Industriales y agrarios.

Se presenta el problema de saber si los grandes industriales pueden tener un partido político permanente propio. La respuesta me parece que debe ser negativa. Los grandes industriales utilizan alternativamente todos los partidos existentes, pero no tienen un partido propio. Mas no por ello son, en alguna manera, "agnósticos" o "apolíticos". Su interés corresponde a un determinado equilibrio que obtienen precisamente reforzando con sus medios, en cada oportunidad, este o aquel partido del variado panorama político (con excepción, se entiende, del partido antagónico cuya afirmación no puede ser ayudada ni aun por cuestiones tácticas). Cierto es, sin embargo, que si esto ocurre en la vida "normal", en los casos extremos, que por otra parte son los que cuentan (como la guerra en la vida nacional), el partido de los grandes industriales es el de los agrarios, quienes en cambio tienen permanentemente un partido propio. Se puede ver como ejemplo de lo aquí señalado el caso de Inglaterra, donde el Partido conservador absorbió al Partido liberal, que sin embargo aparecía tradicionalmente como el partido de los industriales.

La situación inglesa, con sus grandes Trade Unions, explica este hecho. En Inglaterra no existe formalmente un gran partido antagónico de los industriales; esto es cierto. Pero existen las organizaciones obreras de masa y ha sido subrayado cómo ellas, en ciertos momentos decisivos, se transforman constitucionalmente desde abajo hacia arriba, destruyendo la envoltura burocrática (por ejemplo en 1919 y en 1926). Por otro lado existen estrechos intereses permanentes entre agrarios e industriales (especialmente ahora que el proteccionismo se transformó, en general, en agrario e industrial) y es innegable que los agrarios están "políticamente" mejor organizados que los industriales, atraen más a los intelectuales, son más "permanentes" en sus directivas. La suerte de los partidos "industriales" tradicionales, como el "liberal-radical" inglés y el radical francés (que sin embargo, siempre se diferenció mucho del primero) es interesante (lo mismo que el "radical italiano", de tan buen recuerdo): ¿qué representaban ellos? Un nexo entre clases altas y bajas, y no una sola gran clase; de allí sus permanentes apariciones y desapariciones. La base de "maniobras" estaba dada por la clase baja, que se encontraba en condiciones siempre diferentes en el interior del grupo, hasta transformarse por completo. Hoy suministra la base de los "partidos demagógicos" y se comprende que así sea.

En general, se puede decir que en esta historia de los partidos la comparación entre los distintos países es de lo más instructiva y decisiva para encontrar el origen de las causas de las transformaciones. Y esto también respecto de las polémicas entre los partidos de los países "tradicionalistas" o sea donde están representados los "retazos" de todo el "catálogo" histórico.

Un elemento primordial de juicio, tanto para las concepciones del mundo como --y especialmente-- para las actitudes prácticas, es el siguiente: la concepción del mundo o el acto práctico ¿pueden ser concebidos "aislados", "independientes", conteniendo toda la responsabilidad de la vida colectiva; o esto es imposible y la concepción del mundo o el acto práctico deben ser concebidos como "integración", perfeccionamiento, contrapeso, etc., de otra concepción del mundo o actitud práctica? Si se reflexiona se ve que este criterio es decisivo para un juicio ideal sobre los motivos ideales y los motivos prácticos y se observa también que tiene una gran importancia práctica.

Uno de los prejuicios más comunes es el de creer que todo lo que existe es "natural" que exista, que no puede menos que existir y que las propias tentativas de reformas por mal que resulten, no interrumpirán la vida porque las fuerzas tradicionales continuarán actuando y precisamente continuarán la vida. Este modo de pensar, es por cierto, parcialmente justo; pobres de nosotros si no ocurriese así. Sin embargo, más allá de ciertos límites, este modo de pensar se transforma en peligroso (ciertos casos de la política de lo peor) y de cualquier manera, como se dijo, subsiste el criterio de juicio filosófico, político e histórico. Es cierto que, si se llega al fondo de las cosas, algunos movimientos se conciben a sí mismos sólo como marginales; o sea presuponen un movimiento principal sobre el cual insertarse para reformar ciertos males presuntos o verdaderos; es decir, que algunos movimientos son puramente reformistas.

Este principio tiene importancia política porque la verdad teórica, según la cual cada clase tiene un sólo partido, está demostrada en los cambios decisivos por el hecho de que los distintos agrupamientos, que se presentaban cada uno como partidos "independientes", se reúnen y forman un bloque único. La multiplicidad existente al principio era sólo de carácter "reformista", o sea concernía a cuestiones parciales; en cierto sentido era una división del trabajo político (útil en sus límites); pero cada parte presuponía las otras, tanto que en los momentos decisivos, cuando las cuestiones fundamentales fueron puestas en juego, la unidad se formó, el bloque se verificó. De esto deriva la conclusión de que en la construcción de los partidos es necesario basarse sobre un carácter "monolítico" y no sobre cuestiones secundarias; por consiguiente debe velarse porque exista homogeneidad entre dirigentes y dirigidos, entre jefes y masa. Si en los momentos decisivos los jefes pasan a su "verdadero partido", las masas quedan truncas en su impulso, inertes y sin eficacia. Se puede decir que ningún movimiento real adquiere conciencia repentina de su carácter de totalidad, sino sólo a través de una experiencia sucesiva, o sea cuando toma conciencia, gracias a los hechos, de que nada de lo que existe es natural (en el sentido inusitado de la palabra) sino que existe porque se dan ciertas condiciones, cuya desaparición no puede dejar de tener consecuencias. Es así como el movimiento se perfecciona, pierde los caracteres de arbitrariedad, de "simbiosis", se transforma en verdaderamente independiente, en el sentido de que para lograr determinadas consecuencias crea las premisas necesarias, empeñando en dicha creación todas sus fuerzas.

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