Cantidad y calidad 

En el Ensayo popular * se dice (pero ocasionalmente, porque la afirmación no está justificada, valorada, no expresa un concepto fecundo, sino que es casual, sin nexos antecedentes ni consecuentes) que cada sociedad es algo más que la mera suma de sus componentes individuales. Ello es verdad en un sentido abstracto. Pero ¿qué significa concretamente? La explicación que se ha dado empíricamente es, a menudo, una cosa barroca. Se ha dicho que cien vacas separadas son algo muy distinto que cien vacas juntas, porque entonces forman un rebaño, haciéndose de ello una simple cuestión de palabras. Se ha dicho que en la numeración, al llegar a diez tenemos una decena, como si no existiese el par, el terceto, el cuarteto, etc., es decir, un simple modo distinto de numerar: La explicación teórico-práctica más concreta se tiene en el volumen primero de El Capital, donde se demuestra que en el sistema de fábrica existe una cuota de producción que no puede ser atribuida a ningún trabajador individualmente, sino al conjunto de los obreros, al hombre colectivo. Algo similar ocurre con la sociedad entera que está basada en la división del trabajo y de las funciones, y que por lo tanto vale más que la suma de sus componentes. Cómo ha "concretado" la filosofía de la praxis la ley hegeliana de la cantidad, que deviene calidad, es otro de los nudos teóricos que el Ensayo popular no desata, sino que lo considera ya conocido, cuando no se contenta con juegos de palabras como el relativo al agua que con el cambio de temperatura cambia de estado (sólido, líquido, gaseoso), lo que es un hecho puramente mecánico determinado por un agente exterior (el fuego, el sol, la evaporación del ácido carbónico sólido, etc.).

* La teoría del materialismo histórico - Manual popular de sociología marxista, N. Bujarin, Moscú, 1921

En el hombre, ¿quién será dicho agente externo? En la fábrica existe la división del trabajo, etc., condiciones creadas por el hombre mismo. En la sociedad, el conjunto de las fuerzas productivas. Pero el autor del Ensayo no ha pensado que si cada agregado social es algo más (y también distinto) que la suma de sus componentes, esto significa que la ley o el principio que explica el desenvolvimiento de la sociedad no puede ser una ley física, puesto que en la física no se sale nunca de la cantidad, a no ser metafóricamente. Sin embargo, en la filosofía de la praxis la cualidad está siempre unida a la cantidad, y quizás en tal conexión se halle su parte más original y fecunda. En realidad, el idealismo hipostatiza [sedimenta; en el neoplatonismo los tres principios divinos: el ser, la inteligencia y el alma] esto convirtiéndolo en algo más, haciendo de la cualidad un ente en sí, el "espíritu", de la misma manera que la religión ha creado la divinidad [santísima trinidad].

Pero si es hipóstasis, la de la religión y del idealismo, es decir, abstracción arbitraria, no proceso de distinción analítica prácticamente necesario por razones pedagógicas, también es hipóstasis la del materialismo vulgar, que "diviniza" una materia hipostática.

Confróntese este modo de concebir la sociedad con la concepción del Estado propia de los idealistas actuales. Para los actualistas el Estado termina por ser justamente ese algo superior a los individuos (si bien después de las conclusiones que Spirito [Ugo, 1896-1997, filósofo, dirigió Giornale Critico della Filosofia Italiana] ha extraído a propósito de la propiedad de la identificación idealista del individuo y del Estado, Gentile, en Educazione Fascista, de agosto de 1932, ha precisado prudentemente). La concepción de los actualistas vulgares había caído tan bajamente en el puro psitacismo, que la única crítica posible era la caricatura humorística. Se puede pensar en un recluta que expone a los oficiales reclutadores la teoría del Estado superior a los individuos y exige que dejen en libertad a su personalidad física y material y enganchen, en cambio, a lo poquito de ese algo que contribuye a construir ese algo nacional que es el Estado. O recuérdese el relato en el cual el sabio Saladino dirime la desavenencia entre el vendedor de asados que quiere hacerse pagar por el uso de las emanaciones aromáticas de sus manjares y el mendigo que no quiere pagar. Saladino hace pagar con el tintineo de las monedas y dice al vendedor que embolse el sonido, de la misma manera que el mendigo ha comido los efluvios aromáticos.

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