"Colline, filósofo" de Veneziani en el Carignano. Carlo Veneziani ha puesto nuevamente en escena los personajes de la Bohéme. La alegría de Mürger se ha venezianizado en sainetería, la vena de melancolía y de sentimiento se ha vuelto río cenagoso de descaro y de sentimentalismo. Colline, el filósofo, se ha convertido en predicador de energía, un propagandista de las inmortales consignas: "progreso en el trabajo y en el orden", "querer es poder", "las mentiras tienen las piernas cortas", "las mujeres son la causa de todos los males", "el ocio es el padre de todos los vicios". Es ésta en el fondo la originalidad de la comedia, la que puede considerarse como símbolo del período que atraviesa nuestro país. En la ruina de todas las fuerzas morales que sostienen toda sociedad bien organizada, en la decadencia de toda norma de conducta que sirva al individuo y a la colectividad, en Italia, que ha dado nacimiento a Stenterello, son los farsantes quienes hablan de las cosas serias y predican la sabiduría; así ocurre que las cosas serias y la sabiduría predicada por tales bocas ya no se distingan más de las farsas y la vida italiana se vuelva siempre más divertida.

Para la crónica: en la comedia de Veneziani, Colline decepcionado del amor, desposa con quien le alquila la buhardilla, resuelve radicalmente el problema del alojamiento, se vuelve padre de tres pequeñuelos, pero no pierde la costumbre de dormir sobre los bancos públicos. Los dos primeros actos fueron aplaudidos, el tercero fue acogido con aplausos mezclados con abundantes chitos y algunos silbidos. Luigi Carini (Colline) recitó con muy buen gusto y colaboró mucho para el buen éxito de la obra.

(Octubre 13 de 1920).

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