Diarios de información y diarios de opinión.

En lo que sigue puede apreciarse cómo se describen en los Annali dell' Italia catolica del año 1926, los diversos tipos de diarios, con referencia a la prensa católica: "En sentido amplio un diario católico (o más bien escrito por católicos) es el que no contiene nada contra la doctrina y la moral católica, cuyas normas sigue y defiende. Dentro de ese cuadro el diario puede perseguir fines políticos, económicos-sociales o científicos. En cambio el diario católico en sentido estricto es el que, de acuerdo con la Autoridad Eclesiástica, tiene como propósito directo un eficaz apostolado social cristiano al servicio de la Iglesia y en apoyo de la Acción Católica. El mismo, por lo menos implícitamente, está bajo la responsabilidad de la Autoridad Eclesiástica, y por ello debe seguir sus normas y directivas".

Resumiendo, se distingue el diario llamado de "información", o "sin partido" declarado, del diario de opinión, del órgano oficial de un determinado partido; el diario para las masas populares o "diario popular" del que está dedicado a un público más limitado.

En la historia de la técnica periodística, en cierto sentido puede •considerarse "ejemplar" el Piccolo de Trieste, al menos tal como aparece en el libro que Silvio Benco dedica a la historia de este diario (con referencia a la legislación austríaca sobre publicaciones, a la posición del irredentismo italiano en Istria [península al norte del mar Adriático] y a la relación entre la masa popular nacional y la dirección política del nacionalismo italiano, etc.).

En otros aspectos es muy interesante el Corriere della Sera durante el período giolittiano [Giovanni Giolitti, 1842-1928, 1er. ministro de 1901 al 14] o liberal en general, si se tiene en cuenta la situación periodística y político-cultural italiana, completamente distinta de la francesa y distinta en general de la de otros países europeos. La división neta que existe en Francia entre diarios populares y diarios de opinión no puede existir en Italia, donde falta un centro tan populoso y culturalmente dominante como París (donde es menos "indispensable" el diario político aun en las clases superiores y llamadas cultas). Además, se debe notar que el Corriere, a pesar de ser el diario más difundido del país, no ha sido nunca explícitamente oficialista a no ser por muy breve tiempo y a su manera: para ser "estatal" casi siempre tenía que ser antioficialista, expresando de ese modo una de las más notables contradicciones de la vida nacional.

Sería útil investigar en la historia del periodismo italiano las razones técnicas y político-culturales de la fortuna que tuvo durante cierto tiempo el viejo Secolo de Milán. Me parece que en la historia del periodismo italiano se pueden distinguir dos períodos: el período "primitivo" se caracteriza por la indistinción genérica político-cultural que hizo posible la gran difusión del Secolo con su programa de vago "laicismo" (en contra del influjo clerical) y de vago "democratismo" (en contra del influjo preponderante en la vida estatal de las fuerzas de derecha); además, el Secolo fue el primer diario italiano "moderno" con servicios del extranjero, con abundante información y con crónica europea; el período posterior abarca la transformación en que se "nacionalizan" en sentido popular las fuerzas de derecha y el Corriere reemplaza al Secolo con gran difusión; el vago laicismo democrático del Secolo se convierte en el Corriere en un unitarismo nacional más concreto, el laicismo es menos vulgar y excesivo y el nacionalismo menos populista y democratizante.

Es interesante observar cómo ninguno de los partidos que se distinguieron del populismo sin forma del Secolo intentó recrear la unidad democrática en un plano político-cultural más elevado y concreto que el plano precedente primitivo; esta tarea se abandonó sin lucha a los conservadores del Corriere. Y, sin embargo, ésa debería ser la tarea, luego de todo proceso de clarificación y distinción, a saber: recrear la unidad, quebrada con el movimiento progresista, en un plano superior, por obra de la élite que desde lo indistinto y genérico ha logrado conquistar una personalidad más concreta, ejerciendo una función directiva sobre el viejo complejo del cual se ha distinguido y separado. El mismo proceso se produjo en el mundo católico luego de la formación del Partido Popular, "distinción" democrática que las derechas consiguieron subordinar a sus propios programas. En uno y otro caso los pequeño-burgueses, a pesar de ser mayoría entre los intelectuales dirigentes, fueron separados por los elementos de la clase fundamental: en el campo laico los industriales del Corriere, en el campo católico la burguesía agraria unida a los grandes propietarios aventajan a los profesionales de la política del Secolo y del Partido Popular que, no obstante, representan a las grandes masas de los dos campos, los semiproletarios y los pequeño-burgueses de la ciudad y del campo.

www.gramsci.org.ar