"Cesare y Cleopatra" de Shaw en el Chiarella. Esta obra de Bernard Shaw ha sido juzgada en Italia por los ecos diluidos de la polémica que ha suscitado en Inglaterra. Es una obra simple y llana conducida sobre motivos de humanidad simple y llana (humanidad que se encarna en Julio César y Cleopatra, así como puede ser simple y llana la representación que de los dos puede expresar quien quiere respetar los valores fijados por la historia: y Shaw ha querido respetar estos valores); se ha buscado y se buscará en ella la paradoja, el acrobatismo, la "originalidad". Los italianos no tienen la percepción del espíritu: Shaw es original porque ha respetado la buena y normal humanidad. Su obra es una rebelión, una extrañeza, una paradoja para los ingleses. Shaw ha escrito sobre Julio César después de Shakespeare con insolente prepotencia, ha tratado de imponer, a la fantasía de los ingleses una imagen de César que no es la creada por Shakespeare.

El escándalo puede ser parangonado a aquel surgido en Italia en ciertos grupos de estetas florentinos cuando Cesareo publicó su Francesca de Rimini: existe una sola Francesca, así fue escrito, y es la del Dante; toda otra representación de Francesca es una insolente caricatura. Para los ingleses Shakespeare es más que cuanto pueda ser Dante para los italianos: los ingleses han "releído" todos a Shakespeare, pocos italianos han estudiado en la escuela los comentarios de La Divina Comedia. Así es como entre nosotros la obra de Shaw no será presentada al público en su verdadera luz: la representación eficacísima y de gran dramaticidad de un gran hombre de estado, de un gran general, Julio César, visto nada más que humanamente sin sublimaciones trágicas, pero igualmente grande en toda su actividad, como lo fue verdaderamente, como ha sido presentado por los historiadores antiguos, como se revela por sus ingenuos libros de recuerdos que están entre las obras maestras de la literatura romana por el candor y la simple franqueza.

Pedir otra cosa a Shaw, hacer creer que Shaw haya querido dar otra cosa, pretender que sea necesario estar allí para escuchar con todo el arco de la inteligencia tenso, para alcanzar al vuelo paradojas y originalidades si no se quiere aparecer idiota, sería tonto y falta de inteligencia.

Cesare y Cleopatra es una bellísima obra aun cuando no se le presten enredos herméticos para las personas comunes: una obra bellísima, presentada en forma magnífica por la compañía de Emma Gramatica, en todas sus partes, digna de ser vista una y otra vez.

(Junio 14 de 1919)

www.gramsci.org.ar