"Quella che t'assomiglia" [La que se te asemeja] de Cavacchioli en el Alfieri. En este "intento escénico" (la definición es del autor o ha sido autorizada por el autor) Cavacchioli se ha "propuesto" invertir el proceso de intuición y de expresión artística. El artista intuye, ve, vive su concepción, la unifica, la concreta en su trabajo interior y la expresa, le da una forma lingüística, es decir, la conduce a su perfección (cuando es perfección) absoluta, a su universalidad. De lo general, de lo indistinto, el artista llega a lo universal, a lo distinto individualizado, al lirismo. Cavacchioli se ha "propuesto"... es decir, a comenzado por negar en sí al artista, al forjador de formas expresivas y ha trabajado con la voluntad del escritor enclavado en la mesa profesional. Ha fijado la "existencia" de una 'serie de estados de ánimo tradicionales en las bellas artes y en la psicología; es decir, ha partido no del tumulto interior de la fantasía que busca a través de su íntima dialéctica ordenarse, organizarse, expresarse, alcanzar su madurez lírica, sino de una abstracción, de un mundo meramente de papel, libresco, donde las palabras son cifras, donde los sentimientos, a diferencia de la vida individual de los hombres, no son previsibles en su desenvolvimiento, en su devenir motivos de acción y de pasión sino que son fríos trozos anatómicos de gabinete de psicología literaria; Cavacchioli ha "procurado" materializar tales sentimientos, adherirlos a hombres que: --se llaman Leonardo, tienen cuarenta años, son calvos, bigotudos y de gruesa panza cuando representan el estático sentido, fanfarrones, temerosos de la vida; --se llaman Gabriel, son largos, flacos, espectrales quejosos cuando representan el ideal siempre pisoteado; --se llaman Gabriela cuando son jóvenes mujeres, tienen sombreros verdes, son volubles, sensuales, anticuadas en los sentimientos y encuentran sólo en el sentimiento su humanidad y no se llaman con un nombre sino con la designación profesional "el mecánico" cuando son el inexorable practicismo maquinal de la existencia, tienen dos ruedas en lugar de ojos y parecen todo un ensamblaje de palancas y de engranajes.

Cavacchioli no ha alcanzado ninguno de los fines que se había "propuesto" porque éstos podían haberse alcanzado, a lo sumo, con una conferencia de universidad popular enriquecida con muchas proyecciones. Ha alcanzado una construcción digna del "mecánico" que tiene dos ruedas en lugar de ojos y parece... etc., etc. La intriga de la acción, contra su voluntad, ha sido la tradicional intriga y como sucede en el noventa y nueve por ciento de las intrigas, ha dirigido la atención de los espectadores hacia un rosario de escenas "cada figura un hecho" antes que hacia el fuego de una visión dramática. La común intriga posbélica de la mujer que traiciona al marido en el frente después de haberlo impulsado, con su perfidia de esposa infiel ¡ay de mí! a partir voluntario, y se arrepiente y se convierte a la vida casta y pura cuando el marido regresa ciego, no ha sido de ningún modo "originalizada" por las luces diversas, por los escenarios fantásticos, por ser el "concubino" un aventurero ilusionista y por fantoches parlantes, por espectros, etc., etc. Cavacchioli ha sido un militante de la retaguardia marinettiana; en él el futurismo aparece en su forma literaria esencial, como un disfraz en la época de las máquinas y de la gran industria moderna, del romanticismo truculento y grandiosamente cretino de 1848.

El "intento" sin embargo ha interesado fuertemente al público. Se ha empeñado una lucha entre admiradores y "denigradores", silbidos, aplausos, gente de pié que se asoma y se estira fuera del antepecho y de las filas para aprobar o desaprobar. Resultado: supremacía de los aplausos, una docena de llamadas a Cavacchioli y a los intérpretes (Tina Di Lorenzo, Luigi Cimara, Ruggero Lupi, Armando Falconi, D. M. Migliari) que a menudo habían reconducido a humanidad viva e individual los "estados de ánimo" de la comedia, contraviniendo los "propósitos" de Cavacchioli.

(Noviembre 27 de 1919)

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