Los lectores.

Los lectores deben ser considerados desde dos puntos de vista principales: 1) como elementos ideológicos, "transformables" filosóficamente, capaces, dúctiles, maleables a la transformación; 2) como elementos "económicos", capaces de asimilar las publicaciones y de hacerlas asimilar a los demás. Estos dos elementos no son siempre separables en la realidad, porque el elemento ideológico es un estímulo para el acto económico de la adquisición y de la difusión. Sin embargo, al hacer un plan editorial hay que tener en cuenta ambos aspectos para que los cálculos sean realistas y no obedezcan sólo a los propios deseos. Además, en la esfera económica las posibilidades no coinciden con la voluntad y con el impulso ideológico y por eso es necesario abundar para que se dé la posibilidad de la adquisición "indirecta", es decir, compensada con servicios (difusión).

Una empresa editorial publica diversos tipos de revistas y libros, regulados según distintos niveles de cultura. Es difícil establecer cuántos "clientes" posibles existen en cada nivel. Se debe partir del nivel más bajo y sobre éste se puede establecer el plan comercial "mínimo", es decir, la previsión más realista, teniendo en cuenta, sin embargo, que la actividad puede modificar (y debe modificar) las condiciones de partida, no sólo en el sentido de que la esfera de la clientela puede (debe) ser ampliada, sino que puede (debe) determinarse una jerarquía de necesidades a satisfacer y por lo tanto de actividades a desarrollar.

Es obvio que las empresas que han existido hasta ahora se han burocratizado, es decir, no han estimulado las necesidades y tampoco han organizado la satisfacción de las mismas, motivo por el cual ha ocurrido con frecuencia que la iniciativa individual caótica ha dado mejores frutos que la iniciativa organizada. La verdad es que en este segundo caso no existe "iniciativa" y no existe "organización" sino solamente burocracia y actividad fatalista. Con frecuencia la referida organización en vez de ser una potenciación de esfuerzos ha sido un narcótico, un factor deprimente, realmente un obstruccionismo y un sabotaje. Además, no se puede hablar de empresa periodística y editorial seria si falta este elemento, es decir: la organización del cliente, de la venta, y el hecho de que al ser el cliente un particular (en su mayor parte) necesita una organización particular ligada estrechamente al carácter ideológico de la "mercancía" vendida. Es sabido que en un diario moderno el verdadero director es el director administrativo y no el de redacción.

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