"La sonata a Kreutzer" de Fleischmann, en el Chiarella. Los obreros rusos no habían dado aún todo el poder a los Soviets. Rusia no se había convertido aún en la fantasía de los porteros, de los salchicheros y de los farmacéuticos, en el apocalíptico país de Gog y Magog, donde Satanás alista sus milicias para pasar a saco el mundo antes del juicio universal. Iasnaia Poliana no había sido aún violada por la grosería y la insensibilidad de los campesinos bolcheviques. Pero hacía ya tiempo que los especuladores occidentales de la inteligencia habían ya pasado a saco y violado las obras de Tolstoi, sin que ningún periodista, depositario de la antorcha de Prometeo, ululase lastimeramente e invocase todas las fuerzas sanas del mundo contra los sacrílegos y los bárbaros. Así ha ocurrido que los italianos no pueden conocer en las ediciones italianas la obra que Tolstoi ha intitulado La sonata a Kreutzer. El editor italiano ha considerado que Tolstoi no conocía su arte y ha hecho agregar a la traducción francesa ya modificada sobre la traducción alemana del texto ruso, algunas decenas de páginas de impresiones y descripciones que engrosarán la escasez verbal de Tolstoi. A esta adulteración a través de la cual la masa de los admiradores italianos ha conocido La sonata a Kreutzer, se agrega la traducción de esta otra adulteración de Fleischmann: el "burguesismo" italiano no es tierno con el gran escritor ruso. Estos tres actos no tienen nada que lo distinga de una pésima adulteración. La sonata a Kreutzer es un violentísimo panfleto que resulta artísticamente más eficaz por la mezcla del diálogo con la demostración lógica hasta el absurdo; no es un drama de individuos particulares que puedan ser imaginados vivos individualmente. La reducción escénica no puede resultar sino una componenda si el drama, que es interior en la conciencia moral de Tolstoi, es perfilado como choque entre hombres y mujeres realmente vivos, moviéndose expectantes en un mundo (corpóreo. Y así ha resultado con un agravante por la interpretación artificiosa y superficial de Tempesti. Una velada para registrar en el catálogo del perverso destino italiano de Tolstoi.

(Diciembre 20 de 1919)

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