Los orígenes "nacionales" del historicismo crociano.

Debe investigarse qué significa exactamente y cómo se justifica en Edgard Quinet la fórmula de la equivalencia de revolución-restauración en la historia italiana. Según Daniel Mattalia;* la fórmula de Quinet habría sido adoptada por Carducci a través del concepto giobertiano de "clasicidad nacional".** Es de verse si la fórmula de Quinet puede ser acercada a la "revolución pasiva" de Cuoco. Ambas, quizás, expresan el hecho histórico de la ausencia de una iniciativa popular unitaria en el desarrollo de la historia italiana y el otro hecho de que el desarrollo se ha verificado como reacción de las clases dominantes a la subversión esporádica, elemental, orgánica, de las masas populares, con "restauraciones" que han recogido una parte de las exigencias de abajo; por lo tanto son "revoluciones pasivas". Se podría decir que siempre se ha tratado de revoluciones del "hombre de Guicciardini" (en el sentido desanctiano), en las cuales los dirigentes han salvado siempre sus "particulares" intereses: Cavour habría "diplomatizado" la revolución del hombre de Guicciardini, y él mismo se acercaba al hombre de Guicciardini.

* "Gioberti en Caducci" en la Nueva Italia del 2 de noviembre de 1931. [Vincenso Gioberti, 1801-52, político y filósofo italiano, sacerdote, uno de los jefes del risorgimento romántico que culminó en el movimiento del 48].

** Rinnonamento, ed. Laterza, p. 87; Primato, ed. Utet, III, pp. 1, 5, 6, 7...

El historicismo de Croce no sería, por consiguiente, otra cosa que un moderantismo político, que plantea como único método de acción política aquel en el cual el progreso, el desarrollo histórico, resulta de la dialéctica de conservación e innovación. En el lenguaje moderno esta concepción se llama reformismo. La moderación de conservación y de innovación constituyen justamente el "clasicismo nacional" de Gioberti, así como constituyen el clasicismo literario y artístico de la última estética de Croce. Pero este historicismo de moderados y reformistas no es, de ninguna manera, una teoría científica; el "verdadero" historicismo es sólo el reflejo de una tendencia práctico-política, una ideología en sentido peyorativo. Y realmente, ¿por qué la "conservación" debe ser una determinada "conservación", determinado elemento del pasado' ¿Y por qué se es "irracionalista" y "antihistoricista" si no se conserva justamente dicho determinado elemento histórico? En realidad, si es cierto que el progreso es dialéctica de conservación y renovación, y que la renovación conserva el pasado superándolo, también es cierto que el pasado es cosa compleja, un conjunto de lo vivo y de lo muerto, en el cual la elección no puede ser hecha arbitrariamente, a priori, por un individuo o una corriente política. Si la elección es realizada de tal modo (sobre el papel), no puede tratarse de historicismo, sino de un acto de voluntad arbitrario, de la manifestación de una tendencia político-práctica, unilateral, que no puede dar fundamento a una ciencia, sino sólo a una ideología política inmediata. Lo que quiera conservarse del pasado en el proceso dialéctico no puede ser determinado a priori, sino que resultará del proceso mismo, tendrá un carácter de necesidad histórica, y no de elección arbitraria de parte de los llamados científicos y filósofos. Mientras tanto, debe observarse que la fuerza renovadora, en cuanto no es un acto arbitrario, no puede sino ser ya inmanente al pasado, no puede más que ser ella misma, en cierto sentido, el pasado, un elemento del pasado, lo que se halla vivo del pasado y en desarrollo; ella misma es conservación-innovación, contiene en sí íntegramente al pasado, digno de desarrollarse y perpetuarse. Para esta especie de historicistas moderados (y se entiende moderados en el sentido político, de clase, es decir, de las clases que obraron en la restauración después de 1815 y 1848) era irracional el jacobinisino: antihistoria era igual a jacobinismo. Pero ¿quién podrá probar jamás históricamente que los jacobinos se guiaban sólo por el arbitrio? ¿Y no es ya una proposición histórica trivial la que dice que ni Napoleón ni la Restauración han destruido los "hechos consumados" por los jacobinos? ¿O quizás el antihistoricismo de los jacobinos habría consistido en aquello que de sus iniciativas no se han "conservado" al 100 %, sino sólo en una proporción menor? No parece, que sea meritorio sostener esto, porque la historia no se reconstruye con cálculos matemáticos y, además, ninguna fuerza renovadora se realiza en forma inmediata, precisamente porque siempre es racionalidad e irracionalidad, arbitrio y necesidad, es "vida", es decir, tiene todas las debilidades y fuerzas de la vida, con sus contradicciones y antítesis.

Es preciso fijar bien esta relación del historicismo de Croce con la tradición moderada del Risorgimento y con el pensamiento reaccionario de la Restauración. Debe observarse cómo su concepción de la "dialéctica" hegeliana priva a ésta de todo vigor y grandeza, convirtiéndola en una cuestión escolástica de palabras. Croce repite hoy la función de Gioberti y a éste se aplica la crítica en la Miseria de la filosofía sobre la manera de no comprender el hegelianismo. Y sin embargo, este tema del historicismo es uno de los puntos y motivos permanentes de toda la actividad intelectual y filosófica de Croce, y una de las razones de su fortuna y de la influencia ejercitada por su actividad durante treinta años. En realidad, Croce se inserta en la tradición cultural del nuevo Estado italiano y toma la cultura nacional en sus orígenes, despojándola de sus características provincianas y depurándola de todas las escorias grandilocuentes y abigarradas del Risorgimento. Establecer con exactitud el significado histórico y político del historicismo crociano significa reducirlo a su real significado de ideología política inmediata, despojándola de la grandeza brillante que le es atribuida como manifestación de una ciencia objetiva, de un pensamiento sereno e imparcial, que se coloca por sobre todas las miserias y las contingencias de la lucha cotidiana, de una desinteresada contemplación del eterno devenir de la historia humana.

Y habrá que ver si, a su modo, cl historicismo crociano no es una forma, hábilmente enmascarada, de historia con designio, como todas las concepciones liberales reformistas. Si se puede afirmar genéricamente que la síntesis conserva lo que es vital todavía en la tesis, superada por la antitesis, no se puede afirmar, sin caer en lo arbitrario, que se conservará lo que a priori se considera vital, sin caer en el ideologismo, sin caer en la concepción de una historia con designio. ¿Qué es lo que sostiene Croce que debe conservarse de la tesis porque es vital? Como sólo raramente un político práctico, Croce se guarda bien de toda enumeración de instituciones prácticas y de concepciones programáticas que deban ser consideradas "intangibles"; sin embargo, ello puede ser deducido de su obra. Pero incluso si tal cosa no fuese factible, quedaría siempre la afirmación de que es "vital" e intangible la forma liberal del Estado, es decir, la forma que garantiza a toda fuerza política la posibilidad de moverse y de luchar libremente. Pero ¿cómo es posible confundir este hecho empírico con el concepto de libertad, es decir, de historia? ¿Cómo exigir que las fuerzas en lucha "moderen" la lucha para encuadrarse dentro de ciertos límites (los límites de la conservación del Estado liberal), sin caer en el arbitrio o en el designio preconcebido? En la lucha "los golpes no se dan según acuerdos", y toda antítesis debe necesariamente colocarse como radical antagonista de la tesis, hasta proponerse destruirla y sustituirla completamente. Concebir el desarrollo histórico como un juego deportivo, con su arbitrio y sus normas preestablecidas, que deben ser respetadas lealmente, es una forma de historia con designio, en la cual la ideología no se funda en cl "contenido" político, sino en la forma y el método de lucha. Es una ideología que tiende a debilitar la antítesis, a despedazarla en una larga serie de momentos, es decir, a reducir la dialéctica a un proceso de evolución reformista "revolución-restauración", en la cual sólo es válido el segundo término, porque se trata de apuntalar continuamente desde el exterior a un organismo que no posee internamente razón propia de salud. Por otra parte, se podría decir que tal actitud reformista es una "astucia de la Providencia" a fin de determinar una más rápida maduración de las fuerzas internas contenidas por la práctica reformista.

¿Cómo debe entenderse la expresión "condiciones materiales" y el "conjunto" de estas condiciones? Como el "pasado", la "tradición", concretamente entendidos, objetivamente comprobables y "mensurables" con métodos de verificación "universalmente" subjetivos, es decir, realmente "objetivos". El presente actuante no puede sino continuar, desarrollándolo, al pasado; no puede sino estar injertado en la "tradición". Pero ¿cómo reconoce la "verdadera" tradición, el "verdadero" pasado, etc., es decir, la historia real, efectiva y no la fantasía de hacer una nueva historia que busca en el pasado una justificación tendenciosa, de "superestructura"? La estructura es pasado real, precisamente porque es el testimonio, el "documento" incontrovertible de lo que se ha hecho y de lo que continúa subsistiendo como condición del presente y del porvenir. Se podrá observar que en el examen de la "estructura" cada crítico individualmente considerado puede equivocarse considerando como vital lo que está muerto o lo que no es germen de nueva vida en desarrollo, pero el método no puede ser refutado inmediatamente. Que existe posibilidad de error, es admisible sin más, pero será error de críticos individuales (hombres políticos, estadistas), no error de método. Cada grupo social tiene una "tradición", un "pasado", y considera a este pasado como todo el pasado. El grupo que, comprendiendo y justificando todos estos "pasados", sepa identificar la línea de desarrollo real, precisamente por ello contradictoria, pero susceptible de superación en la contradicción, cometerá "menos errores", identificará más elementos "positivos" sobre los cuales apoyarse para crear una nueva historia.

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