Giovanni Rizzi, es decir, el italiano mezquino.

Louis Reynaud, que debe ser un discípulo de Maurras [Charles, 1868-1952, fascista francés], ha escrito un libro titulado: Le Romantisme des origines anglo-germaniques. Influences étrangères et traditions nationales. Le réveil du génie français); Collin, París. Expone difusamente una tesis propia del nacionalismo integral: que el romanticismo es contrario al genio francés y que se trata de una importación extranjera, germánica y anglo-alemana. En esta proposición, para Maurras e indudablemente también para Reynaud, Italia está y debe estar con Francia, y en general las naciones católicas, el catolicismo, son solidarios contra las naciones protestantes, el latinismo contra el germanismo. El romanticismo es una infección de origen germánico, infección para la latinidad, sobre todo para Francia, que ha sido su víctima mayor. En sus países de origen, Inglaterra y Alemania, el romanticismo no tiene o no ha tenido consecuencias, pero en Francia se ha convertido en el espíritu de sucesivas revoluciones desde 1789 en adelante, ha destruido o devastado la tradición, etc., etc.

Ahora bien, he aquí cómo el profesor Giovanni Rizzi, autor de un libro al parecer sumamente mediocre sobre el 1500 (no hay pues que sorprenderse del modo como trata las corrientes de pensamiento y de sentimientos) considera el trabajo de Reynaud en un artículo ("Il romanticismo francese e l'Italia") publicado en Libri del giorno de junio de 1929. Rizzi ignora los "antecedentes", ignora que el libro de Reynaud es más político que literario e ignora las proposiciones del nacionalismo integral de Maurras en el campo de la cultura y por eso va a buscar con su lamparita de italiano mezquino las huellas de Italia en el libro. ¡Por Baco! ¡Italia no se encuentra allí, entonces ha sido descuidada, ha sido desconocida! "Es verdaderamente singular el silencio casi absoluto que se guarda con respecto a todo lo que se refiere a Italia. Se diría que para él (Reynaud) Italia no existe, ni ha existido jamás; sin embargo, se la debe haber encontrado delante de sus ojos a cada momento." Reynaud recuerda que la civilización europea del 1600 es francesa. Pero comenta Rizzi: "¿Acaso se necesitaba un esfuerzo heroico para notar todo lo que la Francia del 1600 debe a la Italia del 1500? Pero Italia no existe para nuestros buenos hermanos de más allá de los Alpes". ¡Qué melancolía! Reynaud escribe: "Los ingleses y luego los alemanes nos comunicaron su superstición de lo antiguo". Y dice Rizzi: "¡Oh, miren de donde le viene a Francia la adoración de los antiguos! ¡de Inglaterra y de Alemania! ¿Y el Renacimiento italiano, con su maravillosa potencia de difusión en Europa y también en Francia? Borrado de la historia..." Otros ejemplos son igualmente divertidos. "Ostentada o inconsciente indiferencia o ignorancia con respecto a Italia" que según Rizzi no le agrega valor a la obra, sino que, en ciertos aspectos, la menoscaba y disminuye grandemente. Conclusión: "Pero nosotros, que somos los hijos primogénitos o, mejor (según el pensamiento de Balbo) unigénitos de Roma, nosotros somos señores de raza y no realizamos pequeñas venganzas", etc., etc., y entonces reconoce que la obra de Reynaud es ordenada, aguda, docta, clarísima, etc., etc.

Reír o llorar. Recuerdo este episodio: al hablar de un gran personaje, un articulista recordaba que un antecesor del héroe era recordado por Dante en la Divina Comedia, "este libro de la nobleza italiana". Efectivamente era recordado, aunque en un foso del infierno; pero el italiano mezquino no advierte, por su manía de grandeza de hombre noble en decadencia, que Reynaud al no hablar de Italia en su libro ha querido, desde su punto de vista, hacerle el mayor homenaje. ¡Pero a Rizzi, en cambio, le importa que Manzoni sólo haya sido recordado en una notita al pie de página!

www.gramsci.org.ar