"Sorelle d'amore" [Hermanas del amor] de, Bataille, en el Alfieri. Amor, dulzura, virtud, generosidad, ternura, candor: son éstas las dotes que campean en los cuatro actos de Sorelle d'amore de Henri Bataille. ¿Pero qué pasión vivifica estas cualidades, qué vida interior activa y operante? Ninguna. Ellas permanecen inertes, no tiene ninguna justificación, nada más que monótona descripción literaria de las relaciones externas, de los acontecimientos que se suceden porque las palabras las refieren en su banalidad vacía, de un vacío iridiscente como en las pompas de jabón. Vemos moverse y hablar físicamente a una mujer, Federica; un ser tenue y evanescente que tiene marido y una hija y ama a Julián. Durante seis meses, durante un año, durante dos años, Julián espera que el amor se vuelva realidad, se entregue a la pasión; Federica ama a Julián seriamente (el autor lo afirma de manera perentoria) pero no quiere materializar el amor. Y durante cuatro actos es un perseguirse de la materia y del espíritu, de la carne y del alma; en el cuarto acto se entrevé un lecho, un materialísimo y vulgarísimo lecho, pero Federica se va y deja sobre el lecho una rosa y un hermoso discurso que deberá consolar a Julián, que deberá enderezarlo a pensamientos altos y nobles. Todo esto es feo y antiespiritual, es falso artísticamente y falso moralmente, porqué no es vivo, porque semejante virtud exangüe y enervada roza la torpeza. La comedia de Bataille es un mero ejercicio literario que puede ser tomada como documento histórico de la gran corrupción y de la irremediable decadencia de las costumbres. La exaltación fría de una postura sentimental como la de Federica sólo puede nacer después de un cansancio físico producido por la voluptuosidad profesional. La madre del Amor es más bella y más moral que las hermanas del Amor.

(Marzo 20 de 1920)

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