Acerca del protestantismo en Italia.

Referencia a la corriente intelectual contemporánea que sostiene el principio de que las debilidades de la nación y del Estado italiano se deben a la falta de una reforma protestante, corriente representada especialmente por Missiroli. Missiroli, como puede comprobarse, toma su tesis de Sorel, el que a su vez la había tomado de Renan [Ernest, 1823-1892] (ya que Renan había sostenido una tesis similar, adaptada a Francia y más compleja, en su libro La Riforma intellettuale e morale). En Critica de 1931 fue publicado en varias partes un ensayo inédito de Sorel titulado "Germanesimo e storicismo di Ernesto Renan", escrito (fechado) en mayo de 1915 y que habría debido servir de introducción a la versión italiana del libro de Renan La Riforma intellettuale e morale que tenía que traducir Missiroli y que iba a publicar Laterza. La traducción de Missiroli no fue publicada y es fácil comprender por qué: en mayo de 1915 Italia entró en la guerra y entonces el libro de Renan, con prefacio de Sorel, habría sido un acto germanófilo. De todos modos se puede afirmar que la posición de Missiroli sobre la cuestión del "protestantismo en Italia" es una deducción mecánica de las ideas críticas de Renan y de Sorel sobre la formación y las necesidades de la cultura francesa. No se excluye el hecho de que Missiroli probablemente conocía también las ideas de Masaryk sobre la cultura rusa (por lo menos conocía el ensayo sobre Masaryk de Antonio Labriola [1843-1904, filósofo socialista, antirevisionista de Marx, influyó en B. Croce]; * ¿pero acaso Labriola menciona esta tesis "religiosa"? --me parece que no) y en 1918 conoció en el Grido del Popolo el ensayo de Masaryk con la mención a la tesis religiosa, publicado en Kampf de Viena en 1914 y por mí traducido en el Grido (también Goberti conocía este ensayo). Las críticas hechas a Masaryk en este ensayo, metodológicamente, se acercan a las que hiciera Croce ** a los sostenedores de "reformas protestantes" y resulta extraño que esto no haya sido visto por Gobetti (del que no se puede decir, a diferencia de Missiroli, que no comprendiera este problema de modo concreto, como lo demostraban sus simpatías político-prácticas). En cambio sería necesario suprimir a Missiroli, que es un papel secante de algunos elementos culturales franceses.

* Th. G. Masaryk: Die philosophischen und soziologischen Grundlagen des Marxismus - Studien zur sozialen Frage (Viena) edición alemana citada por Labriola.

El ensayo de Antonio Labriola aparecido en la Rivista italiana di sociologia (fasc. III, 1899) que antes había formado parte de su obra Concezione materialistica della storia, figura en apéndice en la tercera edición del volumen Discorrendo di socialismo e di filosofia, edición italiana, Laterza, Bari, 1939 (N. del E.)

** Benedetto, 1866-1952, filósofo, historiador y político, antifascista declarado (como senador), de posición ateísta y anticlerical, a pesar de su formación teológica católica, más hegeliano que marxista, presidente del partido Liberal en el 47.

Del ensayo de Sorel se desprende también una extraña tesis sostenida por Proudhon a propósito de la reforma intelectual y moral del pueblo francés (en su obra Renan se interesa por la cultura de las altas clases y tiene para el pueblo un programa particular, es decir: confiar su educación a los párrocos de campaña), que se acerca a la de Renan en lo referente al pueblo. Sorel sostiene que Renan había conocido esta posición de Proudhon y que fue influido por ella: las tesis de Proudhon se encuentran contenidas en la obra La justice dans la Révolution et dans l'Eglise, tomo V, pp. 342-344, y según ellas se tendría que llegar a una reforma intelectual y moral del pueblo francés con la ayuda del clero, que con el lenguaje y el simbolismo religioso concretarían y asegurarían las verdades "laicas" de la Revolución. Proudhon, en el fondo, a pesar de sus extravagancias es más concreto de lo que puede parecer; en efecto, parece persuadido de que es necesario una reforma intelectual en sentido laico ("filosófico" como él dice), pero no acierta a encontrar otro medio didáctico que la intervención del clero. También para Proudhon el modelo es el protestante, es decir, la reforma moral e intelectual cumplida en Alemania, por el protestantismo, que él deseaba ver reproducida en Francia, en el pueblo francés, pero con mayor respeto por la tradición histórica francesa contenida en la Revolución. La posición de Sorel también es extraña a este respecto: su admiración por Renan y por los alemanes le hace ver los problemas desde un punto puramente intelectual y abstracto.

Este problema del protestantismo no se debe confundir con el problema "político" que se presentara en el período del Risorgimento, cuando muchos liberales, por ejemplo los de la Perseveranza, se sirvieron del fantasma del protestantismo para hacer presión sobre el Papa a propósito del poder temporal y de Roma.

De modo que al tratar el problema religioso en Italia es menester distinguir en primer lugar dos órdenes fundamentales de hechos: 1) el real, efectivo, por el que se dan en la masa popular movimientos de reforma intelectual y moral, ya sea como pasaje del catolicismo ortodoxo y jesuítico a formas religiosas más liberales, o ya sea como evasión del campo confesional por una concepción moderna del mundo; 2) las diversas actitudes de los grupos Intelectuales hacia una necesaria reforma intelectual y moral.

La corriente de Missiroli es la menos seria de todas, la más oportunista, la más diletante y despreciable por la persona de su corifeo [líder].

Por lo tanto, para cada una de estas cuestiones es necesario distinguir varias épocas: la época del Risorgimento (con el liberalismo laico de un lado y el catolicismo liberal del otro); la época de 1870 a 1900, con el positivismo y el anticlericalismo masónico y democrático; la época de 1900 hasta la guerra, con el modernismo y el filosofismo idealista; la época que llega hasta el Concordato, con la organización política de los católicos italianos; y la época posterior al Concordato [1929, entre Mussolini y el papado, se crea el Vaticano], con una nueva posición del problema tanto para los intelectuales como para el pueblo. Es innegable, no obstante el mayor poderío de la organización católica y el despertar de la religiosidad en esta última etapa, que muchas cosas están cambiando en el catolicismo al punto que la jerarquía eclesiástica se ha alarmado, porque no consigue controlar estas transformaciones moleculares, junto a una nueva forma de anticlericalismo, más refinada y profunda que la de 1800; hay un mayor interés por las cosas religiosas por parte de los laicos, que al tratar la cuestión no tienen un espíritu educado con el rigor hermenéutico [interpretación de los textos antiguos] de los jesuitas y que con frecuencia están en las fronteras de la herejía, del modernismo y del escepticismo elegante. "Esto es demasiado" para los jesuitas, que preferirían que los laicos se interesasen en la religión sólo para cumplir el culto.

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