La "libertad" como identidad de historia y de espíritu y la "libertad" como ideología inmediatamente circunstanciada, como "superstición", como, instrumento práctico de gobierno (si se dice que la "naturaleza" del hombre es el "espíritu", se dice que ella es la "historia", es decir, el conjunto de las relaciones sociales en proceso de desarrollo y aun de unidad de la naturaleza y de la historia, de las fuerzas materiales y de las espirituales o culturales, etc.).

Si la historia es la historia de la libertad --según la proposición de Hegel-- la fórmula es válida para la historia del género humano de todo tiempo y lugar; la historia de las satrapías [gobernaciones] orientales también es libertad. Libertad, significa, entonces, sólo "movimiento" desarrollo, dialéctica. También la historia de las satrapías orientales ha sido libertad, porque ha sido movimiento, desarrollo; tan cierto es, que las satrapías se derrumbaron. Más aún: la historia es libertad en cuanto es lucha entre libertad y autoridad, entre revolución y conservación, lucha en la cual la libertad y la revolución continuamente prevalecen sobre la autoridad y la conservación. Pero en tal caso, cada corriente, cada partido, ¿no son expresiones de la libertad, momentos dialécticos del proceso de libertad? ¿Cuál es, entonces, la característica del siglo XIX en Europa? No la de ser la historia de la libertad, sino de ser la historia de la libertad consciente de serlo. En el siglo XIX existe en Europa una conciencia crítica que antes no existía, se hace historia sabiendo lo que se hace, sabiendo que la historia es historia de la libertad, etc. La acepción del término "liberal" en Italia, por ejemplo, ha sido en este período muy extensa y comprensiva. En los Annali d'Italia de Pietro Vigo son liberales todos los no clericales, todos los adversarios del partido del Silabus; por lo tanto, el liberalismo comprende también a los internacionalistas. Pera se ha constituido una corriente y un partido que se llama específicamente liberal, que de la posición especulativa y contemplativa de la filosofía hegeliana ha hecho una ideología política inmediata, un instrumento práctico de dominio y de hegemonía social, un medio de conservación de determinadas instituciones políticas y económicas fundadas en el curso de la Revolución Francesa y del reflujo que la misma tuvo en Europa. Había nacido un nuevo partido conservador, se había constituido una nueva posición de autoridad, y este nuevo partido tendía precisamente a fundirse con el del Silabus. Y a esta coalición se la llamaría partido de la libertad.

Se plantean algunos problemas: 1) ¿Qué significaba concretamente "libertad" para cada una de las tendencias europeas del siglo XIX? 2) ¿Se movían estas tendencias por el concepto de libertad, o más bien por el contenido particular con que llenaban el concepto formal de libertad? ¿Acaso el hecho de que ningún partido hubiese centralizado las aspiraciones de las grandes masas campesinas por una reforma agraria, ha impedido a estas masas convertirse en fieles de la religión de la libertad, siendo que la libertad para ellas es sólo la libertad y el derecho de conservar sus supersticiones bárbaras, su primitivismo, constituyéndose en ejército de reserva del partido del Silabus? Un concepto como el de libertad, que se presta para ser empleado por los mismos jesuitas contra los liberales, los cuales son considerados como libertinos frente a los "verdaderos" partidarios de la libertad, ¿no es, de hecho, una envoltura conceptual que vale por el nudo real que cada grupo coloca en ella? ¿Se puede, por consiguiente, hablar de "religión de la libertad"? ¿Qué significa en este caso "religión"? Para Croce es religión toda concepción del mundo que se presente como moral. Pero ¿ha ocurrido ello con la "libertad"? Ella ha sido religión para un reducido número de intelectuales; en las masas se ha presentado como elemento constitutivo de una combinación o liga ideológica, cuya parte constitutiva prevaleciente era la vieja religión católica y de la cual otro elemento importante, si no decisivo desde el punto de vista laico, era el de "patria". Y no se diga que el concepto de patria era un sinónimo de "libertad"; era ciertamente un sinónimo, pero de Estado, es decir de autoridad y no de "libertad"; era un elemento de "conservación" y una fuente de persecuciones y de un nuevo Santo Oficio.

Me parece que Croce no consigue, ni desde su punto de vista, mantener la distinción entre "filosofía" e "ideología", entre "religión" y "superstición", que en su modo de pensar y en su polémica con la filosofía dé la praxis es esencial. Cree tratar de una filosofía y trata de una ideología; cree tratar de una religión y trata de una superstición; cree escribir una historia en la cual el elemento de clase sea exorcizado, y en cambio escribe, con gran agudeza y mérito, la obra política maestra para una determinada clase, consiguiendo presentar y hacer aceptar las condiciones de su existencia y desarrollo de clase como un principio universal, como concepción del mundo, como religión; es decir, describe en el acto el desarrollo de un medio práctico de gobierno y de dominio. El error de origen práctico no ha sido cometido, en tal caso, por los liberales del siglo XIX, los cuales, al contrario, han prácticamente triunfado, han alcanzado los fines propuestos. El error de origen práctico fue cometido por su historiador Croce, el cual, después de haber distinguido filosofía de ideología, termina confundiendo una ideología política con una concepción del mundo, demostrando prácticamente que la distinción es imposible, que no se trata de dos categorías, sino de una misma categoría histórica, y que la distinción es sólo de grado. Es filosofía la concepción del mundo que expresa la vida intelectual y moral (catarsis de una determinada vida práctica) de un grupo social entero, concebido en movimiento y, por lo tanto, visto no sólo en sus intereses actuales e inmediatos, sino en los futuros y mediatos; es ideología cada particular concepción de los grupos internos de la clase, que se proponen ayudar a la solución de problemas inmediatos y circunscritos. Pero para las grandes masas de la población gobernada y dirigida, la filosofía y la religión del grupo dirigente y sus intelectuales se presentan siempre como fanatismo y superstición, como motivo ideológico propio de una masa servil. ¿Y el grupo dirigente no se propone, acaso, perpetuar este estado de cosas? Croce debería explicar por qué la concepción del mundo de la libertad jamás pudo llegar a ser elemento pedagógico de la enseñanza en las escuelas elementales, y por qué él mismo, siendo ministro, introdujo en ellas la enseñanza de la religión confesional. Esta ausencia de "expansividad" entre las grandes masas es el testimonio del carácter restringido, inmediatamente práctico, de la filosofía de la libertad.*

* A propósito del concepto de autoridad y de libertad debe meditarse especialmente sobre el capítulo "Estado e iglesia en sentido ideal, y su lucha perpetua en la historia", del libro Etica y política (pp. 339 y ss.). Este capítulo es de extremo interés porque en él están implícitamente atenuados la crítica y la oposición a la filosofía de la praxis, y el elemento "económico" y práctico halla tina consideración en la dialéctica histórica.

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