Objetividad y realidad del mundo externo.

El neoescolástico Casotti (Mario Casotti, Maestro y discípulo, p. 49) escribe: "Las investigaciones de los naturalistas y de los biólogos presuponen como ya existentes la vida y el organismo real", expresión que se acerca a la de Engels en el Anti-Dühring.

Acuerdo del catolicismo con el aristotelismo en el problema de la objetividad de lo real.

Para entender exactamente los significados que puede tener el problema de la realidad del mundo externo, puede ser oportuno desarrollar el ejemplo de las nociones de "Oriente" y "Occidente", que no dejan de ser "objetivamente reales", aun cuando, analizadas, demuestran ser solamente una "construcción" convencional, es decir, "histórico-cultural" (a menudo los términos "artificial" y "convencional" indican hechos "históricos", productos del desarrollo de la civilización y no construcciones racionalísticamente arbitrarias o individualmente artificiosas). Debe recordarse también el ejemplo contenido en un librito de Bertrand Russell. [Los problemas de la filosofía. Traducción italiana de la Colección Científica Sonzogno] Russell dice poco más o menos lo siguiente: "Nosotros no podemos pensar, sin la existencia del hombre sobre la tierra, la existencia de Londres y de Edimburgo; pero podemos pensar en la existencia de los dos puntos del espacio donde hoy se hallan Londres y Edimburgo; uno al norte y otro al sur". Se puede objetar que sin pensar la existencia del hombre no se puede pensar en "pensar", no se puede pensar, en general, en ningún hecho o relación que existe sólo en cuanto existe el hombre. ¿Qué significaría norte-sur, este-oeste, sin el hombre? Estas son relaciones reales y, sin embargo, no existen sin el hombre y sin el desarrollo de la civilización. Es evidente que este y oeste son construcciones arbitrarias, convencionales, es decir, históricas, puesto que fuera de la historia real cada punto de la Tierra es este y oeste al mismo tiempo. Esto se puede ver más claramente en el hecho de que dichos términos se han cristalizado, no desde el punto de vista de un hipotético y melancólico hombre en general, sino desde el punto de vista de las clases cultas europeas, las cuales, a través de su hegemonía mundial, los han hecho aceptar por dondequiera. El Japón es Extremo Oriente, no sólo para Europa, sino también quizás para el norteamericano de California y para el mismo japonés, el cual, a través de la cultura inglesa, podrá llamar Próxima Oriente a Egipto. Así, a través del contenido histórico que se ha aglutinado en el término geográfico, las expresiones Oriente y Occidente han terminado por indicar determinadas relaciones, entre complejos de civilizaciones distintas. Así, los italianos, hablando de Marruecos, lo señalarán como un país "oriental", para referirse a la civilización musulmana y árabe. Sin embargo, estas referencias son reales, corresponden a hechos reales, permiten viajar por tierra y por mar y arribar justamente allí donde se ha decidido arribar, justamente allí donde se ha decidido arribar, "prever" el futuro, objetivar la realidad, comprender la objetividad del mundo externo. Lo racional y lo real se identifican.

Parece que sin haber comprendido esta relación no se puede comprender la filosofía de la praxis, su posición frente al idealismo y al materialismo mecánico, la importancia y el significado de la doctrina de las superestructuras. No es exacto que en la filosofía de la praxis la "idea" hegeliana haya sido sustituida por el "concepto" de estructura, como lo afirma Croce. La "idea" hegeliana se halla resuelta tanto en la estructura como en las superestructuras, y todo el modo de comprender la filosofía ha sido "historizada", es decir, ha comenzado a nacer un nuevo modo de filosofar, más concreto e histórico que el precedente.

Cfr. Cuaderno 7 (VII), pp. 73bis y 64 -64bis.

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