"La nostra immagine" [Nuestra imagen] de Bataille en el Carignano. En el reciente poema de Bataille La divine tragédie se reproduce la imagen de un hombre cuyas carnes en disolución caen, descubriendo la desnuda aridez del esqueleto; pero el brazo ha arrancado el corazón del pecho y lo tiende hacia lo alto para salvarlo de la podredumbre con un gesto desesperadamente heroico.

El mundo interior de Bataille está simbolizado en esa imagen y también la expresión en la que Bataille concreta su mundo interior. Una tensión desesperada, un esfuerzo espasmódico por alcanzar las cimas que a menudo, demasiado a menudo, se concreta en formas amaneradas y dulzonas, languidece en compromisos banales y acomodaticios. En los dos actos de La nostra imagine la disidencia se presenta más evidente y chocante porque lucha entre ser un drama y una farsa. Vemos primeramente contraponerse una madre y una hija que defienden, furiosamente, la propia vida, la propia libertad. Enrichetta con fría crueldad, exige a su madre todavía joven, todavía admirada, casarse con un viejo idiota para expiar el pasado de aventura, para poner en regla su estado civil, para darle un nombre y permitirle entrar en el mundo "oficial", para permitirle realizar la felicidad. Entre esta jovencita que razona fríamente y se desespera, que es cruel y tierna, despiadada y conmovida, y la mujer que está colocada frente al cumplimiento de un deber que debe realizar en una ceremonia ferozmente ridícula, el choque hace surgir chispas luminosamente vivas de dramaticidad. Pero el acuerdo llega por un proceso en el que toda la energía creadora se ha oscurecido y ablandado: la experiencia por la cual Onorina se humilla y acepta cumplir la expiación, es un tejido de meras palabras flojas y pobres, de escenas vacías y exteriores, desesperadamente fastidiosas y desconsoladoras: el público ha sancionado justamente.

Esta tarde la comedia se repite.

(Junio 13 de 1919).

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