Nacionalismo y particularismo.

Un artículo de Julien Benda en: Nouvelles Littéraires del 2 de noviembre de 1929: "Comment un écrivain sert-il l'universel!" [cómo un escritor sirve a lo universal] es un corolario del libro La trahison des clercs [la traición de los escribientes]. Se refiere a una obra reciente, Esprit und Geist der Wechseln [juicio y espíritu de los cambios], en el que se trata de demostrar la nacionalidad del esprit francés; invita a los alemanes a no olvidar esta particularidad de su cerebro, y, sin embargo, piensa trabajar para lograr la unión de los pueblos en virtud de un pensamiento de André Gide, según el cual se sirve mejor al interés general cuanto más se es particular. Benda recuerda el manifiesto de los 54 escritores franceses publicado en Figaro del 19 de julio de 1919, "Manifeste du parti de l'Intelligence", en el que se decía: "¿No es verdad que al nacionalizarse una literatura adquiere un significado más universal y un interés más humanamente general?"

Para Benda es justo que se sirve mejor a lo universal cuando se es más particular. Pero una cosa es ser particular y otra predicar el particularismo. Ahí reside el equívoco del nacionalismo, que basándose en este equívoco pretende ser el verdaderamente universalista, el verdaderamente pacifista. Nacional es distinto de nacionalista. Goethe era "nacional" alemán, Stendhal "nacional" francés, pero ninguno de los dos era nacionalista. Una idea no es eficaz si no está expresada de algún modo, artísticamente, es decir, particularmente. Pero un espíritu, ¿es particular en tanto nacional? La nacionalidad es una particularidad primaria; pero el gran escritor se particulariza aun entre sus connacionales, y esta segunda "particularidad" no es una prolongación de la primera. Renan [Ernest, 1823-1892], en tanto Renan, no es una consecuencia necesaria del espíritu francés; él es, por relación con este espíritu, un evento original, arbitrario, imprevisible (como dice Bergson). Y, sin embargo, Renan sigue siendo francés, como el hombre, aun al ser hombre, sigue siendo un mamífero; pero su valor, como para el hombre, reside en su diferencia del grupo en que ha nacido.

Esto no lo aceptan los nacionalistas, para quienes el valor de los grandes intelectuales, de los maestros, consiste en su semejanza con el espíritu de su grupo, en su fidelidad, en su puntualidad para expresar ese espíritu (que además es definido como el espíritu de los grandes intelectuales, de los maestros que siempre terminan por tener la razón).

¿Por qué tantos escritores modernos le dan tanta importancia al "alma nacional", que ellos dicen representar? Es útil, para quien no tiene personalidad, decretar que lo esencial es ser nacional. Max Nordau escribe de uno que exclamó: "Decid que yo no soy nada. Y bien, sin embargo, soy algo: ¡soy un contemporáneo!" Muchos dicen, por ejemplo, ser escritores francesísimos, etc. De este modo se constituye una jerarquía y una organización de hecho y esto es lo esencial de toda la cuestión: Benda, como Croce *, examina la cuestión de los intelectuales haciendo abstracción de la situación de clase de los propios intelectuales y de su función, que se ha ido definiendo con mucha precisión mediante la enorme difusión del libro y del periodismo.

* Benedetto, 1866-1952, filósofo, historiador y político, antifascista declarado (como senador), de posición ateísta y anticlerical, a pesar de su formación teológica católica, más hegeliano que marxista, presidente del partido Liberal en el 47.

Pero si bien esta posición es explicable para los mediocres, ¿cómo explicarla en las grandes personalidades? Posiblemente, la explicación es coherente: las grandes personalidades dirigen a los mediocres y se hacen partícipes de ciertos prejuicios prácticos que no dañan a sus obras. Wagner (cfr. Ecce Homo de Nietzsche) sabía lo que hacía al decir que su arte era expresión del genio alemán, invitando así a toda una raza a aplaudirse a sí misma en sus obras.

Pero Benda ve en muchos como razón del hecho la creencia de que el espíritu es bueno en la medida en que adopta cierta manera colectiva de pensar, y malo en cuanto trata de individualizarse. Cuando Barres escribía: "C'est le rôle des maîtres de justifier habitudes et préjugés qui son ceux de la France, de maniéré à préparer pour le mieux nos enfants à prendre leur rang dans la procession nationale" [Es la función de los maestros la de justificar los hábitos y prejuicios propios de Francia, en función de preparar nuestros hijos lo mejor posible para que tomen su lugar en la fila de la procesión nacional.], interpretaba que su deber, y el de los pensadores franceses dignos de ese nombre, era entrar también ellos en esa procesión. Esta tendencia ha tenido efectos desastrosos en la literatura (insinceridad). En política, esta tendencia a la distinción nacional ha hecho que la guerra, en lugar de ser simplemente política, se haya convertido en una guerra de almas nacionales, con caracteres de profundidad pasional y de ferocidad.

Benda concluye observando que todo este afán por mantener la nacionalización del espíritu significa que el espíritu europeo está naciendo y que el artista deberá individualizarse en el sentido del espíritu europeo si quiere servir a lo universal. La guerra ha demostrado que estas actitudes nacionalistas no eran casuales o motivadas por causas intelectuales (errores lógicos, etc.); estaban y están ligadas a un determinado período histórico en el que sólo la unión de todos los elementos nacionales podía ser una condición de victoria. La lucha intelectual es estéril si se conduce sin una lucha real que tienda a invertir esta situación. En verdad, el espíritu europeo está naciendo, y no sólo europeo, pero eso justamente exaspera el carácter nacional de los intelectuales, en especial del estrato más elevado.

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