El cesarismo.

César, Napoleón I, Napoleón III, Cromwell, etc. Compilar un catálogo de los acontecimientos históricos que culminaron en una gran personalidad "heroica".

Se puede decir que el cesarismo expresa una situación en la cual las fuerzas en lucha se equilibran de una manera catastrófica, o sea de una manera tal que la continuación de la lucha no puede menos que concluir con la destrucción recíproca. Cuando la fuerza progresiva A lucha con la fuerza regresiva B, no sólo puede ocurrir que A venza a B o viceversa, puede ocurrir también que no venzan ninguna de las dos, que se debiliten recíprocamente y que una tercera fuerza C intervenga desde el exterior dominando a lo que resta de A y de B. En Italia, luego de la muerte de Lorenzo el Magnífico *, ha ocurrido precisamente esto.

* A la muerte de Lorenzo el Magnífico (1492) sucede en Italia la ruptura del equilibrio existente entre los diversos Estados y se abre un período de decadencia total y de desmembramiento de la Península. (N. del T.).

Pero si bien el cesarismo expresa siempre la solución "arbitraria", confiada a una gran personalidad, de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas de perspectiva catastrófica, no siempre tiene el mismo significado histórico. Puede existir un cesarismo progresista y uno regresivo; y el significado exacto de cada forma de cesarismo puede ser reconstruido en última instancia por medio de la historia concreta y no a través de un esquema sociológico. El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria, es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, también en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, los cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferente que en el caso anterior. César y Napoleón I son ejemplos de cesarismo progresivo. Napoleón III y Bismark de cesarismo regresivo.

Se trata de ver si en la dialéctica revolución-restauración es el elemento revolución o el elemento restauración el que prevalece, ya que es cierto que en el movimiento histórico jamás se vuelve atrás y no existen restauraciones in toto. Por otro lado el cesarismo es una fórmula polémico-ideológica y no un canon de interpretación histórica. Se pueden dar soluciones cesaristas aún sin un César, sin una gran personalidad "heroica" y representativa. El sistema parlamentario dio también un mecanismo para tales soluciones de compromiso. Los gobiernos "laboristas" de Mac-Donald eran hasta cierto punto soluciones de este tipo; el grado de cesarismo se intensificó cuando se formó el gobierno con Mac-Donald como presidente y la mayoría conservadora. Así en Italia, en octubre de 1922, hasta la separación de los "populares"* y luego gradualmente hasta el 3 de junio de 1923, y aún hasta el 8 de noviembre de 1926, se dio un movimiento político-histórico en el cual se sucedieron diversas formas de cesarismo hasta una forma más pura y permanente, aunque no inmóvil y estática. Todo gobierno de coalición es un grado inicial de cesarismo, que puede o no desarrollarse hasta los grados más significativos (naturalmente la opinión generalizada es, en cambio, la de que los gobiernos de coalición son el más "sólido baluarte" contra el cesarismo). En el mundo moderno, con sus grandes coaliciones de carácter económico-sindical y político de partido, el mecanismo del fenómeno cesarista es muy diferente del que existió en la época de Napoleón III. En el período hasta Napoleón III las fuerzas militares regulares o de línea constituirían un elemento decisivo para el advenimiento del cesarismo, que se verificaba a través de golpes de Estado bien precisos, con acciones militares, etc.

* Después de la marcha sobre Roma y del triunfo de Mussolini, los "populares" (antecesores directos del actual partido clerical italiano Demócrata-cristiano) sumaron sus votos a los fascistas en las elecciones del 17 de noviembre de 1922, participando luego en el gobierno. Luego de algunas discrepancias entre el dirigente Don Sturzo y las altas jerarquía de la Iglesia, el partido decide presentarse en forma separada en las elecciones del 26 de enero de 1924, rechazando posteriormente su incorporación a un frente único de oposición al fascismo. El 3 de enero de 1925, el gobierno de Mussolini suprime la libertad de prensa y el 9 de noviembre de 1926, la Cámara de Diputados declara disueltos a los partidos de la oposición y expulsa de dicha Cámara a sus representantes. (N. del T.).

En el mundo moderno, las fuerzas sindicales y políticas, con medios financieros incalculables puestos a disposición de pequeños grupos de ciudadanos, complican el problema. Los funcionarios de los partidos y de los sindicatos económicos pueden ser corrompidos o aterrorizados, sin necesidad de acciones militares en vasta escala, tipo César o 18 Brumario. Se reproduce en este campo la misma situación examinada a propósito de la fórmula jacobino-cuarentiochesca de la llamada "revolución permanente". La técnica política moderna ha cambiado por completo luego de 1848, luego de la expansión del parlamentarismo, del régimen de asociación sindical o de partido de la formación de vastas burocracias estatales y "privadas" (político-privadas, de partido y sindicales) y las transformaciones producidas en la organización de la policía en sentido amplio, o sea, no sólo del servicio estatal destinado a la represión de la delincuencia, sino también del conjunto de las fuerzan organizadas del Estado y de los particulares para tutelar el dominio político y económico de las clases dirigentes. En este sentido, partidos "políticos" enteros y otras organizaciones económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política, de carácter preventivo y de investigación. El esquema genérico de las fuerzas A y B en lucha con una perspectiva catastrófica, es decir, con la perspectiva de que no venzan ninguna de las dos en la lucha por constituir (o reconstituir) un equilibrio orgánico del cual nace (puede nacer) el cesarismo, es precisamente una hipótesis genérica, un esquema sociológico (cómodo para el arte político). Esta hipótesis pudo tornarse cada vez más concreta, elevarse a un grado mayor de aproximación a la realidad histórica concreta si se precisan algunos elementos fundamentales.

Así, hablando de A y de B se dijo solamente que se trataba de dos fuerzas, progresista una y regresiva la otra, pero en un sentido general. Se puede precisar de qué tipo de fuerzas progresistas o regresivas se trata y obtener así una mayor aproximación. En el caso de César o de Napoleón I, puede decirse que aún siendo A y B distintas y contradictorias, no eran sin embargo tales como para que no pudiesen en "absoluto" llegar a una fusión y una asimilación recíproca luego de un proceso molecular; lo cual en efecto ocurre, al menos en cierta medida (suficiente no obstante para los fines histórico-políticos de la cesación de la lucha orgánica fundamental y por ende de la superación de la fase catastrófica). Este es un elemento de mayor aproximación. Otro elemento es el siguiente: la fase catastrófica puede emerger por una deficiencia política "momentánea" de la fuerza dominante tradicional, y no ya por una deficiencia orgánica necesariamente insuperable. Hecho que se verificó en el caso de Napoleón III. La fuerza dominante en Francia desde 1815 a 1848 se había escindido políticamente (facciosamente) en cuatro fracciones: legitimista, orleanista, bonapartista y jacobino-republicana. Las luchas internas de facción eran tales como para tornar posible el avance de la fuerza antagónica B (progresista) en forma "precoz"; sin embargo, la forma social existente no había agotado aún sus posibilidades de desarrollo, como lo demostraron abundantemente los acontecimientos posteriores. Napoleón III representó (a su modo, según su estatura, que no era grande) estas posibilidades latentes e inmanentes; su cesarismo tuvo por consiguiente un colorido particular. El cesarismo de César y Napoleón I ha sido, por así decir, de carácter cuantitativo-cualitativo, o sea representó la fase histórica del paso de un tipo de Estado a otro tipo, un pasaje en el cual las innovaciones fueron tantas y de características tales como para representar una verdadera revolución. El cesarismo de Napoleón III fue única y limitadamente cuantitativo, no hubo un pasaje de un tipo de Estado a otro tipo de Estado, sino sólo una "evolución" de mismo tipo, según una línea ininterrumpida.

En el mundo moderno los fenómenos de cesarismo son totalmente diferentes, tanto de los de tipo progresista César-Napoleón I, como también de aquellos del tipo Napoleón III, si bien se aproximan a estos últimos. En el mundo moderno el equilibrio de perspectivas catastróficas no se verifica entre fuerzas que en última instancia pudiesen fundirse y unificarse, aunque fuera luego de un proceso fatigoso y sangriento, sino entre fuerzas cuyo contraste es incurable desde un punto de vista histórico, y que se profundiza especialmente con el advenimiento de formas cesaristas. Sin embargo el cesarismo tiene también en el mundo moderno un cierto margen, más o menos grande, según los países y la fuerza que ellos tengan en la estructura mundial, ya que una forma social "siempre" tiene posibilidades marginales de desarrollo ulterior y de sistematización organizativa y especialmente puede basarse en la relativa debilidad de la fuerza progresista antagónica, por la naturaleza y el modo peculiar de vida de la misma, debilidad que es necesario mantener: por ello se ha dicho que el cesarismo moderno más que militar, es policial.

Sería un error de método (un aspecto del mecanicismo sociológico) considerar que en los fenómenos de cesarismo, tanto progresista como regresivo o de carácter intermedio episódico, todo el nuevo fenómeno histórico sea debido al equilibrio de las fuerzas "fundamentales": es necesario ver también las relaciones existentes entre los grupos principales (de distintos géneros; social-económico y técnico-económico) de las clases fundamentales y las fuerzas auxiliares guiadas o sometidas a la influencia hegemónica. Así, no se comprendería el golpe de Estado del 2 de diciembre sin estudiar la función de los grupos militares y de los campesinos franceses.

Un episodio histórico muy importante desde este pinto de vista, es en Francia, el affaire Dreyfus; él también entra en esta serie de observaciones, no porque haya conducido al "cesarismo" sino justamente por lo contrario: porque impidió el advenimiento de un cesarismo que se estaba preparando y que tenía un carácter completamente reaccionario. Sin embargo, el movimiento Dreyfus es característico porque son los elementos del bloque social dominante quienes desbastan el cesarismo de la parte más reaccionaria del mismo bloque, apoyándose no en los campesinos, en el campo, sino en los elementos subordinados de la ciudad guiados por el reformismo socialista (pero apoyándose también en la parte más avanzada del campesinado). Del tipo Dreyfus encontramos otros movimientos histórico-políticos modernos, que no son por cierto revoluciones, pero que tampoco son por completo reaccionarios, al menos en el sentido de que destruyen en el campo dominante las cristalizaciones estatales sofocantes e imponen en la vida del Estado y en las actividades sociales un personal diferente y más numeroso que el precedente. Estos movimientos pueden tener también un contenido relativamente "progresista" en cuanto indican que en la vieja sociedad existían en forma latente fuerzas activas que no habían sido explotadas por los viejos dirigentes; "fuerzas marginales", quizás, pero no absolutamente progresivas en cuanto no pueden "hacer época". Lo que las torna históricamente eficientes es la debilidad constructiva de la fuerza antagónica y no una fuerza íntima propia, de allí entonces que estén ligadas a una situación determinada de equilibrio de fuerzas en lucha, ambas incapaces de expresar en su propio campo una voluntad propia de reconstrucción.

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