Algunos aspectos teóricos y prácticos del "economismo".

Economismo --movimiento teórico por el libre cambio-- sindicalismo teórico. Es necesario ver en qué medida el sindicalismo teórico deriva de la filosofía de la praxis y de las doctrinas económicas del libre cambio, o sea, en última instancia del liberalismo. Y por ello hay que ver si el economismo, en su forma más acabada, no tiene una filiación directa en el liberalismo y si igualmente, en sus orígenes, no tuvo relaciones con la filosofía de la praxis, relaciones que serían, de todas maneras, extrínsecas y puramente verbales.

Es necesario analizar desde este punto de vista la polémica Einaudi-Croce [7], surgida a raíz del nuevo prefacio (de 1917) al volumen sobre el Materialismo histórico. La exigencia adelantada por Einaudi de tener en cuenta la literatura de historia económica suscitada por la economía clásica inglesa, puede ser satisfecha en el sentido de que tal literatura, por una contaminación superficial con la filosofía de la praxis, originó el economismo. Es por esto que cuando Einaudi critica (a decir verdad de una manera imprecisa) algunas degeneraciones economistas, no hace más que tirar piedras sobre su propia cabeza. El nexo entre ideología libre-cambista y sindicalismo teórico es sobre todo evidente en Italia, donde es conocida la admiración por Pareto de los sindicalistas como Lanzillo y Cía. Sin embargo, el significado de estas dos tendencias es muy diferente: el primero, es propio de un grupo social dominante y dirigente; el segundo, de uno aún subalterno, que todavía no adquirió conciencia de su fuerza, de sus posibilidades y de sus modos de desarrollo y no sabe por ello salir de la fase de primitivismo.

7 Cfr. La "Riforma Sociale", julio-agosto 1818, p. 415. (N. de la R.).

Las posiciones del movimiento del libre cambio se basan sobre un error teórico cuyo origen práctico no es difícil de identificar, pues reside en la distinción entre sociedad política y sociedad civil, que de distinción metódica es transformada en distinción orgánica y presentida como tal. Se afirma así que la actividad económica es propia de la sociedad civil y que el Estado no debe intervenir en su reglamentación. Pero como en la realidad efectiva, sociedad civil y Estado se identifican, es necesario convenir que el liberalismo es también una "reglamentación" de carácter estatal, introducida y mantenida por vía legislativa y coercitiva. Es un acto de voluntad consciente de los propios fines y no la expresión espontánea, automática, del hecho económico. El liberalismo, por lo tanto es un programa político destinado a cambiar, en la medida en que triunfa, el personal dirigente de un Estado y el programa económico del mismo Estado, o sea a cambiar la distribución de la renta nacional.

Diferente es el caso del sindicalismo teórico en cuanto se refiere a un grupo subalterno al que con esta teoría se impide convertirse alguna vez en dominante, desarrollarse más allá de la fase económica corporativa para elevarse a la fase de hegemonía ético-política en la sociedad civil y dominante en el Estado. En lo que respecta al liberalismo, nos enfrentamos con una fracción del grupo dirigente que quiere modificar no la estructura del Estado sino únicamente la orientación de gobierno, que quiere reformar la legislación comercial y sólo indirectamente la industrial (ya que es innegable que el proteccionismo, en especial en los países de mercados pobres y restringidos, limita la libertad de iniciativa industrial y favorece morbosamente el nacimiento de los monopolios). Se trata de una rotación de los partidos dirigentes en el gobierno, no de la fundación y organización de una nueva sociedad política y tanto menos de un nuevo tipo de sociedad civil. En el movimiento del sindicalismo teórico la cuestión se presenta más compleja. Es innegable que en tal movimiento la independencia y la autonomía del grupo subalterno que se dice expresar son sacrificadas a la hegemonía intelectual del grupo dominante, ya que el sindicalismo teórico es precisamente sólo un aspecto del liberalismo, justificado por medio de algunas afirmaciones mutiladas y, por consiguiente, banales de la filosofía de la praxis. ¿Por qué y cómo ocurre este "sacrificio"? Se excluye la transformación del grupo subordinado en grupo dominante, sea porque el problema no ha sido aún planteado (fabianismo, De Man, una parte importante del laborismo), sea porque es presentado en forma incongruente e ineficaz (tendencia socialdemócrata en general) o porque se afirma el salto inmediato del régimen de los grupos al de la perfecta igualdad y de la economía sindical.

Es por lo menos extraña la actitud que el economismo asume con respecto a las expresiones de voluntad, de acción y de iniciativa política e intelectual, como si éstas no fuesen una emanación orgánica de necesidades económicas o, mejor aún, la única expresión eficiente de la economía. Es también una incongruencia que el planteamiento concreto de la cuestión hegemónica sea interpretado como un hecho que subordina al grupo hegemónico. El hecho de la hegemonía presupone indudablemente que se tienen en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales se ejerce la hegemonía, que se forme un cierto equilibrio de compromiso, es decir que el grupo dirigente haga sacrificios de orden económico-corporativo, pero es también indudable que tales sacrificios y tal compromiso no pueden concernir a lo esencial, ya que si la hegemonía es ético-política no puede dejar de ser también económica, no puede menos que estar basada en la función decisiva que el grupo dirigente ejerce en el núcleo rector de la actividad económica.

Además del liberalismo y el sindicalismo teórico, el economismo se presenta bajo muchas otras formas. Le pertenecen todas las formas de abstencionismo electoral (ejemplo típico: el abstencionismo de los clericales italianos luego de 1870, el cual se atenuó cada vez más luego del 1900 hasta 1919 y la formación del Partido popular. La distinción orgánica que hacían los clericales entre la Italia real y la Italia legal era una reproducción de la distinción entre mundo económico y mundo político-legal). Tales formas son numerosas en el sentido de que puede haber semi-abstencionismo, un cuarto, etc. Al abstencionismo está ligada la fórmula de "tanto peor, tanto mejor" y también la fórmula de la llamada "intransigencia" parlamentaria de algunas fracciones de diputados. No siempre el economismo es contrario a la acción política y al partido político, que sin embargo es considerado como un mero organismo educativo de tipo sindical. Un punto de referencia para el estudio del economismo y para comprender las relaciones entre estructura y superestructura está constituido por ese pasaje de Miseria de la Filosofía donde se dice que una fase importante en el desarrollo de un grupo social es aquélla donde los miembros de un sindicato no luchan únicamente por los intereses económicos, sino por la defensa y el desarrollo de la organización misma [8]. Es necesario recordar, al mismo tiempo, la afirmación de Engels de que la economía sólo en "última instancia" es el resorte de la historia (en las dos cartas sobre la filosofía de la praxis publicadas también en italiano), afirmación que es necesario vincular directamente al pasaje del prefacio a la Crítica de la Economía Política donde se dice que es en el terreno de las ideologías donde los hombres toman conciencia de los conflictos que se manifiestan en el mundo económico.

8 Ver la fórmula exacta. Miseria de la Filosofía es un momento esencial de la formación de la filosofía de la praxis; puede ser considerada como el desarrollo de las Tesis sobre Feuerbach, mientras que La Sagrada Familia es una fase intermedia indistinta y de origen ocasional, como aparece en los párrafos dedicados a Proudhon y especialmente al materialismo francés. El párrafo dedicado al materialismo francés es más que todo un capítulo de historia de la cultura y no una página teórica y como historia de la cultura es admirable. Recordar la observación de que la crítica contenida en Miseria de la Filosofía contra Proudhon y su interpretación de la dialéctica hegeliana puede ser extendida a Gioberti y al hegelismo de los liberales moderados italianos en general. El paralelo Proudhon-Gioberti, no obstante representar fases histórico-políticas no homogéneas, o mejor precisamente por esto, puede ser interesante y fecundo.

En distintas ocasiones se afirma en estas notas [9] que la filosofía de la praxis está mucho más difundida de cuanto se quiera aceptar. La afirmación es exacta si se desea hacer referencia a la difusión del economismo histórico, como el profesor Loria llama ahora a sus caprichosas concepciones, lo cual significa por lo tanto que el ambiente cultural ha cambiado completamente con respecto a la época en que la filosofía de la praxis comenzó a luchar. Se podría decir con terminología crociana que la más grande herejía nacida en el seno de la "religión de la libertad" sufrió también, como la religión ortodoxa, una degeneración que se ha difundido como "superstición", es decir, que ha entrado en combinación con el liberalismo: y ha producido el economismo. Habría que analizar sin embargo si, mientras la religión ortodoxa se extinguió, la superstición herética, no conservaba siempre un fermento que la haría renacer como religión superior, en otros términos habrá que analizar si las escorias de superstición no son más fácilmente liquidables.

9 Ver GRAMSCI, Il materialismo storico e la filosofia di B. Croce. (De este libro hay traducción castellana: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Edit. Lautaro, 1958. N. del T.).

Algunos puntos característicos del economismo histórico: 1) En el estudio de los nexos históricos no se distingue lo que es "relativamente permanente" de lo que es fluctuación ocasional y se entiende por hecho económico al interés personal o de un pequeño grupo, en sentido inmediato y "sórdidamente judaico"*. No se tiene en cuenta la formación de una clase económica con todas las relaciones inherentes, sino el interés mezquino y usurario, sobre todo cuando coincide con formas delictuosas contempladas por los códigos penales. 2) La doctrina que reduce el desarrollo económico a la sucesión de los cambios técnicos en los instrumentos de trabajo. El profesor Loria hizo una muy brillante exposición de esta doctrina aplicada en el artículo sobre la influencia social del aeroplano, publicada en la Rassegna contemporanea de 1912. 3) La doctrina por la cual el desarrollo económico e histórico depende inmediatamente de los cambios de cualquier elemento importante de la producción, como el descubrimiento de una nueva materia prima, de un nuevo combustible, etc., cambios que entrañan la aplicación de nuevos métodos en la construcción y funcionamiento de máquinas. En estos últimos tiempos existe toda una literatura sobre el petróleo; a este respecto es típico un artículo de Antonino Laviosa en La Nuova Antologia del 16 de mayo de 1919. El descubrimiento de nuevos combustibles y de nuevas energías motrices, así como de nuevas materias primas a transformar, tiene por cierto una gran importancia porque puede cambiar la posición de los diferentes Estados pero no determina el movimiento histórico, etc.

* Esta expresión fue empleada por Marx en la primera de las Tesis sobre Feuerbach: "Por eso, en La esencia del cristianismo, sólo se considera como auténticamente humano el comportamiento teórico, y en cambio la práctica sólo se capta y se plasma bajo su forma sórdidamente judaica de manifestarse. De ahí que Feuerbach no comprende la importancia de la actividad "revolucionaria", de la actividad "crítico-práctica". (Con respecto a este problema véase: MARX-ENGELS, La Ideología Alemana, edit. Pueblos Unidos, 1958 - N. del T.).

Ocurre con frecuencia que se combate al economismo histórico creyendo combatir al materialismo histórico. Es éste el caso, por ejemplo, de un artículo de L'Avenir de París del 10 de octubre de 1930 (citado en la Rassegna Settimanale della Stampa Estera del 21 de octubre de 1930, pp. 2303-2304) y que citamos como típico: "Se nos dice desde hace mucho tiempo, pero sobretodo después de la guerra, que las cuestiones de intereses dominan a los pueblos y llevan hacia adelante al mundo. Son los marxistas quienes inventaron esta tesis, bajo el apelativo un poco doctrinario de "materialismo histórico". En el marxismo puro, los hombres tomados en masa no obedecen a las pasiones sino a las necesidades económicas. La política es una pasión. La patria es una pasión, Estas dos exigencias juegan en la historia sólo una función de apariencia porque en realidad la vida de los pueblos, en el curso de los siglos, se explica por un juego cambiante y siempre renovado de causas de orden material. La economía es todo. Muchos filósofos y economistas "burgueses" tomaron este, "eslogan". Ellos asumen un cierto aire de entendidos para explicarnos por las fluctuaciones del cereal, del petróleo o del caucho, la gran política internacional. Se ingenian para demostrarnos que toda la diplomacia está dirigida por las cuestiones de tarifas aduaneras y de precios de costo. Estas explicaciones están muy en boga. Tienen un leve barniz científico y nacen de un cierto escepticismo superior que intenta pasar por suprema elegancia. ¿La pasión en política exterior? ¿El sentimiento en materia nacional? ¡Vamos! Esto convence a los simples, a los crédulos. Los grandes espíritus, los iniciados saben que todo está dominado por el debe y el haber. Ahora bien, ésta es una seudo verdad absoluta. Es completamente falso que los pueblos no se dejan guiar más que por consideraciones de interés y es completamente cierto que ellos obedecen por sobre todo a consideraciones dictadas por un deseo y por una fe ardiente de prestigio. Quien no comprende esto no comprende nada". La continuación del artículo (titulado, La manía del prestigio) toma como ejemplos la política alemana e italiana, que serían de "prestigio" y no dictadas por intereses materiales. El artículo condensa gran parte, de los puntos más banales de polémica contra la filosofía de la praxis, pero en realidad la polémica es contra un desaliñado economismo de tipo loriano. Además, el autor no está en otros sentidos muy consustanciado con el tema. No comprende que las "pasiones" pueden no ser sino un sinónimo de los intereses económicos y que es difícil sostener que la actividad política sea un estado permanente de pasión exasperada y de espasmo; mientras que la política francesa es presentada como una "racionalidad" sistemática y coherente, es decir purificada de todo elemento pasional.

En su forma más difundida de superstición economista, la filosofía de la praxis pierde gran parte de sus posibilidades de expansión cultural en la esfera superior del grupo intelectual, mientras que las gana entre las masas populares y entre los intelectuales de medianos alcances que no quieren fatigar su cerebro pero desean aparecer como muy astutos. Como escribe Engels es muy cómodo para muchos creer que pueden procurarse, a buen precio y sin fatiga alguna meterse en el bolsillo, toda la historia y toda la ciencia política y filosófica concentrada en algunas formulitas. Como se olvidó que la tesis según la cual los hombres adquieren conciencia de los conflictos fundamentales en el terreno de las ideologías no es de carácter psicológico o moralista, sino orgánico gnoseológico, se creó la forma mentís de considerar la política y por consiguiente la historia como un continuo marché de dupes, un juego de ilusionismos y prestidigitación. La actividad "crítica" se redujo a develar trucos, a suscitar escándalos, a entrometerse en la vida personal de los hombres representativos.

Se olvidó así que siendo, el "economismo", o presumiendo serlo, un canon objetivo de interpretación (objetivo-científico), la investigación en el sentido de los intereses inmediatos debería ser válida para todos los aspectos de la historia, tanto para los hombres que representan la "tesis" como para aquellos que representan la "antítesis". Se olvidó además otra proposición de la filosofía de la praxis: aquella de que las "creencias populares" o las creencias del tipo de las populares tienen la validez de fuerzas materiales. Los errores de interpretación en el sentido de la búsqueda de los intereses "sórdidamente judaicos" fueron a veces groseros y cómicos e incidieron así negativamente sobre el prestigio de la doctrina originaria Es por ello necesario combatir al economismo no sólo en la teoría de la historiografía sino también y especialmente en la teoría y en la práctica política. En este campo la lucha puede y debe ser conducida desarrollando el concepto de hegemonía, de la misma manera que lo fuera prácticamente en el desarrollo de la teoría del partido político y en el desarrollo práctico de la vida de determinados partidos políticos (la lucha contra la teoría de la llamada revolución permanente, que se contraponía al concepto de dictadura democrática-revolucionaria, la importancia del apoyo dado a las ideologías constitucionales, etc.). Se podría hacer un estudio sobre los juicios emitidos a medida que se desarrollaban ciertos movimientos políticos, tomando como ejemplo el movimiento boulangista (de 1886 a 1890, más o menos) o el proceso Dreyfus o directamente el golpe de Estado del 2 de diciembre (un análisis del clásico libro sobre el 2 de diciembre [10], para estudiar la importancia relativa que allí se asigna al factor económico inmediato y el lugar que se da, en cambio, al estudio concreto de las "ideologías"). Frente a estos acontecimientos el economismo se plantea la pregunta ¿a quién sirve inmediatamente la iniciativa en cuestión? y responde con un razonamiento tan simplista como paralogista. Sirve inmediatamente a una cierta fracción del grupo dominante y, para no errar, esta elección recae sobre aquella fracción que evidentemente cumpla una función progresista y de control sobre el conjunto de las fuerzas económicas. Se puede estar seguro de no equivocarse porque, necesariamente, si el movimiento examinado llegara al poder, la fracción progresista del grupo dominante concluirá, antes o después, por controlar al nuevo gobierno y por convertirlo en un instrumento para volcar en su propio beneficio el aparato estatal.

10 El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, de MARX (N. de la R.).

Se trata, por consiguiente, de una infalibilidad poco seria, que además de no tener ningún significado teórico, posee una muy escasa importancia política y eficacia práctica. En general, no provoca más que prédicas moralistas o interminables cuestiones personales. Cuando se produce un movimiento de tipo boulangista el análisis debería ser conducido, siguiendo una visión realista, según esta línea: 1) contenido social de la masa que adhiere al movimiento; 2) ¿qué función tiene en el equilibrio de fuerzas que se va transformando, como lo demuestra el nuevo movimiento por el hecho de nacer?; 3) ¿qué significado, desde el punto de vista político y social, tienen las reivindicaciones que presentan los dirigentes y que encuentran una aprobación? ¿a qué exigencias efectivas corresponden?; 4) examen de la conformidad de los medios con el fin propuesto; 5) sólo en última instancia y presentada en forma política y no moralista, se plantea la hipótesis de que un movimiento tal será necesariamente desnaturalizado y servirá a fines muy distintos de aquellos que esperan las multitudes adheridas. Por el contrario, esta hipótesis es afirmada en previsión, cuando ningún elemento concreto (y que aparezca por lo tanto con la evidencia del sentido común y no a través de un análisis "científico" esotérico) existe aún para confirmarla. De allí que tal hipótesis aparezca como una acusación moral de doblez y de mala fe o de poca astucia, de estupidez (para los secuaces).

La lucha política se convierte así en una serie de hechos personales entre quienes lo saben todo, y han pactado con el diablo, y quienes son objeto de burla por parte de sus propios dirigentes, sin querer convencerse de ello a causa de su incurable estupidez. Por otro lado, mientras estos movimientos no toman el poder siempre se puede pensar que fracasarán y algunos, en efecto, fracasaron (el mismo boulangismo, que fracasó como tal y fue destrozado completamente por el movimiento dreyfusard; el movimiento de Georges Valoir; el del general Gaida). La búsqueda debe tender, por consiguiente, a la identificación de los elementos de fuerza, pero también de los elementos de debilidad que ellos contienen intrínsecamente; la hipótesis "economista" afirma un elemento inmediato de fuerza, es decir, la disponibilidad de un cierto aporte financiero directo o indirecto (un gran periódico que apoye el movimiento es también un aporte financiero indirecto) y eso es todo. Es demasiado poco. También en este caso el análisis de los diferentes grados en relación de las fuerzas sólo puede culminar en la esfera de la hegemonía y de las relaciones ético-políticas

Un elemento que debe ser agregado como ejemplificación de las llamadas teorías de la intransigencia, es el de la rígida aversión por principio a los compromisos y que tiene como manifestación subordinada lo que se puede denominar "el miedo a los peligros". Es evidente porqué la aversión de principio a los compromisos está ligada estrechamente al economismo. La concepción sobre la cual se funda esta aversión no puede ser otra que la certeza inquebrantable de que en el desarrollo histórico existen leyes objetivas del mismo carácter que las leyes naturales, a lo cual se agrega la creencia en un finalismo fatalista similar al religioso. Si las condiciones favorables deben verificarse ineludiblemente, derivándose de ellas, en forma bastante misteriosa, acontecimientos palingenésicos, es evidente no sólo la inutilidad sino el daño de toda iniciativa voluntaria tendiente a planificar estas situaciones según una idea prefijada. Junto a estas convicciones fatalistas está, sin embargo, la tendencia a confiar "siempre", ciegamente y sin criterio, en la virtud reguladora de las armas, lo cual por otro lado, no deja de tener algo de lógica y de coherencia, ya que se piensa que la intervención de la voluntad es útil para la destrucción, y no para la reconstrucción (ya en acción en el momento mismo de la destrucción). La destrucción es concebida mecánicamente y no como destrucción-reconstrucción. En tales modos de pensar no se tiene en cuanta al factor "tiempo" y en última instancia ni la misma "economía" en el sentido de que no se entiende cómo los hechos ideológicos de masa están siempre en retraso con respecto a los fenómenos económicos de masa y cómo, por lo tanto, el impulso automático debido al factor económico es en ciertos momentos demorado, trabado y hasta destruido momentáneamente por los elementos ideológicos tradicionales No se entiende que por ello debe haber una lucha consciente y preparada para hacer "comprender" las exigencias de la posición económica de masa que pueden estar en contradicción con las directivas de los jefes tradicionales. Siempre es necesaria una iniciativa política apropiada para liberar al impulso económico de las trabas de la política tradicional, o sea, para cambiar la dirección política de ciertas fuerzas que es preciso absorber para realizar un nuevo bloque histórico económico-político, homogéneo, sin contradicciones internas. Y ya que dos fuerzas "similares" no pueden fundirse en un organismo nuevo sino a través de una serie de compromisos o mediante la fuerza de las armas, por la unión en el terreno de las alianzas o por la subordinación de la una a la otra mediante la coerción, la cuestión es saber si se dispone de esta fuerza y si es "productivo" emplearla. Si la unión de dos fuerzas es necesaria para vencer a una tercera, el recurso de las armas y de la coerción (dado que se tiene la disponibilidad de ellos) es una pura hipótesis metódica y la única posibilidad concreta es el compromiso, ya que la fuerza puede ser empleada contra los enemigos y no contra una parte de sí mismo que se desea asimilar rápidamente y de la cual es preciso obtener su "buena voluntad" y entusiasmo.

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