Actitud de Croce durante la guerra mundial.*

* Escritos de Croce al respecto en las Páginas sobre la guerra (Laterza, 2da. ed. aumentada); sería interesante, sin embargo, revisarlas en su primera forma, a medida que fueron publicándose en la Crítica o en otros periódicos, y tomar en cuenta otros problemas de carácter moral e intelectual que preocupaban a Croce contemporáneamente, y mostraban frente a qué otros asuntos vinculados más o menos directamente a la situación bélica creía necesario reaccionar.

La actitud de Croce durante la neutralidad y la guerra indica qué intereses intelectuales y morales (por lo tanto, sociales) predominan hoy en su actividad literaria y filosófica. Croce reacciona ante la concepción popular (con su consiguiente propaganda) de la guerra como guerra de civilización y, por lo tanto, de carácter religioso: lo que teóricamente debe llevar al aniquilamiento del enemigo. Croce ve en el momento de la paz el de la guerra, y en el momento de la guerra el de la paz, y lucha para que no sean destruidas las posibilidades de mediación entre los dos momentos. La paz deberá suceder a la guerra y la paz puede obligar a agrupamientos bien distintos que los de la guerra: ¿cómo sería posible una colaboración entre Estados después del desencadenamiento de fanatismos religiosos en la guerra? Resulta que ninguna necesidad inmediata de política debe ser elevada a criterio universal. Pero estos términos no comprenden exactamente la actitud de Croce. No puede decirse que esté realmente contra la concepción "religiosa" de la guerra en cuanto ello es necesario políticamente a fin de que las grandes masas movilizadas estén dispuestas a sacrificarse en las trincheras y a morir; éste es un problema de técnica política que deben resolver los técnicos de la política. Lo que importa a Croce es que los intelectuales no desciendan al nivel de la masa, sino que comprendan que una cosa es ideología --instrumento práctico para gobernar--, y otra la filosofía y la religión, que no deben ser prostituidas en la conciencia de los mismos sacerdotes. Los intelectuales deben ser gobernantes y no gobernados, constructores de ideologías para gobernar a los demás y no charlatanes de feria que se dejan morder y envenenar por sus propias víboras. Por lo tanto, Croce representa a la gran política contra la pequeña política, el maquiavelismo de Maquiavelo contra el maquiavelismo de Stenterello. Se coloca a sí mismo muy altamente y piensa también que los ataques personales más salvajes y las críticas furibundas son "políticamente" necesarias y útiles a fin de que sea posible mantener esa alta posición. La actitud de Croce durante la guerra puede ser parangonada solamente a la del Papa, que era el jefe de los obispos que bendecían las armas de los alemanes y de los austriacos, y de los que bendecían las armas de los italianos y franceses, sin que en ello hubiese contradicción.*

* Cfr. Etica y política, p. 343: "Hombres de la iglesia, que es preciso entender como la iglesia misma", etcétera.

Esta misma actitud, que no se halla libre de inconvenientes, la hallamos en Croce con relación al modernismo. De hecho, puesto que no es posible pensar en un paso de las masas populares del estadio religioso al "filosófico", y puesto que el modernismo heredaba la maciza armadura práctica e ideológica de la iglesia, la posición de Croce sirvió para solidificar la posición de la iglesia. De igual modo, su actitud "revisionista" sirvió para solidificar las corrientes reaccionarias. Al hacérselo notar Labriola, Croce le respondió: "En cuanto a la política y a los conatos reaccionarios, caveant consules" [¿?, ¿húndanse?]. Igualmente, su acercamiento a Política en 1920 y su real comportamiento práctico: discursos, participación en el gobierno Giolitti, etcétera. La posición del "intelectual puro" se torna un verdadero "jacobinismo" estropeado (y en tal sentido, guardando las estaturas intelectuales, Amadeo [Bordiga] puede ser aproximado a Croce, como quizá pensaba Jacques Mesnil) o a un "ponciopilatismo" despreciable, o sucesivamente lo uno y lo otro, o también simultáneamente.

En lo que se refiere a la guerra, puede aplicarse a Croce la observación de Lyautey: en realidad el sentimiento nacional de los pretendidos nacionalistas es "atemperado" por un cosmopolitismo de casta, de cultura, etc., tan acentuado, que puede ser considerado como un verdadero instrumento de gobierno, y sus "pasiones" deben ser consideradas, no inmediatas, sino subordinadas a la posesión del poder.

La biografía político-intelectual de Croce no está totalmente recogida en la Contribución a la crítica de mí mismo. En lo que se refiere a sus relaciones con la filosofía de la praxis, muchos elementos y motivos esenciales están diseminados en todas sus obras. En el volumen Cultura y vida moral (2da. ed., p. 45, pero también en otras páginas como en aquellas en las que explica el origen de sus simpatías por Sorel) afirma que, no obstante sus tendencias naturaliter democráticas (puesto que el filósofo no puede sino ser democrático), su estómago se negó a digerir la democracia hasta que ésta tomó algún condimento de la filosofía de la praxis, la cual, "cosa sabidísima, se halla impregnada de filosofía clásica alemana". Durante la guerra afirma que la misma es propiamente la guerra de la filosofía de la praxis.*

* Entrevista de De Ruggiero con Croce publicada en la Revue de Métaphysique et Morale, las Páginas de guerra y la introducción de 1917 al Materialismo histórico y economía marxista.

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