Los ingleses y la religión.

En un artículo de Civiltà Cattolica del 4 de enero de 1930, titulado "L'opera della grazia in una recente conversione dell'anglicanismo", extraigo esta cita del libro de Vernon Johnson One Lord, one Faith [Un Señor (de la nobleza), una fe] dondres, Sheed and Ward, 1929). Johnson es justamente el convertido: "El inglés medio casi nunca piensa en el problema de la autoridad en su religión. Acepta la forma de enseñanza de la Iglesia anglicana, en la que se ha formado, sea anglocatólica, sea la divinidad y los hombres; los intelectuales (sacerdotes o doctores) habrían debido mantener este lazo por medio de los libros sagrados, pero tal forma de organización religiosa tiende a convertirse en racionalista e intelectualista (cfr. el protestantismo, que ha tenido esa línea de desarrollo) a diferencia del pueblo primitivo, que tendía a un misticismo propio, de unión con la divinidad por medio de los santos (el protestantismo no tiene ni puede tener santos ni milagros; la relación entre latitudinaria [en el s. XVII, anglicanismo tolerante y anticlerical], sea evangélica, y la sigue hasta el punto en que comienza a no satisfacer sus necesidades o entra en conflicto con su opinión personal. Por eso, al ser esencialmente honesto y sincero y al no querer profesar más que lo que realmente cree, descarta todo lo que no puede aceptar y se forma una religión personal propia". El escritor de Civiltà Cattolica continúa, probablemente parafraseando: "El (el inglés medio) considera la religión como un asunto exclusivamente privado entre Dios y el alma, y en esa actitud es cauto en extremo, desconfiado y reacio a admitir la intervención de una autoridad, sea cual fuere. Por eso va creciendo el número de los que permiten que en su mente entre la duda: si verdaderamente los Evangelios son dignos de fe, si la religión cristiana es obligatoria para todo el mundo y si se puede conocer con certeza cual fue realmente la doctrina de Cristo. Duda, entonces, en admitir que Jesús fuese verdaderamente Dios". Y todavía agrega: "... La mayor de todas das dificultades para el retorno de los ingleses a la Iglesia Romana) es el amor a la independencia que existe en cada inglés. El no admite ninguna ingerencia, mucho menos en materia de religión y menos aún de parte de un extranjero. El instinto que le hace sentir que la independencia religiosa y la independencia nacional son inseparables, es innato y está profundamente arraigado en su alma. Piensa que Inglaterra no aceptará jamás una Iglesia gobernada por italianos".

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