Croce, hombre del Renacimiento.

Se podría decir que Croce es el último hombre del Renacimiento y que expresa exigencias y relaciones internacionales y cosmopolitas. Esto no quiere decir que no sea un "elemento nacional"; aun en el significado moderno del término, ello quiere decir que de las relaciones y exigencias nacionales expresa aquellas que son más generales y coinciden con nexos de civilización más vastos que el área nacional: Europa, aquello que suele llamarse la civilización occidental, etc. Croce ha conseguido recrear en su personalidad y en su posición de líder mundial de la cultura, la función de intelectual cosmopolita que había sido llenada casi colectivamente por los intelectuales italianos del medioevo hasta fines del siglo XVI. Por lo demás, si en Croce son vivas las preocupaciones de líder mundial, que lo inducen a asumir siempre actitudes equilibradas, olímpicas, sin empeños demasiado comprometedores de carácter temporal y episódico, también es cierto que ha inculcado el principio de que en Italia, si se desea desprovincializar la cultura y las costumbres (y el provincialismo pervive aún como un residuo del pasado de disgregación política y moral), es necesario elevar el tono de vida intelectual a través del contacto y el cambio de ideas con el mundo internacional (éste era el programa renovador del grupo florentino de la "Voce"); por lo tanto, en su comportamiento y en su función es inherente un principio esencialmente nacional.

La función de Croce se podría parangonar con la del papa católico, y hay que decir que Croce, en el ámbito de su influjo, tal vez ha sabido conducirse más hábilmente que el papa; en su concepto de intelectual, por lo demás, hay algo de "católico y clerical", como puede verse en sus publicaciones del tiempo de guerra y como resulta hoy de sus reseñas y notas. En forma más orgánica y precisa, su concepción del intelectual puede acercarse a la expresada por Julien Benda en el libro La trahison des clercs [La traición de los intelectuales]. Desde el punto de vista de su función cultural, es preciso, no tanto considerar a Croce como filósofo sistemático, sino encarar algunos aspectos de su actividad: 1) Croce como teórico de la estética y de la crítica literaria y artística;* 2) Croce como crítico de la filosofía de la praxis y como teórico de la historiografía; 3) especialmente como moralista y maestro de la vida, constructor de principios de conducta que hacen caso omiso de toda confesión religiosa y, antes bien, muestran que se puede "vivir sin religión". El de Croce es un ateísmo de señores, un anticlericalismo que aborrece la rusticidad y la grosería plebeya de los anticlericales chillones, pero se trata siempre de ateísmo , de anticlericalismo. Es de preguntarse por qué Croce no se colocó, si no activamente, por lo menos dando su nombre y su patrocinio, al frente de un movimiento italiano de Kulturkampf, que habría tenido una enorme importancia histórica.** Tampoco se puede decir que no se haya empeñado en la lucha por consideraciones de carácter filisteo, por consideraciones personales, etc., porque ha demostrado no preocuparse por estas vanidades mundanas al convivir libremente con una mujer muy inteligente, que daba vivacidad a su salón napolitano frecuentado por hombres de ciencia italianos y extranjeros, y que sabía despertar la admiración de estos frecuentadores. Esta unión libre impidió a Croce entrar en el Senado antes de 1912, cuando murió la señora y aquél volvió a ser para Giolitti una persona "respetable". Debe notarse también, a propósito de religión, la actitud equívoca de Croce hacia el modernismo. Que Croce debiese ser antimodernista, puede entenderse, en cuanto es anticatólico. Pero su concepción de la lucha ideológica no fue ésta. Objetivamente, Croce fue un aliado precioso de los jesuitas contra el modernismo,*** y el pretexto de esta lucha, de que entre religión trascendental y filosofía inmanentista no puede existir un tertium quid incierto y equívoco, parece ser simplemente un pretexto. También en este caso aparece el hombre del Renacimiento, del tipo de Erasmo, con la misma falta de carácter y de coraje civil. Los modernistas, dado su carácter de masa determinado por el nacimiento contemporáneo de una democracia rural católica (ligada a la revolución técnica producida en el valle de Padua con la desaparición de la figura del obbligato o schiavandaro **** y la expansión del bracero y de formas menos seniles de aparcería), eran reformadores religiosos, aparecidos no según esquemas intelectuales preestablecidos, caros al hegelianismo, sino según las condiciones reales e históricas de la vida religiosa italiana. Era una segunda oleada, de catolicismo liberal, mucho más extenso y de carácter más popular que el del neogüelfismo ***** antes de 1848 y del más franco liberalismo católico posterior a 1848. La actitud de Croce y de Gentile (con el clericalzuelo de Prezzolini) aisló a los modernistas del mundo de la cultura e hizo más fácil su derrota por los jesuitas; es más, apareció como una victoria del papado contra la filosofía moderna; la encíclica antimodernista lo es en realidad contra la inmanencia y la ciencia moderna, y en tal sentido fue comentada en los seminarios y en los círculos religiosos.****** ¿Por qué no ha dado Croce la misma explicación lógica del modernismo que la que dio en la Historia de Europa del catolicismo liberal, como de una victoria de la "religión de la libertad", que logró penetrar hasta en la ciudadela de su más acérrimo antagonista y enemigo, etc.?

* La última edición de la Enciclopedia Británica ha confiado a Croce la voz "Estética", estudio publicado en Italia fuera de comercio con el titulo Aestethica in nuce; el Breviario de estética ha sido compilado por los norteamericanos. En Alemania hay muchos partidarios de la estética crociana.

** Respecto de la actitud hipócrita de los crocianos hacia el clericalismo, véase el artículo de G. Prezzolini "El temor del cura", en el volumen Me parece..., impreso por la casa editora Delta de Florencia.

*** En Dad al César..., Missiroli exalta ante los católicos la actitud de Croce y Gentile contra el modernismo en este sentido.

**** Obbligato, schiavandaro, formas de semiservidumbre en el campo italiano. (N. del T.).

***** Neoguelfismo: con este nombre se designa a la corriente católica-liberal surgida por el 1830 y que se convirtió posteriormente en un gran movimiento de opinión. Los sanfedistas eran llamados así desde la época de las bandas de la Santa Fe, que bajo las órdenes del cardenal Ruffo, abatieron en 1799 la República Napolitana, y constituían los sectores ultrarreaccionarios. (N. del T.).

****** Es curioso que hoy la actitud de los crocianos hacia los modernistas, o por lo menos los más importantes de ellos --pero no contra Buonajuti-- haya cambiado mucho, como puede verse en la elaboración crítica de Adolfo Omodeo, en la Critica del 20 de julio de 1932, sobre las Mémoires pour servir à l'histoire religieuse de notre temps, de Alfred Loisy. Hay que volver a leer lo que se dice en la Historia de Italia del modernismo; pero tengo la impresión de que Croce lo pasa por alto, en tanto que exalta la victoria del liberalismo sobre el socialismo convertido en reformismo por la actividad científica del mismo Croce. La misma observación puede hacerse a Missiroli, que es antimodernista pero también antipopular; si el pueblo no puede arribar a la concepción de la libertad política y a la idea nacional, sino después de haber atravesado una reforma religiosa, es decir, después de haber conquistado la noción de libertad en la religión, no se comprende por qué Missiroli y los liberales del "Resto del Carlino" han sido tan ferozmente antimodernistas. O quizá se comprenda demasiado, dado que modernismo significa políticamente democracia cristiana y ésta era particularmente fuerte en Emilia-Romaña y en todo el valle de Padua, y Missiroli con sus liberales luchaba por la Agraria.

Se plantea el problema de qué representa más adecuadamente a la sociedad italiana actual desde el punto de vista teórico y moral: el papa, Croce, Gentile; es decir: 1) quién tiene más importancia desde el punto de vista de la hegemonía, como ordenador de la ideología que proporciona el cemento más íntimo a la sociedad civil y, por lo tanto, al Estado; 2) quién representa mejor en el extranjero el influjo italiano en los marcos de la cultura mundial. El problema no es de fácil resolución, porque cada uno de los tres domina ambientes y fuerzas sociales distintos. El papa, como jefe y guía de la mayoría de los campesinos italianos y de las mujeres, y porque su autoridad e influencia operan con toda una organización centralizada y bien articulada, es una gran fuerza, la más grande fuerza política del país, después del gobierno. Pero su autoridad se ha tornado pasiva y es aceptada por la inercia, pues ya antes del Concordato era, de hecho, un reflejo de la autoridad estatal. Por esta razón es difícil hacer un parangón entre la influencia del papa y la de una persona privada en la vida cultural. Una comparación más racional puede hacerse entre Croce y Gentile, y se hace rápidamente evidente que la influencia de Croce, a pesar de las apariencias, es muy superior a la de Gentile. Entretanto, la filosofía de Gentile está lejos de ser admitida por sus mismos correligionarios políticos (recordar el ataque de Paolo Orano en el Parlamento contra la filosofía de Gentile y el ataque personal contra Gentile y los gentilianos en el seminario Roma, por parte de G. A. Fanelli). Me parece que la filosofía de Gentile, el actualismo, es más nacional sólo en el sentido de que está estrechamente ligada a la fase primitiva del Estado, el estadio económico-corporativo, cuando todos los gatos son pardos. Por esta misma razón se puede creer en la mayor importancia e influjo de esta filosofía, así como muchos creen que en el Parlamento un industrial es más que un abogado representante de los intereses industriales (o que un profesor o hasta un líder de los sindicatos obreros), sin pensar que si los parlamentarios fuesen todos industriales, el Parlamento perdería inmediatamente su función de mediación política y todo prestigio.* La influencia de Croce es menos numerosa que la de Gentile, pero más profunda y arraigada; Croce es realmente una especie de papa laico, pero su moral es excesivamente de intelectuales, excesivamente del tipo del Renacimiento, y no puede llegar a ser popular; en tanto que el papa y su doctrina influyen sobre masas determinadas del pueblo con máximas de conducta que se refieren también a las cosas más elementales. Es cierto que Croce afirma que estos modos de vida no son ya específicamente cristianos y religiosos, porque "después de Cristo todos somos cristianos", es decir que el cristianismo, en lo que es real exigencia de vida y no mitología, ha sido absorbido por la civilización moderna.**

* Sobre el corporativismo y economismo de Gentile, cfr. su discurso pronunciado en Roma y publicado en su volumen Cultura y fascismo.

** Este aforismo de Croce tiene, ciertamente, mucho de verdad; el senador Mariano d'Amelio, primer presidente de Casación, combatía la objeción de que los códigos occidentales no pueden introducirse en países no cristianos corno el Japón, Turquía, etc., porque han sido construidos con muchos elementos del cristianismo, recordando esta "simple verdad de Croce". Ahora, realmente, los códigos occidentales son introducidos en los países "paganos" como expresión dela civilización europea y no del cristianismo como tal, y los buenos musulmanes no creen haberse convertido en cristianos y haber abjurado del islamismo.

La posición relativa de Croce en la jerarquía intelectual de la clase dominante ha cambiado, con el Concordato y la fusión, en una unidad moral de las dos ramas de esta misma clase. Es preciso realizar una obra de educación doble por parte de los responsables: educación del nuevo personal dirigente para "transformar" y asimilar, y educación de la parte católica, que, por lo menos, deberá ser subordinada (también subordinar es educar, en ciertas condiciones). La entrada en masa de los católicos en la vida estatal, después del Concordato (han entrado esta vez en cuanto católicos y aun con privilegios culturales), ha hecho muy difícil la obra de "transformismo" de las nuevas fuerzas de origen democrático.

El que Gentile no comprendiese el problema y sí lo comprendiese Croce, muestra la distinta sensibilidad nacional de ambos filósofos. El hecho de que Gentile, aun en el caso de que hubiera comprendido, se colocase en condiciones de no hacer nada, fuera del trabajo de Universidad Popular en los Institutos de Cultura (los rabiosos escritos de sus discípulos en los "Nuovi Studi" contra el catolicismo han tenido muy poco eco), muestra su reducción a una situación bien mísera de subalternidad intelectual. No se trata realmente de una educación "analítica", es decir, de una "instrucción", de una acumulación de nociones, sino de educación "sintética", de la difusión de una concepción del mundo convertida en norma de vida, de una "religión" en el sentido crociano. El hecho deque el Concordato plantease el problema, multiplicándolo y complicándolo, fue comprendido por Croce, como se ve a través de su discurso en el Senado. Por lo demás, es precisamente el Concordato, con su introducción en la vida estatal de una gran masa de católicos como tales, y privilegiados como tales, el que ha planteado el problema de la educación de la clase dirigente, no en términos de "Estado ético", sino en términos de "sociedad civil" educadora, es decir, en términos de una educación por iniciativa "privada" que entra en concurrencia con la católica, que en la sociedad civil ocupa ahora un lugar tan importante y en condiciones especiales.

Para comprender cómo puede ser apreciada la actividad de Croce en toda su perseverante inflexibilidad, por parte del sector más responsable, clarividente (y conservador) de la clase dominante, además, de la citada "previsión" de Missiroli * --y es necesario tener clara qué significación de implícito sentido critico tiene el término "previsión" en este caso--, será útil recordar una serie de artículos publicados por Camilo Pellizi en el Selvaggio de Mino Maccari.

* Ver más adelante, en Notas sueltas: La actitud de Croce en el período fascista.

De la Italia Letteraria de 29 de mayo de 1932 copio textualmente un trozo de la Rassegna della Stampa compilada por Corrado Pavolini, que comenta un pasaje de uno de los artículos de Pellizi: "Creer en pocas cosas, ¡pero creer en ellas! Y es una máxima bellísima, que se puede leer en el último número del Selvaggio (1ero. de mayo). Me da pena por Camilo Pellizi, fascista de los primeros, caballero probo y agudísimo ingenio; pero el estilo embarullado de su última carta abierta a Maccari,, El fascismo como libertad, me hace dudar de que los conceptos de que habla estén muy claros en su mente; o si están claros, son pensados muy en abstracto para lograr una aplicación práctica: 'El fascismo ha nacido como el supremo esfuerzo de un pueblo civilizado (más bien, del pueblo más íntimamente civilizado entre todos) para realizar una forma de comunismo civil. Es decir, resolver el problema del comunismo dentro del problema mayor de la civilización; puesto que no hay civilización sin la espontánea manifestación de los valores individuales antiguos, siempre renovados, de los cuales se habla, nosotros concluimos que el fascismo es, en su íntima y universal significación, un comunismo libre; en el cual, para entendernos, comunista o colectivista es el medio, el organismo empírico, el instrumento de acción correspondiente al problema de un determinado momento de la historia, mientras que el fin real, el destino último, es la civilización, es decir, en el sentido hoy dicho y repetido, la libertad.' Es lenguaje indigesto de filósofo. 'Creer en pocas cosas...' Por ejemplo, simplísticamente, creer que el fascismo no es comunismo, nunca, en ningún sentido, ni concreto ni simbólico, puede resultar más 'útil' que esforzarse por buscar definiciones demasiado ingeniosas, que son, en último análisis, equívocas y nocivas. (Está además la relación de Spirito a la Convención corporativa de Ferrara ...) ".

Se ve bastante claramente que la serie de escritos de Pellizzi publicados en el Selvaggio ha sido sugerida por el último libro de Croce y es un intento de absorber la posición de Croce en una nueva posición, que Pellizi supone superior y en condiciones de resolver todas las antinomias. En realidad, Pellizzi se mueve con conceptos de Contrarreforma, y sus lucubraciones pueden dar lugar intelectualmente a una nueva Ciudad del Sol; prácticamente, a una construcción como la de los jesuitas del Paraguay. Pero esto importa poco, puesto que no se trata de posibilidades prácticas cercanas o remotas, ni para Pellizzi ni para Spirito; se trata del hecho de que tales desarrollos intelectuales abstractos mantienen fermentos ideológicos peligrosos, impiden que se forme una unidad ético-político en la clase dirigente, amenazan con relegar al infinito la solución del problema de "autoridad", es decir, del restablecimiento por consentimiento de la dirección política de los grupos conservadores. La actitud de Pellizi muestra que la posición de Spirito en Ferrara no era un "monstrum" cultural; esto está demostrado también por algunas publicaciones en Critica Fascista más o menos embarazosas y equívocas.

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