La doctrina de las ideologías políticas.

Uno de los puntos que más interesa examinar y profundizar es la doctrina crociana de las ideologías políticas. No basta para ello leer los Elementos de política con su apéndice, sino que es necesario investigar las rescisiones publicadas en la Critica.*

* Entre otras, aquella sobre el opúsculo de Malagodi respecto de Las Ideologías políticas, uno de cuyos capítulos está dedicado a Croce; estos escritos sueltos serán recogidos en el volumen III y IV de las Conversaciones críticas.

Croce, después de haber sostenido, en Materialismo histórico y economía marxista, que la filosofía de la praxis no era más que un modo de decir y que había hecho bien Lange al no hablar de ella en su historia del materialismo,* en determinado momento cambió radicalmente de idea para poner el acento en su nueva revisión incluso de la definición del profesor Stammler sobre Lange, y que Croce mismo, en su Materialismo histórico y economía marxista, (4ta. ed., p. 118), refiere de esta manera: "Como el materialismo filosófico no consiste en afirmar que los hechos corporales tienen eficacia sobre los espirituales, sino en hacer de estos últimos una mera apariencia irreal de los primeros, así la 'filosofía de la praxis' debe consistir en la afirmación de que la economía es la verdadera realidad y el derecho es innegable apariencia". Ahora, también para Croce las superestructuras son meras apariencias e ilusiones; ¿pero esta mutación de Croce es razonada y corresponde, especialmente, a su actividad de filósofo?

* Sobre las relaciones de Lange con la filosofía de la praxis, que fueron muy oscilantes e inciertas, debe verse el ensayo de R. D'Ambrosio,, "La dialéctica de la naturaleza", en la Nuova Rivista Storica, vol. de 1932, pp. 223-252.

La doctrina de Croce sobre las ideologías políticas es de evidentísima derivación de la filosofía de la praxis; éstas son construcciones prácticas, instrumentos de dirección política; así, se podría decir que las ideologías son para los gobernados meras ilusiones, un engaño sufrido, en tanto que para los gobernantes son un engaño querido y consciente. Para la filosofía de la praxis, las ideologías no son ciertamente arbitrarias; son hechos históricos reales que es preciso combatir y develar en su naturaleza de instrumentos de dominio, no por razones de moralidad, etc., sino justamente por razones de lucha política; para tornar intelectualmente independientes a los gobernados de los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento necesario de la subversión de la praxis. Parece que a la interpretación materialista vulgar se acerca más Croce que la filosofía de la praxis.

Para la filosofía de la praxis las superestructuras son una realidad (o se tornan realidad cuando no son puras lucubraciones individuales), objetiva y operante; ella afirma explícitamente que los hombres toman conciencia de su posición social y, por lo tanto, de sus objetivos, en el terreno de las ideologías, lo que no es una pequeña afirmación de realidad; la misma filosofía de la praxis es una superestructura, es el terreno en que determinados grupos sociales toman conciencia de su propio ser social, de sus fuerzas, de sus objetivos, de su devenir. En este sentido es justa la afirmación del mismo Croce (Materialismo histórico y economía marxista, 4ta. ed., p. 118) de que la filosofía de la praxis "es historia hecha e in fieri".

Hay, sin embargo, una diferencia fundamental entre la filosofía de la praxis y las otras filosofías: las otras ideologías son creaciones inorgánicas en tanto que contradictorias, porque están dirigidas a conciliar intereses opuestos y contradictorios; su "historicidad" será breve porque la contradicción aflora después de cada acontecimiento del que han sido instrumento. La filosofía de la praxis, en cambio, no trata de resolver pacíficamente las contradicciones existentes en la historia y la sociedad; antes bien, es la teoría de tales contradicciones. No es el instrumento de gobierno de grupos dominantes para tener el consentimiento y ejercitar la hegemonía sobre clases subalternas, sino que es la expresión de estas clases subalternas, que desean educarse a sí mismas en el arte de gobierno y que tienen interés en conocer todas las verdades, aun las desagradables, y evitar los engaños (imposibles) de la clase superior y tanto más de sí mismas. La crítica de las ideologías, en la filosofía de la praxis, aborda al conjunto de las superestructuras y afirma su caducidad rápida en cuanto tienden a esconder la realidad, es decir, la lucha y la contradicción, aun cuando sean "formalmente" dialécticas (como el crocismo), es decir, aun cuando desplieguen una dialéctica especulativa y conceptual y no vean la dialéctica en el devenir histórico mismo.

Véase un aspecto de la posición de Croce, que en el prefacio de 1917 al Materialismo histórico y economía marxista escribe que al fundador de la filosofía de la praxis "debemos nuestra gratitud por habernos ayudado a tornarnos insensibles a las graciosas seducciones de la diosa Justicia y la diosa Humanidad". ¿Y por qué no de la diosa Libertad? También ésta ha sido deificada por Croce, que se convirtió en el pontífice de una religión de la libertad.

Es de notarse que el significado de ideología en Croce y en la filosofía de la praxis no es el mismo. En Croce el significado es estrecho y un poco indefinible, si bien por su concepto de "historicidad" también la filosofía adquiere el valor de una ideología. Se puede decir que para Croce existen tres grados de libertad: el liberalismo económico y el liberalismo político, que no son ni la ciencia económica ni la ciencia política (si bien en relación al liberalismo político de Croce es menos explícito), sino "ideologías políticas" inmediatas: la religión de la libertad, cl idealismo. Incluso la religión de la libertad, estando, como toda concepción del mundo, vinculada necesariamente a una ética que le es conforme, no debería ser ciencia, sino ideología. Ciencia pura sería sólo el idealismo, puesto que Croce afirma que todos los filósofos, en cuanto tales, no pueden más que ser idealistas, lo quieran o no lo quieran.

El concepto sobre el valor concreto (histórico) de las superestructuras de la filosofía de la praxis debe ser profundizado, vinculándolo al concepto soreliano de "bloque histórico". Si los hombres adquieren conciencia de su posición social y de sus objetivos en el terreno de las superestructuras, ello significa que entre estructura y superestructura existe un nexo vital y necesario. Debería estudiarse contra qué corrientes historiográficas ha reaccionado la filosofía de la praxis en el momento de su fundación y cuáles eran las opiniones más difundidas en ese tiempo, también en relación con las otras ciencias; las mismas imágenes y metáforas a las que recurren a menudo los fundadores de la filosofía dela praxis dan indicios al respecto. Por ejemplo, la afirmación de que la economía es para la sociedad lo que la anatomía es para las ciencias biológicas. Debe recordarse la lucha que en las ciencias naturales se produjo para expulsar del terreno científico principios de clasificación basados en elementos exteriores y frágiles. Si los animales fuesen clasificados por el color de la piel, del pelo o de las plumas todos hoy protestarían. En el cuerpo humano no se puede decir que la piel (y también el tipo de belleza física históricamente predominante) sean meras ilusiones, y que el esqueleto y la anatomía sean la única realidad; sin embargo, durante mucho tiempo se ha dicho algo parecido. Sosteniendo el valor de la anatomía y la función del esqueleto, nadie ha querido afirmar que el hombre (y tanto menos la mujer) puedan vivir sin los primeros. Continuando con la metáfora, se puede decir que no es el esqueleto (en sentido estrecho) el que hace enamorarse de una mujer, pero sin embargo se comprende cuánto contribuye el esqueleto a la gracia de los movimientos, etcétera.

Otro elemento contenido en el prefacio del Zur Kritik debe vincularse a la reforma de la legislación procesal y penal. Está dicho en el prefacio que así como no se juzga un individuo por lo que piensa de sí mismo, así no se debe juzgar a una sociedad por las ideologías. Se puede quizá decir que esta afirmación está vinculada con la reforma por la cual, en los juicios penales, las pruebas testimoniales y materiales han terminado por reemplazar las afirmaciones del imputado con relativa tortura, etcétera.

Refiriéndose a las llamadas leyes naturales y al concepto de naturaleza (derecho natural, estado natural, etc.), "que apareció en la filosofía en el siglo XVI, fue dominante en el siglo XVIII", Croce (Materialismo histórico y economía marxista, p. 93), afirma que "semejante concepción fue sacudida en verdad por la crítica de Marx, el cual, analizando el concepto de naturaleza, mostraba cómo fue el complemento ideológico del desenvolvimiento histórico de la burguesía, un arma potentísima, de la cual se valió contra los privilegios y las opresiones que buscaba abatir". Dicha observación sirve a Croce para hacer la siguiente afirmación metódica: "Este concepto podría haber surgido como instrumento para fin práctico y ocasional y ser, sin embargo, intrínsecamente verdadero. "Leyes naturales" equivale, en este caso, a "leyes racionales"; y la racionalidad y la excelencia de las mismas es lo que hay que negar. Ahora bien, precisamente por ser de origen metafísico, este concepto se puede rechazar radicalmente, pero no se puede refutar en particular. Desaparece con la metafísica de la que formaba parte y parece que hoy ha desaparecido de verdad. Paz a la "gran bondad" de las leyes naturales. El pasaje no es muy claro y sutil en su conjunto. Debe reflexionarse sobre el hecho de que en general (es decir, a veces) un concepto puede surgir como instrumento para un fin práctico y ocasional y ser al mismo tiempo intrínsecamente verdadero. Pero no creo que muchos puedan sostener que, cambiada una estructura, todos los elementos de la superestructura correspondiente deban caer necesariamente. Ocurre, al contrario, que de una ideología surgida para guiar a las masas populares y que, por lo tanto, no puede dejar de tener en cuenta algunos de sus intereses, sobrevivan más elementos; el mismo derecho natural, si ha desaparecido para las clases cultas, se ha conservado para la religión católica y en el pueblo es más vivaz de cuanto se pueda creer. Por lo demás, en la crítica del fundador de la filosofía de la praxis se afirmaba la historicidad del concepto, su caducidad; su valor intrínseco se limitaba a tal historicidad pero no era negado.

Nota I. Los fenómenos de la moderna descomposición del parlamentarismo ofrecerían muchos ejemplos sobre la función y el valor concreto de las ideologías. Como esta descomposición es presentada para esconder las tendencias reaccionarias de ciertos grupos sociales, es del más alto interés. Sobre este tema he escrito muchas notas esparcidas en varios cuadernos (por ejemplo, sobre el problema de la crisis del principio de autoridad, etc.).

Nota II. Sobre el concepto de "libertad". Hay que demostrar que, exceptuados los "católicos", todas las otras corrientes filosóficas y prácticas se desenvuelven en el terreno de la filosofía de la libertad y de la actuación de la libertad. Esta demostración es necesaria, porque es cierto que se ha formado una mentalidad deportiva, que ha hecho de la libertad un balón con el cual jugar al fútbol. Cualquier "recién venido" se ve a sí mismo como dictador, y el oficio de dictador parece fácil: dar órdenes imperiosas, firmar papeles, etc., puesto que se imagina que "por la gracia de Dios" todos obedecerán, y las órdenes verbales o escritas se convertirán en acción; el verbo se hará carne. Si así no fuese, esto quiere decir que será preciso esperar aún hasta que la "gracia" (es decir, las llamadas "condiciones objetivas") lo hagan posible.

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