R.).

Bronstein en sus memorias recuerda que se le dijo que su teoría se había demostrado buena luego de ... quince años y responde al epigrama con otro epigrama. En realidad, su teoría como tal no era buena ni quince años antes ni quince años después; como ocurre con los obstinados, de los cuales habla Guicciardini, él adivinó "grosso modo", es decir, tuvo razón en la previsión práctica más general Es como afirmar que una niña de cuatro años se convertirá en madre y al ocurrir esto a los veinte años decir: "lo había adivinado", no recordando sin embargo que cuando tenía cuatro años se la deseaba estuprar, convencido de que se convertiría en madre. Me parece que Ilitch había comprendido que era necesario un cambio de la guerra maniobrada, aplicada victoriosamente en Oriente en 1917 [23], a la guerra de posición que era la única posible en Occidente donde, como observa Krasnov, en breve lapso los ejércitos podían acumular interminables cantidades de municiones, donde los cuadros sociales eran de por sí capaces de transformarse en trincheras muy provistas. Y me parece que éste es el significado de la fórmula del "frente único", que corresponde a la concepción de un sólo frente de la Entente bajo el comando único de Foch.

23 En Rusia. (N. de la R.)

Sólo que Ilitch no tuvo tiempo de profundizar su fórmula, aún teniendo en cuenta el hecho que podía ser profundizada sólo teóricamente, mientras que la tarea fundamental era nacional, es decir, exigía un reconocimiento del terreno y una fijación de los elementos de trinchera y de fortaleza representados por los elementos de la sociedad civil, etc. En Oriente el Estado era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil existía una justa relación y bajo el temblor del Estado se evidenciaba una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado sólo era una trinchera avanzada, detrás de la cual existía una robusta cadena de fortalezas y casamatas; en mayor o menor medida de un Estado a otro, se entiende, pero esto precisamente exigía un reconocimiento de carácter nacional.

La teoría de Bronstein puede ser comparada a la de ciertos sindicalistas franceses sobre la huelga general y a la teoría de Rosa expuesta en el folleto traducido por Alessandri: el folleto de Rosa y sus teorías, por otro lado, influenciaron a los sindicalistas franceses como se evidencia en ciertos artículos de Rosmer sobre Alemania en la "Vie Ouvrière" (primera serie en pequeños fascículos). Ella depende igualmente de la teoría de la espontaneidad.

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