Unidad de los elementos constitutivos del marxismo.

La unidad está dada por el desarrollo dialéctico de las contradicciones entre el hombre y la materia (naturaleza-fuerzas materiales de producción). En la economía el centro unitario es el valor, es decir la relación entre el trabajador y las fuerzas industriales de producción (los negadores de la teoría del valor caen en el craso materialismo vulgar haciendo de las máquinas en sí --como capital constante y técnico-- las productoras de valor, fuera del hombre que las maneja. En la filosofía --la praxis-- es decir la relación entre la voluntad humana (superestructura) y la estructura económica. En la política-relación entre el Estado y la sociedad civil, es decir, intervención del Estado (voluntad centralizada) para educar al educador, el ambiente social en general. (Para profundizar y poner en términos más exactos).

Filosofía - Política - Economía. Si estas tres actividades son los elementos constitutivos necesarios de una misma concepción del mundo, necesariamente debe haber, en los principios teóricos, convertibilidad de la una a la otra, traducción recíproca al propio lenguaje específico de cada elemento constitutivo: uno se halla implícito en el otro, y todos juntos forman un círculo homogéneo.*

* Cfr. las notas precedentes sobre la traductibilidad recíproca de los lenguajes científicos.

De estas proposiciones (que deben ser elaboradas) se siguen, para el historiador de la cultura y de las ideas, algunos criterios de indagación y cánones críticos de gran significado. Puede ocurrir
que una gran personalidad exprese su pensamiento más fecundo, no en el lugar que aparentemente es el más "lógico" desde el punto de vista de la clasificación externa, sino en otra parte que, aparentemente, podría ser juzgada como extraña. Un hombre político escribe de filosofía; puede ocurrir que su "verdadera" filosofía haya que buscarla, sin embargo, en sus escritos de política. En cada personalidad hay una actividad dominante y predominante: en ésta es menester buscar su pensamiento implícito, el cual, muy a menudo, puede hallarse en contradicción con el expresado ex profeso. Es verdad que en tal criterio de juicio histórico existen muchos peligros y que hay que ser cautos en su aplicación. Pero ello no quita que el criterio sea fecundo en verdades.

En verdad, el "filósofo" ocasional difícilmente logra abstraerse de las corrientes que dominan su tiempo, de las interpretaciones de cierta concepción del mundo que se han vuelto dogmáticas, etc.; en tanto que como científico de la política se siente libre de estos es idólatra del tiempo y del grupo, y enfrenta más inmediatamente y con toda originalidad la misma concepción, penetra en su intimidad y la desarrolla de manera vital. En este orden de cosas es aún útil y fecundo el pensamiento de Rosa Luxemburg sobre la imposibilidad de encarar ciertos problemas de la filosofía de la praxis en tanto que éstos no se han tornado todavía actuales para el curso de la historia general y de un determinado agrupamiento social. A la fase económico-corporativa, a la fase de la lucha por la hegemonía en la sociedad civil, a la fase estatal, corresponden actividades intelectuales determinadas que no se pueden improvisar o anticipar arbitrariamente. En la fase de la lucha por la hegemonía se desarrolla la ciencia política; en la fase estatal todas las superestructuras deben desarrollarse, so pena de disolución del Estado.

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