"Il Beffardo" [El burlón] de Berrini, en el Regio. Nino Berrini ha querido reconstruir con documentos literarios la figura y el drama interior de Ceceo Angiolieri, poeta sienés del siglo XIII. Sería inútil plantearse el problema de si Berrini ha sido fiel a los "textos": la obra debe ser juzgada en su valor intrínseco. Aunque el Angiolieri de Berrini no tuviese ninguna relación con el Angiolieri del siglo XIII, lo cual importaría poco. ¿Berrini ha logrado crear una figura humana viviente en sus acciones y por sus acciones?, el drama del cual es protagonista ¿es un drama real, justificado psicológicamente y expresado artísticamente? Berrini se ha dejado llevar por la búsqueda literaria y ha sacrificado la interioridad a la exterioridad; por contraposición ha colocado a Angiolieri en un oscuro abismo de horrores, ha tratado de hacer converger sobre su figura haces de luz infernal. Angiolieri se convierte en un Ezzelino da Romano, el fruto de un acoplamiento monstruoso, destinado por su origen a cumplir horrendas gestas y a asistir a horrendas gestas su risa sarcástica hermoseada por las palabrejas que suenan a melindres se vuelve superficial y separada de su vida y su vida misma no existe más. Berrini es un trabajador concienzudo: su preocupación excesiva por los detalles provoca ruptura, fragilidad, hundimiento del mundo interior que se propone expresar; provoca desigualdades y contrastes que luego no alcanza a superar artísticamente. En Il Beffardo, Berrini ha sentido todavía más enérgicamente el freno de estas preocupaciones y ha vacilado entre el documento histórico al que habría deseado ser fiel y su concepción del drama de Cecco Angiolieri: no se ha atrevido a sacrificar el documento.

Los cuatro actos de Berrini han tenido buen éxito: una veintena de llamadas.

(Abril 4 de 1920)

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