Movimientos y centros intelectuales.

Es un deber de la actividad periodística (en sus múltiples manifestaciones) seguir y controlar todos los movimientos y centros intelectuales que existen y se forman en el país. Todos, es decir, sólo con exclusión de aquellos que tienen un carácter arbitrario e irracional, aunque también estos deben ser por lo menos registrados en el tono que se merecen.

Distinción entre centros y movimientos intelectuales y otras distinciones y graduaciones. Por ejemplo, el catolicismo es un gran centro y un gran movimiento, pero en su interior existen movimientos y centros parciales y limitados que deben ser tenidos en cuenta. Antes que nada es necesario "dibujar" el mapa intelectual y moral del país, circunscribir los grandes movimientos de ideas y los grandes centros (pero no siempre a los grandes movimientos corresponden grandes centros, al menos con los caracteres de visibilidad y de cosa concreta que con frecuencia se atribuye a esta palabra y cuyo ejemplo típico es el centro católico).

Se debe por lo tanto considerar los impulsos innovadores que se producen, que no siempre son vitales, es decir, que tienen consecuencias pero no por eso deben ser menos atendidos y controlados. Dado que la iniciación de un movimiento es siempre incierta, de porvenir dudoso, etc., por eso, ¿será necesario esperar a que haya alcanzado toda su fuerza y consistencia para ocuparse de él? Ni siquiera es necesario que tenga características de coherencia y de riqueza intelectual: no siempre son los movimientos más coherentes e intelectualmente ricos los que triunfan. Con frecuencia un movimiento triunfa por su propia mediocridad y elasticidad lógica: todo puede ser, los compromisos más llamativos son posibles y éstas justamente pueden ser razones de triunfo.

Leer las revistas de los jóvenes además de aquellas que ya se han afirmado y representan intereses serios y verdaderos. En el Almanacco letterario Bompiani de 1933 (pp. 360-361) se indican los programas esenciales de seis revistas de jóvenes que deberían representar los impulsos del movimiento de nuestra cultura; son Il Saggiatore [escritor de ensayos], Ottobre [17 de], Il Ventuno [el año 21, momento de crisis institucional, temor de la derecha al socialismo, usufructuado por el fascismo al año siguiente], L'Italia viviente, L'Orto [¡huerto!], Espero, que no parecen muy agudas con excepción de algunas de ellas. Espero, por ejemplo, "en lo que se refiere a la filosofía se propone apoyar a los post-idealistas, que cumplen una crítica atenta del idealismo, y sólo a aquellos idealistas que saben tener en cuenta esa crítica". El director de Espero es Aldo Capasso, y ser post-idealistas es algo así como ser "contemporáneo", * en verdad un don nadie. Más claro, tal vez el único claro, es el programa de Ottobre. Sin embargo, todos estos movimientos deberían ser examinados, snobismo aparte.

* El autor alude a una anécdota referida por él mismo en otro lugar, de un individuo que no pudiendo lucir título alguno había escrito sobre su tarjeta de visita: "Contemporáneo". (N. del E.)

Distinción entre movimientos militantes, que son los más interesantes, y movimientos de retaguardia o de ideas adquiridas que se han hecho clásicas o comerciales. Entre éstos, ¿dónde colocar a "Italia letteraria"? ¡Por cierto no militante y ni siquiera clásica! La definición más exacta y apropiada me parece la siguiente: ¡una bolsa de papas!

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