La tendencia a la caída de la cuota de beneficio.

En el escrito sobre la tendencia a la caída de la cuota de beneficio debe notarse un error fundamental de Croce. Este problema se halla ya encarado en el volumen I de El Capital, allí donde se habla de la plusvalía relativa; en el mismo lugar se observa que en este proceso se manifiesta una contradicción; mientras de un lado el progreso técnico permite una dilatación de la plusvalía, de otro, por la modificación que introduce en la composición del capital, determina la tendencia a la caída de la cuota de beneficio. Esto último se halla demostrado en el III volumen de El Capital. Croce presenta como objeción a la teoría expuesta en el III volumen el análisis contenido en el primer volumen, es decir, expone como objeción a la ley de la tendencia a la caída de la cuota de beneficio la demostración de la existencia de una plusvalía relativa debida al progreso técnico, sin por ello mencionar una sola vez al I volumen, como si la objeción hubiese surgido de su cerebro, o como si fuese un producto del buen sentido.

En todo caso, debe tenerse presente que el problema de la ley de la tendencia a la caída de la cuota de beneficio no puede estudiarse sólo en la exposición dada por el III volumen; este análisis es el aspecto contradictorio del expuesto en el I volumen, del cual no puede ser separado. Además, quizá sea necesario fijar mejor el significado de ley de "tendencia"; dado que toda ley en economía política no puede ser sino tendencial, y dado que ésta se obtiene aislando cierto número de elementos y dejando de lado las fuerzas contraoperantes, deberá distinguirse quizás un mayor o menor grado de tendencialidad; en tanto que habitualmente el adjetivo "tendencial" es considerado obvio y se insiste en él cuando la tendencialidad se torna carácter orgánico y relevante, como en este caso, en que la caída de la cuota de beneficio es presentada como el aspecto contradictorio de otra ley, la de la producción de plusvalía relativa, en el que tiende a suprimir a la otra, con la previsión de que la caída de la cuota de beneficio será la prevaleciente. ¿Cuándo se puede imaginar que la contradicción llevará a un nudo gordiano insoluble normalmente, pero que exija la intervención de una espada de Alejandro? Cuando toda la economía mundial se haya tornado capitalista y de un determinado grado de desarrollo; es decir, cuando la "frontera móvil' del mundo económico capitalista haya alcanzado sus columnas de Hércules. Las fuerzas contraoperantes a la ley de tendencia y que se resumen en la producción de siempre mayor plusvalía relativa, tienen límites que están dados técnicamente, por ejemplo, por la extensión y la resistencia elástica de la materia, y socialmente por la cantidad de desocupación soportable por una determinada sociedad. Es decir, que la contradicción económica deviene contradicción política y se resuelve políticamente por la subversión de la praxis.*

* Sobre el tema de la tendencia a la caída de la cuota de beneficio, hay que recordar el trabajo criticado en el primer año de aparición de los Nuovi Studi y debido a la pluma de un economista alemán, discípulo evidente de Franz Oppenheimer, y un más reciente volumen de Grossmann, criticado en la revista Economía de Trieste y en la Critique Sociale de Laurat.

Hay que hacer notar también que Croce olvida en su análisis un elemento fundamental en la formación del valor y del beneficio: el "trabajo socialmente necesario", cuya formación no puede ser estudiada ni advertida en una sola fábrica o empresa. El progreso técnico da a cada empresa la posibilidad molecular de aumentar la productividad del trabajo por encima de la media social y, por lo tanto, de realizar beneficios excepcionales (como está estudiado en el primer volumen); pero apenas el progreso dado se socializa, esta posición inicial se pierde gradualmente y funciona la ley de la media social del trabajo, la cual, a través de la concurrencia, rebaja los precios y los beneficios, allí se tiene una caída de la cuota de beneficio, porque la composición orgánica del capital se muestra desfavorable. Los empresarios tratan de prolongar lo más posible la posibilidad inicial, inclusive por medio de la intervención legislativa: defensa de las patentes, de los secretos industriales, etc., lo cual, sin embargo, sólo puede limitarse a algunos aspectos del progreso técnico, quizá secundarios, pero que de todos modos tienen su peso, no ciertamente carente de importancia. El medio más eficaz para que los empresarios individuales esquiven la ley de la caída es la de introducir incesantemente nuevas modificaciones progresivas en todo los campos del trabajo y de la producción, sin descuidar los más mínimos aportes de progreso, que en las grandes empresas, multiplicados en gran escala, dan resultados muy apreciables. Toda la actividad industrial de Henry Ford puede ser estudiada desde ese punto de vista: una lucha continua, incesante, por esquivar la ley de la caída de la cuota de beneficio, manteniendo una posición de superioridad sobre la competencia. Ford ha debido salir del campo estrechamente industrial de la producción para organizar también los transportes y la distribución de sus mercancías, determinando así una distribución más favorable de la masa de plusvalía para el industrial productor.

El error de Croce es de naturaleza variada; parte del presupuesto de que cada progreso técnico determina inmediatamente, como tal, una caída de la cuota de beneficio, lo que es erróneo, puesto que El Capital afirma solamente que el progreso técnico determina un proceso de desarrollo contradictorio, uno de cuyos aspectos es la tendencia a la caída. Afirma que tiene en cuenta todas las premisas teóricas de la economía crítica y olvida la ley del trabajo socialmente necesario. Olvida del todo la parte del problema tratada en el primer volumen, cuando tenerla en cuenta le hubiera ahorrado toda esta serie de errores. Este olvido es tanto más grave cuanto que él mismo reconoce que en el tercer volumen, la sección dedicada a la tendencia a la caída está incompleta, sólo está esbozada, etc., una razón perentoria para estudiar todo lo que en otro lugar el autor había escrito sobre el tema.*

* El problema del texto del III volumen puede ser estudiado ahora que se tiene a disposición, según creo, la edición aprobada del conjunto de apuntes y notas que habrían debido servir para su redacción definitiva. No está excluido que en la edición tradicional se hayan descuidado pasajes que, después de las polémicas producidas, podrían tener una importancia mucho mayor que la que el primer reordenador del material fragmentario podría imaginar. Un técnico de la economía debería entonces retomar la fórmula general de la ley de la tendencia a la caída, que fija el momento en que la ley misma se verifica, y establecer críticamente toda una serie de pasajes que conducen tendencialmente a ella como conclusión lógica.

Deben desarrollarse las indicaciones existentes sobre el significado de "tendencial" referido a la ley de la tendencia a la caída de la cuota de beneficio. Es evidente que, en este caso, la tendencialidad no puede referirse solamente a las fuerzas contraoperantes en la realidad, toda vez que de ella se hace abstracción de algunos elementos aislados para construir una hipótesis lógica. Dado que la ley es el aspecto contradictorio de otra ley, la de la plusvalía relativa, que determina la expansión molecular del sistema fabril, es decir, del propio modo de producción capitalista, no puede tratarse de fuerzas contraoperantes como las de las hipótesis económicas comunes. En este caso, la fuerza contraoperante es ella misma, estudiada orgánicamente, y da lugar a una ley tan orgánica como la de la caída. El significado de "tendencial" ha de ser, por lo tanto, de carácter "histórico" real y no metodológico; el término debe servir realmente para indicar el proceso dialéctico por el cual el impulso molecular progresivo lleva a un resultado tendencialmente catastrófico al conjunto social, resultado al que conducen otros impulsos singulares progresivos, en un proceso de continua superación que, sin embargo, no puede preverse como infinito, aunque se disgregue en un número muy grande de fases intermedias de diversa medida e importancia. Por la misma razón, no es completamente exacto decir, como lo hace Croce en el prefacio a la segunda edición de su libro, que la ley de la caída de la cuota media de beneficio, si fuese exactamente establecida, como creía su autor, "importaría, ni más ni menos, el fin automático e inminente de la sociedad capitalista". Nada es automático ni mucho menos inminente. Esta deducción de Croce es debida al error de haber examinado la ley de la caída de la cuota de beneficio aislándola del proceso en que ha sido concebida; aislándola, no con fines científicos de mejor exposición, ni tampoco como término dialéctico de un proceso más vasto, sino como si fuese "absolutamente" válida. El hecho de que muchos otros hayan interpretado la ley del mismo modo que Croce, no exime a éste de cierta responsabilidad científica.

Muchas afirmaciones de la economía crítica han sido "mitificadas", y no se excluye que tal formación de mitos haya carecido de importancia práctica inmediata y no pueda tenerla aún. Pero se trata de otro aspecto de la cuestión, que tiene poco que ver con la ubicación científica del problema y con la deducción lógica; podrá ser examinada en cuanto crítica de los métodos políticos y de los métodos de política cultural. Es probable que desde tal ángulo pueda demostrarse, en último análisis, la ineptitud, y cómo produciendo más daño que utilidad, el método político de forzar arbitrariamente una tesis científica para crear un mito popular energético y propulsivo; dicho método podría compararse con el uso de los estupefacientes, que crean un instante de exaltación de las fuerzas físicas y psíquicas pero debilitan permanentemente el organismo.

Nota I. La ley debería ser estudiada sobre la base del taylorismo y del fordismo. ¿No son, acaso, estos dos métodos de trabajo y de producción, intentos de superar la ley de la caída, eludiéndola con la multiplicación de las variables en las condiciones del aumento progresivo del capital constante? Las variables son las siguientes (entre las más importantes, pero de los libros de Ford se podría integrar un registro completo y muy interesante): 1) las máquinas continuamente introducidas son más perfectas y refinadas; 2) los metales más resistentes y de mayor duración; 3) se crea un tipo nuevo de obrero especializado, con altos salarios; 4) disminución del desecho en el material de fabricación; 5) utilización cada vez más vasta de subproductos, a la vez más numerosos, es decir, ahorro de los desechos que antes se producían necesariamente; ello es posible por la amplitud cada vez mayor de las empresas; 6) utilización de las pérdidas de energía calórica; por ejemplo, el calor de los altos hornos, que antes se dispersaba en la atmósfera, ahora es conducido a través de tuberías y calienta los ambientes habitables, etc. La selección de un nuevo tipo de obrero hace posible, a través de la racionalización tayloriana de los movimientos [cronometraje, etc.], una producción relativa y absoluta mayor que la precedente, con la misma fuerza de trabajo. Con cada una de estas innovaciones, el industrial pasa de un período de costos crecientes (es decir, de caída de la cuota de beneficio) a un período, de costos decrecientes, en cuanto llega a gozar de un monopolio de iniciativa que puede durar bastante tiempo (relativamente). El monopolio dura largo tiempo debido también a los altos salarios que tales industrias progresistas "deben" pagar, si quieren formar un personal seleccionado y si quieren disputar a los competidores los obreros más predispuestos, desde el punto de vista psicotécnico, a las nuevas formas de producción y de trabajo (recuérdese el hecho similar del senador Agnelli, que para absorber en la Fiat a las demás empresas automovilísticas, se atrae a todos los obreros chapistas de plaza con los más altos salarios; las fábricas así privadas de su personal especializado para la producción de guardabarros, buscaron resistir fabricando guardabarros de madera terciada; pero la innovación fracasó y debieron capitular). La extensión de los nuevos métodos determina una serie de crisis, cada una de las cuales vuelve a plantear los mismos problemas relativos a los costos crecientes, y es correcto imaginarse el ciclo como desarrollándose hasta tanto: 1) no se haya alcanzado el límite extremo de resistencia de materiales; 2) no se haya alcanzado el límite en la introducción de nuevas máquinas automáticas, es decir, la relación última entre hombres y máquinas; 3) no se haya alcanzado el límite de saturación industrial mundial, teniendo en cuenta la tasa de aumento de la población (que, por lo demás, declina con la extensión del industrialismo), y de la producción para renovar las mercancías de consumo y los bienes instrumentales. La ley de la caída de la cuota de beneficio estaría, por lo tanto, en la base del americanismo; sería la causa del ritmo acelerado de progreso alcanzado por los métodos de trabajo y la producción y modificación del tipo tradicional del obrero.

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