¿Puede decirse que la concepción de Croce, aun después de la elaboración sufrida en los últimos años carezca de trazas de la filosofía de la praxis? Las huellas de una filosofía de la praxis se hallan en la solución de problemas particulares. Hay que ver si el conjunto de estos problemas no contiene implícitamente una elaboración total de la filosofía de la praxis, es decir: toda la metodología o filosofía de Croce; si los problemas no directamente vinculables con los correspondientes de la filosofía de la praxis lo son, en cambio, directamente con otros.

¿Puede decirse, a pesar de ello, que en la concepción de Croce, aun después de la elaboración sufrida en los últimos años, no haya más rastros de la filosofía de la praxis? * ¿El historicismo de Croce se ha liberado de todo influjo de su experiencia intelectual de los años que van de 1890 a 1900? La posición de Croce en ese orden de cosas resulta de varios escritos; son especialmente interesantes el prefacio de 1917 de la nueva edición del Materialismo histórico, la sección dedicada al materialismo histórico en la Historia de la historiografía del siglo XIX y la Contribución a la crítica de mí mismo. Pero si interesa lo que Croce piensa de sí mismo, ello no es suficiente ni agota el problema.

* Sobre "residuos" o supervivencias (pero que en realidad son elaboraciones que tienen su organicidad peculiar) en la filosofía de Croce sobre la doctrina de la filosofía de la praxis se está constituyendo una cierta literatura. Cfr. por ejemplo, el ensayo de Enzo Tagliacozzo, En memoria de Antonio Labriola (Nuova Italia, 20 de diciembre de 1934, 20 de enero de 1935, especialmente en la segunda entrega), el ensayo de Edmundo Cione, La lógica del historicismo, Nápoles, 1933 (De una crítica que sobre este ensayo publica la Nuova Rivista Storica, enero-febrero de 1935, pp. 132-134, resulta que para Cione sólo con la Historia de Europa se libera Croce de las supervivencias de la filosofía de la praxis. Estos y otros ensayos deben ser vistos). En una crítica de algunas publicaciones de Guido Calogero (Crítica, mayo de 1935), Croce se refiere al hecho de que Calogero llama "filosofía de la praxis" a su interpretación personal del actualismo gentiliano [Giovanni Gentile, 1875-1944, ministro de Educación 1922-24]. Cuestiones de terminología (y acaso no sólo de terminología, que es preciso aclarar).

Según Croce, su posición ante la filosofía de la praxis no es la de un ulterior desarrollo (superación) por el cual la filosofía de la praxis se hubiese convertido en un momento de una concepción más elaborada, sino que el valor de la experiencia, según él, habría sido sólo negativo, en el sentido de que contribuyó a destruir prejuicios, residuos pasionales, etc. Para emplear una metáfora tomada del lenguaje de la física, la filosofía de la praxis habría operado como cuerpo catalítico sobre la mentalidad de Croce, es decir como cuerpo necesario para obtener el nuevo producto, pero del cual no queda huella en el producto mismo. Pero, ¿es ello realmente cierto? A mí me parece que, bajo la forma y el lenguaje especulativos, es posible descubrir en la concepción de Croce más de un elemento de la filosofía de la praxis. Quizá se podría decir también que esta investigación tendría un inmenso significado histórico e intelectual en la época actual; del mismo modo que la filosofía de la praxis ha sido la traducción del hegelianismo al lenguaje historicista, la filosofía de Croce es, en medida considerabilísima, la retraducción al lenguaje especulativo del historicismo realista de la filosofía de la praxis. En febrero de 1917, en una breve nota que precedía a la reproducción del escrito de Croce Religión y serenidad, [Cfr. Etica y política, pp. 23-25] entonces recientemente aparecido en la "Crítica", escribía yo que así como el hegelianismo ha sido la premisa de la filosofía de la praxis en el siglo XIX, en el origen de la civilización contemporánea, del mismo modo la filosofía de Croce podía ser la premisa de una renovación de la filosofía de la praxis en nuestros días, para nuestras generaciones. El problema está apenas apuntado, en forma primitiva e inadecuada, porque en aquel tiempo el concepto de unidad de teoría y práctica, de filosofía y de política, no estaba claro para mí, que era más bien de tendencia crociana. Pero ahora, aun cuando quizá sin la madurez y la capacidad que el asunto requiere, me parece que la posición debe ser retomada y presentada en forma críticamente más elaborada. Es decir: hay que realizar con relación a la concepción filosófica de Croce la misma reducción que los primeros teóricos de la filosofía de la praxis realizaron con la filosofía hegeliana. Y éste es el único modo históricamente fecundo de determinar una renovación adecuada de la filosofía de la praxis, de elevar esta concepción que, por las necesidades de la vida práctica inmediata, se ha ido "vulgarizando", a la altura que debe alcanzar para la solución de los objetivos más complejos del desarrollo actual que la lucha plantea, es decir, la creación de una nueva cultura integral. que tenga los caracteres de masa de la reforma protestante y del iluminismo francés, los caracteres de la clasicidad de la cultura griega y el Renacimiento italiano, una cultura que, retomando las palabras de Carducci, sintetice a Maximiliano Robespierre* con Emmanuel Kant, la política y la filosofía, en una unidad dialéctica intrínseca a un grupo social, no sólo francés o alemán, sino europeo y mundial.

*1758-94, presidente del club revolucionario jacobino; influido por Rousseau estaba convencido que su principal tarea era proteger las necesidades del pueblo y luchar contra el Partido aristocrático; constituyente en el 91, como miembro de la (primera) Comuna revolucionaria de París de 1792 se encaminó contra el gobierno de los girondinos (, logrando su expulsión en el 93. Pasó luego a integrar el Comité de Salvación Pública, desde el cual desencadenó una campaña de terror, depurando incluso las facciones revolucionarias extremas (Hébert y Danton) e impuso el culto del Ser Supremo (deísmo: deberse a Dios pero sin cultos). Fue depuesto por la Asamblea en julio del 74 y guillotinado.

Es necesario que la herencia de la filosofía clásica alemana sea, no sólo inventariada, sino convertida en vida activa; por ello es necesario arreglar cuentas con la filosofía de Croce, puesto que para nosotros, italianos, ser herederos de la filosofía clásica alemana significa ser herederos de la filosofía crociana, que representa el momento mundial actual de la filosofía clásica alemana.

Croce combate con mucho encarnizamiento a la filosofía de la praxis y en su lucha recurre a aliados paradojales, como el mediocrísimo De Man. Este encarnizamiento es sospechoso; puede ser una coartada para evitar el arreglo de cuentas. Sin embargo, hay que realizar dicho arreglo de cuentas, del modo más amplio y profundo posible. A un trabajo de ese género, un Anti-Croce que en la atmósfera cultural moderna pudiese tener un significado y la importancia que ha tenido el Anti-Dühring para la generación precedente a la guerra mundial, valdría la pena que todo un grupo de hombres dedicase diez años de actividad.

Nota I. Las huellas de la filosofía de la praxis pueden hallarse especialmente en la solución que ha dado Croce a problemas particulares. Un ejemplo típico me parece que es la doctrina del origen práctico del error. En general, puede decirse que la polémica contra la filosofía del acto puro de Gentile ha obligado a Croce a un mayor realismo y a demostrar cierto fastidio e intolerancia, por lo menos, para las exageraciones del lenguaje especulativo, convertido en jerga y "ábrete sésamo" en manos de los cofrades menores del actualismo.

Nota II. La filosofía de Croce no puede, sin embargo, ser examinada independientemente de la de Gentile [Giovanni, 1875-1944, ministro de Educación 1922-24]. Un Anti-Croce debe ser también un Anti-Gentile; el actualismo gentiliano dará los efectos de claro-oscuro al cuadro, efectos éstos que son necesarios para dar mayor relieve al mismo.

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