Individuos y naciones.

A propósito de la cuestión de las glorias nacionales ligadas a las invenciones de los individuos geniales, pero cuyos descubrimientos e invenciones, sin embargo, no han encontrado aplicación o reconocimiento en el país de origen, se puede observar: que las invenciones y descubrimientos pueden ser, y lo son con frecuencia, no solamente casuales sino que los mismos inventores pueden estar ligados a corrientes culturales y científicas que han tenido origen y desarrollo en otros países, en otras naciones. Por eso un descubrimiento o una invención pierde el carácter individual y casual y puede ser considerado nacional cuando el individuo está estrecha y necesariamente ligado a una organización de cultura que tiene caracteres nacionales o cuando la invención es perfeccionada, aplicada y desarrollada en todas sus posibilidades por la organización cultural de la nación de origen. Fuera de estas condiciones no queda más que el elemento "raza", es decir, esa entidad abstracta e imponderable que, por otra parte, puede ser reivindicada por todos los países y que en último análisis se confunde con la llamada "naturaleza humana". Se puede, entonces, llamar "nacional" al individuo que surge a partir de la realidad concreta nacional o que inicia una etapa determinada de la operatividad práctica o teórica nacional. Además, habría que poner en claro que un nuevo descubrimiento que se convierte en una cosa inerte, no es un valor; la "originalidad" consiste tanto en "descubrir" cuanto en "perfeccionar", en "desarrollar" y en "socializar", es decir, en la transformación en elemento de civilización universal, y justamente en este campo se manifiesta la energía nacional, que es colectiva y que es el conjunto de las relaciones internas de una nación.

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