Un libro sobre la cultura china.

Eduard Erkes, Chinesische Literatur, Ferdinand Hirt, Breslau, 1926. Es un volumen de menos de cien páginas que condensa admirablemente, según Alberto Castellani, todo el ciclo cultural chino, desde la más antigua edad hasta nuestros días. No se puede comprender el chino actual sin un conocimiento de su pasado y sin una información demopsicológica [psicología social]; esta afirmación es justa, pero en cambio es exagerada la siguiente, por lo menos en su forma: "El conocimiento del pasado demuestra que la gente en China es ya, desde hace decenas de siglos, confucianamente comunista, tanto que algunas recientes tentativas de injerto euroasiático nos recuerdan el llevar leña al bosque". Esta afirmación se puede hacer con respecto a todo pueblo atrasado en cuanto al industrialismo, pero como puede hacerse con respecto a muchos pueblos, tiene un valor muy general; sin embargo, el conocimiento de la real psicología de las masas populares, desde este punto de vista y cómo se puede reconstruir a través de la literatura, tiene gran importancia. La literatura china es de impronta genuinamente religioso-estatal. Erkes intenta una reconstrucción crítico-sintética de los diversos momentos de la literatura china, a través de sus épocas más significativas, para darles mayor relieve de necesidad histórica (no es ésta una historia de la literatura en sentido erudito y descriptivo, sino una historia de la cultura). Describe la figura de Chu Hi (1130-1200) [Transformó el confucianismo, reestructurándolo en torno a la doctrina metafísica de dos elementos, principio (li) y materia (ch’i)] que pocos occidentales conocen y que fue la personalidad más significativa de China después de Confucio; ese desconocimiento es obra de los intencionados silencios de los misioneros, que han visto en este reformador de la moderna conciencia china el mayor obstáculo para sus esfuerzos de propaganda. Libro de Wiger, La chine à travers les âgés. Erkes llega hasta la etapa reciente de la China europeizante y da noticias sobre el desarrollo que se está cumpliendo también en la lengua y en la educación.

En Marzocco del 23 de febrero de 1927, Alberto Castellani comenta el libro de Alfredo Forke Die Gedankenwelt des chinesischen Kulturkreises, Munich-Berlín, 1927 (Filosofía china en ropaje europeo y... japonés). Forke es profesor de lengua y de civilización china en la Universidad de Hamburgo y es conocido como especialista en el estudio de la filosofía china. El estudio del pensamiento chino es difícil para el occidental por varias razones: 1) los filósofos chinos no han escrito tratados sistemáticos de su pensamiento; fueron los discípulos quienes recogieron las palabras de los maestros y no los maestros quienes escribieron para los eventuales discípulos; 2) la filosofía propiamente dicha estaba entrelazada, y casi sofocada, con las tres grandes corrientes religiosas: confucianismo, taoísmo y budismo; por eso los chinos con frecuencia fueron considerados, por el europeo no especialista, como privados de filosofía propia y verdadera o como poseedores de tres religiones filosóficas (el hecho de que la filosofía haya estado entrelazada con la religión tiene significado desde el punto de vista de la cultura y caracteriza la posición histórica de los intelectuales chinos). Forke justamente ha tratado de presentar el pensamiento chino según las formas europeas, es decir, ha liberado a la filosofía verdadera de las mezclas y promiscuidades heterogéneas; de ese modo hizo posible cierto paralelo entre el pensamiento chino y el europeo. La ética es la parte más brillante de esta reconstrucción; la lógica es, en cambio, la parte menos importante "porque los chinos han tenido más bien un sentido instintivo, como intuición, y no un concepto exacto, como ciencia". (Este aspecto es muy importante, como momento cultural). Sólo hace algunos años, un escritor chino, el profesor Hu Shi, en su Historia de la filosofía china (Shanghai, 1919) asignó a la lógica un puesto eminente, extrayéndola de los antiguos textos clásicos de los que, no sin cierto esfuerzo, intentó revelar su enseñanza. Tal vez la rápida invasión del confucianismo, del taoísmo y del budismo, que no tienen interés para los problemas de la lógica, puede haber dificultado su devenir como ciencia ... "Es un hecho que los chinos nunca han tenido una obra como el Nyaya [uno de los 6 sistemas filosóficos indios] de Gautama [Buda] o como el Organon [instrumento; tratado de lógica] de Aristóteles". Falta en China una disciplina filosófica sobre el "conocimiento" (Erkenntnistheorie). Forke encuentra solamente ciertas tendencias a este respecto. Además, examina las ramificaciones de la filosofía china fuera de China, especialmente en Japón. Japón ha tomado de China, junto con las otras formas de cultura, también la filosofía aunque dándole cierto carácter propio. El japonés no tiene tendencias metafísicas y especulativas como el chino (es "pragmatista" y empirista). Los filósofos chinos traducidos al japonés adquieren, no obstante, una mayor agudeza. (Esto significa que los japoneses han tomado del pensamiento chino lo que era útil para su cultura, aproximadamente como los romanos hicieron con los griegos.)

Castellani ha publicado recientemente los trabajos La dottrina del Tao ricostruita sui testi ed esposta integralmente, Bolonia, Zanichelli y La regola celeste di Lao-Tse, Florencia, Sansoni, 1927. Castellani hace una comparación entre Lao-Tse y Confucio: "Confucio es el chino septentrional, noble, culto y especulativo; Lao-Tse, cincuenta años más viejo que aquél, es el chino del mediodía [Sur], popular, audaz y fantasioso. Confucio es un hombre de estado; Lao-Tse desaconseja la actividad pública. El primero no puede vivir si no está en contacto con el gobierno, el segundo huye del consorcio civil y no participa en sus vicisitudes. Confucio se contenta con remitir a los gobernantes y al pueblo a los ejemplos del buen tiempo antiguo; Lao-Tse sueña con la edad de la inocencia universal y con el estado virgen de naturaleza. Confucio es hombre de corte y de etiqueta; Lao-Tse es hombre de soledad y de palabra brusca. Para Confucio, rebosante de fórmulas, de reglas, de rituales, la voluntad del hombre entra de manera esencial en la producción y determinación del hecho político; Lao-Tse cree en cambio que todos los hechos, sin excepción, se hacen por sí mismos, sin la intervención de nuestra voluntad, es decir, que los hechos tienen en sí mismos un ritmo inalterado e inalterable a pesar de nuestra intervención. Nada más ridículo para Lao-Tse que el hombrecito confuciano, empeñoso y pertinaz, que cree en la importancia y casi en el peso específico de cada uno de sus gestos; nada más mezquino que esta pequeña alma miope y presuntuosa, alejada del Tao, que cree dirigir y es dirigida, cree tener y es tenida". (Este fragmento ha sido extraído de un artículo de A. Faggi aparecido en Marzocco el 12 de junio de 1927 titulado "Sapere cinese"). La "no-acción" es el principio del Taoísmo y el "Tao" es el "camino".

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