Sobre la tradición nacional italiana.

Cfr. el artículo de B. Barbadoro en Marzocco del 26 de septiembre de 1926, a propósito de la segunda Liga lombarda y de su exaltación como "primer conato por la independencia de la estirpe y liberación de la opresión extranjera que prepara los fastos del Risorgimento". Barbadoro ponía en guardia contra esta interpretación y observaba que la "misma fisonomía histórica de Federico II es bien distinta de la de Barbarroja y otra es la política italiana del segundo suevo [tribus germánicas del siglo III]: amo del Mediodía [sur] de Italia, cuya historia estuvo separada durante siglos del resto de la península, pareció en cierto momento que la restauración de la autoridad imperial en el centro y en el norte llevaría finalmente a la formación de una vigorosa monarquía nacional". En Marzocco del 16 de diciembre de 1928 Barbadoro, en una breve nota, recuerda esta afirmación suya a propósito de un amplio estudio de Miguel Angel Schipa publicado en el Archivo histórico de las provincias napolitanas en el que el asunto queda plenamente demostrado. Esta corriente de estudios es muy interesante para comprender la función histórica de las Comunas y de la primera burguesía italiana, que disgregó la unidad existente, sin saber o sin poder sustituirla por una nueva unidad propia; el problema de la unidad territorial ni siquiera fue planteado o sospechado, y este florecimiento burgués no tuvo continuidad, se vio interrumpido por las invasiones extranjeras. El problema es muy interesante desde el punto de vista del materialismo histórico y me parece que con él pueden relacionarse las funciones internacionales de los intelectuales italianos. ¿Por qué los núcleos burgueses que se formaron en Italia, que alcanzaron la completa autonomía política, no tuvieron la misma iniciativa que los Estados absolutos en la conquista de América y en la apertura de nuevos derroteros?

Se dice que un elemento de la decadencia de las repúblicas italianas ha sido la invasión turca, que interrumpió o por lo menos desorganizó el comercio con el Levante, y el desplazamiento del eje histórico mundial del Mediterráneo al Atlántico, por el descubrimiento de América y la circunnavegación de Africa. Pero ¿por qué Cristóbal Colón sirvió a España y no a una república italiana? ¿Por qué los grandes navegantes italianos sirvieron a otros países? La razón de todo esto debe buscarse en la misma Italia, y no en los turcos o en América. La burguesía se desarrolló mejor, en este período, con los estados absolutos, es decir, teniendo un poder indirecto y no todo el poder. He ahí el problema, que debe ser ligado a la cuestión de los intelectuales: los núcleos burgueses italianos, de carácter comunal, estuvieron en condiciones de elaborar una categoría propia de intelectuales, pero no de asimilar las categorías tradicionales de intelectuales (especialmente el clero), que en cambio mantuvieron y acrecentaron su carácter cosmopolita. Mientras que los grupos burgueses no italianos, por medio del estado absoluto, obtuvieron este fin muy fácilmente, ya que absorbieron a los mismos intelectuales italianos. Tal vez esta tradición histórica explica el carácter monárquico de la burguesía moderna italiana y puede servir para comprender mejor el Risorgimento.

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