Notas sobre cultura islámica.

Ausencia de un clero regular que sirva de lazo de unión entre el Islam teórico y las creencias populares. Sería conveniente estudiar bien el tipo de organización eclesiástica del Islam y la importancia cultural de las Universidades teológicas (como la de El Cairo) y de los doctores. La separación entre los intelectuales y el pueblo debe ser muy grande, especialmente en algunas zonas del mundo musulmán, por eso es comprensible que las tendencias politeístas del folklore renazcan y traten de adaptarse al cuadro general del monoteísmo mahometano. Cfr. el artículo "I santi nell'Islàm" de Bruno Ducati en Nuova Antologia del 1 de agosto de 1929. El fenómeno de los santos es específico del Africa septentrional, pero tiene cierta difusión también en otras zonas. La razón de ese fenómeno se debe buscar en la necesidad popular (existente también en el cristianismo) de encontrar intermediarios entre sí y la divinidad. Mahoma, como Cristo, fue proclamado --se proclamó-- el último de los profetas, es decir, el último lazo viviente entre la divinidad y los hombres; los intelectuales (sacerdotes o doctores) habrían debido mantener este lazo por medio de los libros sagrados, pero tal forma de organización religiosa tiende a convertirse en racionalista e intelectualista (cfr. el protestantismo, que ha tenido esa línea de desarrollo) a diferencia del pueblo primitivo, que tendía a un misticismo propio, de unión con la divinidad por medio de los santos (el protestantismo no tiene ni puede tener santos ni milagros; la relación entre los intelectuales del Islam y el pueblo se convirtió en "fanatismo", que sólo puede ser momentáneo, limitado, pero que congrega emociones colectivas e impulsos capaces de perpetuarse aun en tiempos normales. (El catolicismo agoniza por esa razón: a saber, que no puede crear periódicamente, como en el pasado, oleadas de fanatismo; en los últimos años, después de la guerra, ha encontrado sustitutos, como las ceremonias colectivas eucarísticas que se desarrollan con fabuloso esplendor y que provocan relativamente cierto fanatismo. Antes de la guerra ocurría algo semejante, en escala local y reducida, con las llamadas misiones, cuya actividad culminaba con la elevación de una inmensa cruz acompañada por escenas violentas de penitencia, etc.). Ese nuevo movimiento del Islam es el sufismo. Los santos musulmanes son hombres privilegiados que pueden entrar en contacto con Dios por especial favor, conquistando así una perenne virtud milagrosa y la capacidad de resolver los problemas y las dudas teológicas de la razón y de la conciencia. El sufismo, que se organizó como sistema y se manifestó por medio de las escuelas sufistas y de las confraternidades religiosas, desarrolló una verdadera teoría de la santidad y fijó una verdadera jerarquía de santos. La hagiografía [historia de la vida de los santos] popular es más simple que la del sufismo. Para el pueblo son santos los fundadores más célebres o los jefes de confraternidades religiosas; pero también un desconocido, un caminante que se detenga en una localidad para cumplir obras de ascetismo y beneficios portentosos en favor de las poblaciones circundantes, puede ser proclamado santo por la opinión pública. Muchos santos recuerdan los viejos dioses de las religiones vencidas por el Islam. El Morabitismo desciende de una fuente de la santidad musulmana diversa de la del sufismo [sucesores de los almorávides, que gobernaron Marruecos, parte de Argelia y España en los s. XI y XII], Murabit (morabí) quiere decir que está en el ribat; es decir, en el lugar fortificado de la frontera del que se parte contra los infieles en la guerra santa. En el ribat el culto debía ser más austero por la función de los soldados presidiarios, más fanáticos y constituidos casi siempre por voluntarios (valientes del Islam); pero, cuando el propósito militar perdió su importancia quedó como un hábito religioso particular, y los "santos" fueron aún más populares que los sufís. Marruecos es el centro del Morabitismo; hacia el Este, las tumbas de los morabíes van haciéndose menos frecuentes. Ducati analiza minuciosamente este fenómeno africano, insistiendo en la importancia política que tienen los morabíes, que se encuentran al frente de las insurrecciones contra los europeos, que ejercen la función de jueces de paz y que a veces fueron el vehículo de una civilización superior. El autor, concluye: "Este culto (de los santos) merece ser estudiado y atendido, por las consecuencias sociales, civilizadoras y políticas, ya que los santos constituyen una potencia, una fuerza extraordinaria, que puede ser un gran obstáculo para la difusión de la civilización occidental, así como puede convertirse, si es hábilmente aprovechada, en un precioso auxiliar de la expansión europea".

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