La afirmación de Feuerbach: "el hombre es lo que come", tomada en sí, puede ser interpretada diversamente. Interpretación mezquina y tonta: el hombre, en cada oportunidad, es lo que materialmente come, esto es, las comidas tienen una inmediata influencia determinante sobre el modo de pensar. Recordar la afirmación de Amadeo* de que si se supiese lo que un hombre ha comido antes de un discurso, por ejemplo, se estaría en mejores condiciones de interpretar el discurso mismo. Afirmación infantil y, de hecho, extraña a la ciencia positiva, puesto que el cerebro no se nutre de habas y de trufas [hongo subterráneo], dado que los alimentos consiguen reconstruir las moléculas del cerebro al ser transformados en sustancias homogéneas y asimilables, que tienen la "misma naturaleza" potencial de las moléculas cerebrales. Si la referida afirmación fuese verdadera, la historia tendría su matriz determinante en la cocina y las revoluciones coincidirían con los cambios radicales en la alimentación de las masas. Lo contrario es históricamente cierto: las revoluciones y el complejo desarrollo histórico han modificado la alimentación y creado los "gustos" sucesivos en la elección de los alimentos. No es la siembra regular del trigo lo que ha hecho cesar el nomadismo, sino, al contrario, las condiciones que se oponían al nomadismo han conducido a las siembras regulares, etcétera.**

* Amadeo Bórdiga, ex dirigente del Partido Comunista, extremista, expulsado de sus filas. (N. de la R.).

** Confrontar esta afirmación de Feuerbach con la campaña de S. E. Marinetti contra la pastasciutta y la polémica de S. E. Bontempelli en defensa de ésta en 1930, en pleno desarrollo de la crisis mundial.

Pero, por otra parte, también es cierto que el "hombre es lo que come en cuanto la alimentación es una de las expresiones de las relaciones sociales en su conjunto, y cada grupo social tiene su alimentación fundamental; pero al mismo tiempo puede decirse que "el hombre es su vestimenta", "el hombre es su departamento", "el hombre es su particular modo de reproducirse, es decir, su familia"; dado que la alimentación, la vestimenta, la casa, la reproducción, son elementos de la vida social en los cuales, del modo más evidente y amplio (es decir, masivo) se manifiesta el complejo de las relaciones sociales.

El problema de lo que es el hombre es siempre el problema llamado de la "naturaleza humana", o del llamado "hombre en general", es decir, el intento de crear una ciencia del hombre (una filosofía) que parta de un concepto inicialmente "unitario", de una abstracción que pueda contener todo lo "humano". Pero ¿lo "humano" es un punto de partida o un punto, de llegada, como concepto y hecho unitario? Esta investigación, ¿no es más bien un residuo "teológico" y "metafísico" en cuanto considerada punto de partida? La filosofía no puede ser reducida a una "antropología" naturalista, puesto que la unidad del género humano no está dada por la naturaleza "biológica" del hombre; las diferencias importantes del hombre no son las biológicas (razas, conformación del cráneo, color de la piel, etc., y a ello se reduce, en resumidas cuentas, la afirmación: "el hombre es lo que come" --come grano en Europa, arroz en Asia, etc.--, que se reducirá luego a esta otra afirmación: "el hombre es el país que habita", puesto que gran parte de los alimentos están ligados a la tierra habitada); ni tampoco la "unidad biológica" ha contado gran cosa en la historia (el hombre es el animal que se ha comido a sí mismo cuando se hallaba más próximo al "estado natural", es decir, cuando no podía multiplicar "artificialmente" la producción de bienes naturales). Tampoco la "facultad de razonar", es decir: el "espíritu", ha creado la unidad, y puede ser reconocido como hecho "unitario" sólo en tanto que concepto formal, categórico. No es el "pensamiento", sino lo que realmente se piensa, lo que une o diferencia a los hombres.

Que la "naturaleza humana" sea el "conjunto de las relaciones sociales", es la respuesta más satisfactoria, porque incluye la idea de devenir: el hombre deviene, cambia continuamente con la modificación de las relaciones sociales y porque niega al "hombre en general"; en verdad, las relaciones sociales son expresadas por diversos grupos que se presuponen entre sí y cuya unidad es dialéctica, no formal. El hombre es aristocrático; en cuanto es siervo de la gleba, etc. Se puede decir también que la naturaleza del hombre es la "historia" (y en este sentido --considerando historia igual a espíritu--, que la naturaleza del hombre es el espíritu), si se da a la historia el significado de "devenir", de una concordia discorde que no parte de la unidad, pero que tiene en sí las razones de una unidad posible. Por ello la "naturaleza humana" no puede hallarse en ningún hombre por separado sino en toda la historia del género humano (y el hecho de que se adopte la palabra "género", de carácter naturalista, tiene su significado), en tanto que en cada hombre se hallan caracteres que se ponen de relieve en su contradicción con los de otros hombres. La concepción del "espíritu" en las filosofías tradicionales, como la de "naturaleza humana" tomada de la biología, deben ser consideradas "utopías científicas" que sustituyen a la máxima utopía de la "naturaleza humana" derivada de Dios (los hombres hijos de Dios) y sirven para indicar el trabajo continuo de la historia, una aspiración racional y sentimental, etc. Es verdad que tanto las religiones que afirman la igualdad de los hombres, en tanto que hijos de Dios, y las filosofías que afirman su igualdad. en tanto que partícipes de la facultad de razonar, han sido expresiones de complejos movimientos revolucionarios (la transformación del mundo clásico, la transformación del mundo medieval) que han colocado los anillos más potentes del desarrollo histórico.

Que la dialéctica hegeliana haya sido el último reflejo de estos grandes nudos históricos y que la dialéctica, de expresión de las contradicciones sociales, deba convertirse, con la desaparición de estas contradicciones, en una pura dialéctica conceptual: esta idea sería la base de las últimas filosofías de fundamento utópico, como la de Croce.

En la historia la "igualdad" real, o sea, el grado de "espiritualidad" alcanzado por el proceso histórico de la "naturaleza humana', se identifica con el sistema de asociaciones "privadas y públicas" "explícitas e implícitas" que se anudan en el Estado y el sistema político mundial: se trata de "igualdades" sentidas como tales por los miembros de una asociación y de "desigualdades" sentidas por las diversas asociaciones; igualdades y desigualdades que valen en tanto se tiene conciencia de ellas, individualmente o como grupo. Así también se llega a la igualdad o ecuación entre "filosofía y política", entre pensamiento y acción, es decir, a una filosofía de la praxis. Todo es político, incluso la filosofía o las filosofías,* y la única "filosofía" es la historia en acción, es decir, la vida misma. En este sentido se puede interpretar la tesis sobre el proletariado alemán como heredero de la filosofía clásica alemana, y se puede afirmar que la teorización y la realización de la hegemonía realizada por Ilici [Lenin] ha sido también un gran acontecimiento "metafísico".

* Cfr. las notas sobre el carácter de las ideologías.

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