Un "Diccionario de los italianos en el extranjero".

Cesare Balbo escribió le siguiente: "Una historia completa y magnífica y peculiar de Italia sería hacer la historia de los italianos fuera de Italia". En el año 1890 fue publicado un ensayo de Dizionnario degli italiani all'estero [en el extranjero], como obra póstuma de Leo Benvenuti (un estudioso modesto). Benvenuti observaba en el prefacio que dadas las condiciones de las investigaciones biográficas en su tiempo, sólo se habría podido hacer un índice, que sería de utilidad para quien se dispusiera a escribir la historia. Las categorías en que Benvenuti subdivide el elenco onomástico das principales) son: embajadores, anticuarios, arquitectos, artistas (dramaturgos, coreógrafos, acróbatas), astrónomos, botánicos, cantantes, eruditos, filósofos, físicos, geógrafos, jurisconsultos, grabadores, ingenieros (civiles y militares), lingüistas, docentes, matemáticos, médicos y cirujanos, maestros de música, comerciantes, misioneros, naturalistas, nuncios apostólicos, pintores, escultores y poetas, marineros, soldados, soberanos, historiadores, teólogos, eclesiásticos, viajantes y estadistas.

Como puede apreciarse, Benvenuti no tenía otro punto de vista que el de la nacionalidad y de realizarse, su obra habría sido un censo de los italianos en el extranjero. Según mi opinión, la investigación debe ser de carácter cualitativo, es decir, que debe estudiar cómo las clases dirigentes (políticas y culturales) de una serie de países, fueron reforzadas por elementos italianos que contribuyeron a crear una civilización nacional, mientras en Italia faltó y no logró formarse una clase nacional: justamente esta emigración de elementos dirigentes representó un hecho histórico peculiar que se corresponde con la imposibilidad italiana de utilizar y unificar a los ciudadanos más enérgicos y emprendedores. Benvenuti partía del año 1000.

Promovida por el jefe de gobierno está en preparación una voluminosa publicación intitulada L'opera del Genio italiano all' estero que ha sido confiada al Ministerio de Relaciones Extranjeras con la colaboración del Real Instituto de Arqueología e Historia del Arte. La idea parece haber sido sugerida por Gioacchino Volpe, quien probablemente elaboró el programa de la obra. En un discurso en la Academia, Volpe anticipó este trabajo.* En el programa se lee: "La historia del Genio italiano en el extranjero, que queremos narrar, desatiende los tiempos antiguos separados de nosotros por siglos oscuros, y parte de la civilización que, surgida después del año 1000, ha llegado a nuestros días, si bien con estancamientos y perturbaciones, renovada por conquistas ideales y políticas de las que se deriva la actual unidad del alma y de la patria italiana. Será una obra objetiva, libre de antagonismos y polémicas, pero justa en la celebración de lo que el genio italiano, considerado en su compleja totalidad, ha obrado en el mundo para el bien de todos". La obra estará dividida en doce series que están indicadas en orden sucesivo, advirtiéndose que cada serie deberá comprender uno o más volúmenes distribuidos según el criterio geográfico. Las doce series serian: l) Artistas de todas las artes, 2) Músicos, 3) Literatos, 4) Arquitectos militares, 5) Hombres de guerra, 6) Marinos, 7) Exploradores y viajeros, S) Príncipes, 9) Políticos, 10) Santos sacerdotes misioneros, 11) Doctos [sabios], 12) Banqueros, comerciantes, colonizadores. La obra estará ricamente ilustrada. La Comisión Directiva está compuesta por el profesor Giulio Quirino Giglioli, S. E. Vincenzo Lojacono y el senador Corrado Rici. Secretario General de la Comisión es el Barón Giovanni di Siura. La edición será de 1.000 ejemplares, de los que 50 serán de lujo. (Estas noticias fueron tomadas del Marzocco del 6 de marzo de 1932.

* Giocchino Volpe en el artículo (discurso) "Il primo anno dell'Accademia d'Italia" (Nuova Antologia, 16 de junio de 1930) entre los libros de historia que la Academia (Sección de Ciencias morales e históricas) desearía que fuesen escritos, dice en la p. 494: "O dedicados a aquella admirable irradiación de nuestra cultura que se dio entre los siglos XV y XVII, de Italia hacia Europa, mientras de Europa fluían hacia Italia las nuevas invasiones y dominaciones".

En la publicación Italia che scrive de octubre de 1929, Dino Provenzal, en la sección "Libros para hacer", propone Una storia degli italiani fuori d'Italia, y escribe: "Cesare Balbo ya lo señalaba hace muchos años, como dice Croce * en su reciente Historia de la Edad Barroca en Italia. Quien recoja amplia información, segura y documentada de la obra de nuestros connacionales desterrados, o simplemente emigrados, estará en condiciones de mostrar un aspecto todavía ignorado de la capacidad que los italianos siempre han poseído para difundir ideas y construir obras en cualquier lugar del mundo. Croce, al recordar el proyecto de Balbo, dice que esa no sería historia de Italia. Según nosotros lo entendemos, sí sería historia del pensamiento y del trabajo italiano".

* Benedetto, 1866-1952, filósofo, historiador y político, antifascista declarado (como senador), de posición ateísta y anticlerical, a pesar de su formación teológica católica, más hegeliano que marxista, presidente del partido Liberal en el 47.

Ni Croce ni Provenzal comprenden lo que verdaderamente debería ser esa investigación. Ver y estudiar esta parte de Croce, que considera el fenómeno, me parece, demasiado ligado (o ligado exclusivamente) a la Contrarreforma y a las condiciones de Italia en el 1600. Ahora bien, lo cierto es que la Contrarreforma automáticamente acentuó el carácter cosmopolita de los intelectuales italianos y su separación de la vida nacional; Botero, Campanella. etc., son políticos "europeos", etcétera.

De un artículo de Arturo Pompeati ("Tre secoli d'italianismo in Europa", Marzocco, 6 de marzo de 1932) sobre el volumen de Antero Meozzi titulado "Azione e diffusione della letteratura italiana in Europa" (siglos XV-XVII, Pisa, Vallerina, 1932, pp. XXXII-304: "Es el primer volumen de una serie. El libro está compuesto por tres largos capítulos: Los italianos en el extranjero, Extranjeros en Italia y Las vías de difusión del italianismo. Capítulo por capítulo, las subdivisiones son metódicas: país por país, corrientes, grupos, escritores y no escritores emigrados de Italia o a Italia, y en el último capítulo los traductores, los divulgadores, los imitadores de nuestra literatura, género, autor por autor. El libro desarrolla un repertorio de nombres, a los que en las notas se agrega la bibliografía relativa. Se encuentran así los materiales de la "hegemonía" literaria italiana, que duró justamente tres siglos, desde el XV al XVII, cuando comenzó la reacción anti-italiana: después no se puede hablar más de influjo italiano en Europa".

La expresión "hegemonía" aquí no corresponde porque los intelectuales italianos no ejercieron influjo como grupo nacional sino cada individuo directamente y no por emigración en masa. Pompeati elogia el libro de Meozzi, tanto por la recopilación de materiales como por los criterios de investigación y por la ideología moderada. Es evidente que en muchos aspectos Meozzi se plantea problemas inexistentes o retóricos. En cambio Croce es muy severo en la Critica de mayo de 1931. Allí sostiene Croce que el libro de Meozzi es una insignificancia inútil, una árida recopilación de nombres y de noticias ni nuevas ni extraordinarias: "El autor ha compilado datos de libros y de artículos conocidísimos, pero al no realizar investigaciones originales en ninguno de los variados campos en que incursiona y al no ser práctico en ellos, ha compilado sin discernimiento". "También la exactitud material de las noticias y citas deja bastante que desear." Croce señala algunos errores de hecho y de método muy graves. Sin embargo, el libro de Meozzi podría ser útil para este tema como material de primera aproximación.

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