Diarios del Estado.

Es interesante lo que Napoleón II dijo sobre el periodismo al periodista inglés Mels Cohr, * durante su prisión en Alemania. Napoleón habría querido hacer del diario oficial un periódico modelo, que se enviaría gratuitamente a cada lector, con la colaboración de las plumas más ilustres del momento y con las informaciones más seguras y mejor establecidas de todas las partes del mundo. La polémica estaría excluida y quedaría relegada a los diarios particulares, etc.

* Cfr. Paul Guériot, La captivité de Napoléon III en Allemagne, Perrin, París, p. 250.

La concepción del diario oficial está ligada lógicamente a las estructuras no-liberales (es decir, aquellas en que la sociedad civil se confunde con la sociedad política), sean ellas despóticas o democráticas (en las primeras, la minoría oligárquica pretende ser toda la sociedad; en las segundas, el pueblo indiferenciado pretende o cree ser verdaderamente el Estado). Si la escuela es estatal, ¿por qué no ha de ser también estatal el periodismo, que es la escuela de los adultos?

Napoleón argumentaba partiendo del concepto de que si es verdad el axioma jurídico que dice que la ignorancia de las leyes no es excusa para la imputabilidad, el Estado debe tener gratuitamente informados a los ciudadanos de toda su actividad, debe educarlos: argumento democrático que se convierte en justificación de la actividad oligárquica. El argumento tiene, no obstante, su valor: puede ser "democrático" en las sociedades en que la unidad histórica de sociedad civil y de sociedad política se entiende dialécticamente (en la dialéctica real y no sólo en la conceptual) y en que se concibe al Estado como superable por la "sociedad regulada": en esta sociedad el partido dominante no se confunde orgánicamente con el gobierno, sino que es el instrumento para el pasaje de la sociedad civil política a la "sociedad regulada" porque absorbe en sí a ambas para superarlas (no para perpetuar la contradicción), etc.

A propósito del régimen periodístico bajo Napoleón III, se debe recordar el episodio del prefecto de policía que llamó la atención a un periodista porque en un artículo sobre los abonos no había dicho resueltamente qué abono era el mejor; esto contribuía a mantener la incertidumbre en el público y era por eso vituperable y digno de reclamo por parte de la policía.

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