Croce y la religión: alfa) el concepto crociano de la religión (el motivo para el ensayo Religión y serenidad está tomado del ensayo de De Sanctis La negrita de Leopardi de 1877, Nueva Antología, enero de 1877); beta) Croce y el cristianismo; gamma) vicisitudes del crocismo entre los católicos italianos (neoescolásticos italianos y los varios estadios de sus manifestaciones filosóficas, filopositivistas, filoidealistas, y actualmente el intento de retornar al tomismo [Tomás de Aquino] "puro"; carácter eminentemente "práctico" de la actividad del padre Gemelli y su agnosticismo filosófico); delta) artículos del Papini y de Ferrabino en la Nueva Antología, como manifestaciones eminentes del laicismo católico (cuatro artículos de la Civiltà Cattolica de 1932 a 1933, todos dedicados solamente a la introducción a la Historia de Europa; luego del tercer artículo, el libro es puesto en el Index) ; 3) ¿Es Croce un reformador religioso? (Cfr. algunos nuevos ensayos publicados en la Critica, en los que se traducen al lenguaje "especulativo" ciertos puntos de teología católica [la gracia, etc.] y en el ensayo sobre el Caracciolo de la teología calvinista, etc. "Traducciones" e interpretaciones similares hay contenidas incidentalmente en numerosos escritos de Croce).

La posición de Croce con respecto a la religión es uno de los puntos más importantes que es preciso analizar para comprender el significado histórico del crocismo en la historia de la cultura italiana. Para Croce la religión es una concepción de la realidad con una moral que le es inherente, presentada en forma mitológica. Por lo tanto, es religión toda filosofía, es decir, toda concepción del mundo en cuanto ha devenido "fe", en cuanto es considerada, no como actividad teórica (de creación de un nuevo pensamiento), sino como estímulo para la acción (actividad ético-política concreta, de creación de una nueva historia). Sin embargo, Croce es muy cauto en sus relaciones con la religión tradicional; el escrito más "avanzado" es el capítulo IV de los Fragmentos de ética, "Religión y serenidad" [pág. 23 del volumen Etica y política]; que fue publicado por vez primera durante la guerra, hacia fines de 1916 o a comienzos de 1917. Si bien Croce no parece querer hacer ninguna concesión intelectual a la religión (y menos de las del género equivoco que hace Gentile), así como a ninguna forma de misticismo, su actitud es sin embargo muy distinta de la combativa y militante. Esta posición es muy significativa y debe ponerse de relieve.

Una concepción del mundo no puede revelarse como válida e impregnar a toda una sociedad hasta convertirse en una fe, si no demuestra que es capaz de sustituir a las concepciones y creencias anteriores en todos los grados de la vida estatal. Recurrir a la teoría hegeliana de la religión mitológica como filosofía de las sociedades primitivas (la infancia de la humanidad) para justificar la enseñanza confesional, aun cuando sólo sea en las escuelas elementales, no significa más que volver a presentar sofísticamente [argumentar lo falso] la fórmula "la religión es buena para el pueblo", y en realidad abdicar y capitular ante la organización clerical. No puede dejar de señalarse que una fe que no consigue traducirse en términos "populares" muestra por ello mismo que es característica de un determinado grupo social.

No obstante dicha posición ante la religión, la filosofía de Croce ha sido muy estudiada por los católicos del grupo neoescolástico, siendo acogidas por Olgiati y Chiocchetti * como soluciones para varios problemas particulares. Hubo un período en el que los neoescolásticos, que habían realizado la tentativa de incorporar en el tomismo las modernas doctrinas científicas y el positivismo del siglo XIX ante el descrédito que el positivismo tenía ante los intelectuales y los éxitos del neoidealismo, intentaron hallar un terreno de acuerdo entre el tomismo y el idealismo. De allí que las filosofías de Croce y de Gentile tuviesen tanta fortuna entre ellos. Desde hace algún tiempo los neoescolásticos se están concentrando en un terreno más estrecho y más propio, y combaten toda infiltración idealista en sus doctrinas; ciertamente, creen que pueden heredar todo lo que puede ser salvado del positivismo y apropiárselo, convirtiéndose en los únicos opositores teóricos del idealismo.

* El libro de Olgiati sobre Marx está construido con materiales críticos crocianos; Chiocchetti, en su volumen La filosofía de Croce, sostiene que deben ser acogidas algunas doctrinas crocianas, como la del origen práctico del error.

Hoy, la oposición de los católicos a Croce se va intensificando, por razones especialmente prácticas (es muy distinta la actitud crítica de Civiltà Cattolica hacia Croce que hacia Gentile). Los católicos comprenden muy bien que el significado y la función intelectual de Croce no son comparables a las de un filósofo tradicional, sino que son las de un reformador religioso, que por lo menos consigue mantener la distancia entre los intelectuales y el catolicismo, y también tornar difícil, en cierta medida, una fuerte renovación clerical entre las masas populares. Para Croce, "después de Cristo, todos nos hemos convertido en cristianos", o sea que la parte vital del cristianismo ha sido absorbida por !a
civilización moderna, y que se puede vivir sin religión mitológica.
La polémica anticrociana de los católicos laicos no es de mucha monta; deben ser recordados el artículo de Giovanni Papini: Croce y la cruz
[juego de palabras: croce en italiano significa cruz (N. del T.)] en la Nueva Antología del 1° de marzo de 1932, y el de Aldo Ferrabino Europa en utopía, en la Nueva Antología del 1° de abril de 1932.

Nota I. La observación de mayor relieve y más congruente hecha por Papini a la Historia de Europa, es la relativa a las órdenes religiosas. Pero la observación no es válida, dado que es muy cierto que después del Concilio de Trento y de la fundación de la Compañía de Jesús no surgió ninguna gran orden religiosamente activa y fecunda, de nuevas y renovadas corrientes de sentimiento cristiano; surgieron nuevas órdenes, es verdad, pero éstas tuvieron, por decirlo así, un carácter predominantemente administrativo y corporativo. El jansenismo * y el modernismo, que fueron los dos grandes movimientos religiosos y renovadores que surgieron en el seno de la iglesia en ese período, no han suscitado órdenes nuevas o renovado las viejas.

* de C. Jansen, 1585-1638, obispo flamenco; doctrina que exageraba las ideas de San Agustín acerca de la gracia divina para obrar el bien, con perjuicio de la libertad humana.

Nota II. El artículo de Ferrabino es más notable por una cierta reivindicación del realismo histórico contra las abstracciones especulativas. Pero también es abstracto y presenta una improvisación interpretativa de la historial del siglo XIX, muy desordenada y de carácter católico-retórico, con prevalencia de la retórica. La observación de la pág. 348 relativa a Marx es anacrónica,, puesto que las teorías marxistas sobre el Estado estaban elaboradas antes de la formación del imperio alemán y, antes bien, fueron abandonadas por la socialdemocracia justamente en el período de expansión del principio imperial; lo que demuestra, al contrario de lo que escribe Ferrabino, que el Imperio tuvo la capacidad de influir y asimilar todas las fuerzas sociales de Alemania.

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