"Tutto per bene" [Todo sea para bien] de Pirandello en el Chiarella. En los tres actos de Tutto per bene, Luigi Pirandello desenvuelve este ovillo: un tal Martino Lori se ha casado con la hija de un ilustre científico que deja al morir un paquete de apuntes sobre sus investigaciones aun incompletas. Salvo Manfroni, discípulo del hombre de ciencia, pone las manos sobre los apuntes y sobre la hija de su maestro, mujer de Lori. Manfroni se convierte en una ilustración de la ciencia, es diputado, llega a ministro, llega a senador; Lori es arrastrado por él a la carrera política y alcanza hasta el puesto de consejero de Estado. Este tal Martino Lori no sospecha de nada; no sospecha que su mujer lo ha traicionado, no sospecha que su hija Palma sea en cambio hija de Manfroni, no sospecha de nada aun cuando Manfroni se lo sustituya a él en el cuidado de la pequeña huérfana de madre y la eduque, le constituya una dote y le encuentre un marido aristocrático; no sospecha de nada y aunque todos los íntimos de la casa y Palma sepan y el novio de Palma sepa. No sospecha de nada y durante dieciséis años se construye una vida suya particular que a todos parece la comedia de un miserable, contento con los beneficios logrados mediante el consentimiento dado a la mujer para la trapisonda con el gran hombre público. No sospecha nada y un hermoso día, después de tanto tiempo, después de tantas ilusiones sobre la honestidad y sobre la bondad de los hombres, la verdad le es revelada. La comedia se enclava en esta revelación; debería ser la representación de este drama fulmíneo: el drama de un hombre que se ha construido toda la vida interior y exterior sobre la ignorancia de un hecho esencial de su vida misma y de golpe se encuentra perdido, porque su íntimo "yo" se ha desvanecido y el panorama circundante, visto siempre de un modo durante tantos y tantos años, ha cambiado radicalmente, es un panorama de ruinas y de miseria. Es preciso decir que Pirandello se limita a devanar el ovillo, a conducir la intriga; la obra es apresurada y la figura de Martino Lori no alcanza a dominar el desarrollo y a organizarlo para justificarlo; está lívido, no reacciona más que con suspiros y gemidos; no se convierte en un carácter, permanece una víctima sin energía, ni sentimental ni dialéctica (como sucede con las creaciones de Pirandello) que se ablanda y desaparece entrando de nuevo en la oscuridad de la nulidad dramática.

(Julio 7 de 1920).

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