La cuestión de los jóvenes.

Existen muchas "cuestiones" de los jóvenes. Dos me parecen de especial importancia: 1) la generación "vieja" realiza siempre la educación de los "jóvenes"; podrá haber conflictos, discordias, etc., pero son esos fenómenos superficiales propios de cada obra educativa y de represión, a menos que se trate de interferencias de clase, es decir, que los jóvenes (o una buena parte de ellos) de la clase dirigente (en el sentido más amplio, no sólo económico sino también político y moral) se rebelan y pasan a la clase progresista que se ha tornado históricamente capaz de tomar el poder; pero en este caso se trata de "jóvenes" que de la dirección de los "viejos" de una clase pasan a la dirección de los "viejos" de otra clase; pero en ambos casos subsiste la subordinación real de los "jóvenes" a los "viejos" como generación, si bien con las diferencias de temperamento y de vivacidad antes señaladas; 2) cuando el fenómeno asume un carácter llamado "nacional", es decir, que no aparece abiertamente la interferencia de clase, entonces la cuestión se complica y se hace caótica. Los "jóvenes" se encuentran en situación de rebelión permanente, porque persisten las causas profundas de la misma, sin que sea posible el análisis, la crítica y la superación (no conceptual y abstracta, sino histórica y real); los "viejos" dominan de hecho pero ... après moi le déluge [después de mí el diluvio], no consiguen educar a los jóvenes y no pueden prepararlos para la sucesión. ¿Por qué? Esto significa que existen todas las condiciones para que los "viejos" de otra clase deban dirigir a estos jóvenes, pero, sin embargo, no pueden hacerlo por razones exteriores a ellos de presión político-militar. La lucha, de la que se sofocan las expresiones externas más normales, se adhiere como una gangrena destructora a la estructura de la vieja clase, debilitándola y carcomiéndola: entonces asume formas morbosas, de misticismo, de sensualismo, de indiferencia moral, de degeneración patológica, psíquica y física, etc. La vieja estructura no contiene ni consigue satisfacer las nuevas exigencias, por eso la desocupación permanente o semipermanente de los llamados intelectuales es uno de los fenómenos típicos de esta insuficiencia, que asume, para la mayoría de los jóvenes, duros caracteres ya que no deja "horizontes abiertos". Además, esta situación condiciona a los "cuadros cerrados" de carácter feudal-militar, es decir que agudiza por sí misma los problemas que no sabe resolver.

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