"L'innesto" [El injerto] de Pirandello, en el Carignano. Existe en el arte de la jardinería una forma de injerto que se practica en el mes de agosto y se llama injerto a ojos cerrados. La planta acoge "amorosamente" al tallo con el cual la mano ruda, pero experta del campesino la violenta, lo asimila a su amor, a su deseo de fruto, lo acoge a "ojos cerrados" nutriéndolo con su locura, con toda su vida que aspira a la maternidad, a la creación de nueva vida. ¿Quién preguntará a la inocente planta el origen legítimo de su fecundidad? También la señora Laura Banti es una estéril planta, violentamente agredida por un desconocido campesino, que ha recibido a "ojos cerrados" el germen vital que la hará madre y lo ha asimilado a su vida, a su amor, y lo ha nutrido de todo su espíritu del cual parte esencial el espíritu, el amor y el cuerpo físico del consorte legítimo. Solo que este legítimo y bien individualizado consorte tiene sus escrúpulos y su susceptibilidad que son dos con los de su mujer y no solo uno como en la misma flor estéril el pistilo y el gineceo que cumplen el rito fecundante sin generar nada. Cómo es superado el estado de ánimo de Giorgio Banti, cómo Giorgio Banti termina participando de la locura amorosa de su mujer y aceptar como suyo (creer suyo) el hijo por nacer, debería ser el argumento de estos tres actos de Pirandello, quien no ha querido y no ha osado afrontar abiertamente la concepción elemental de la comedia: ¿un hijo es solo generación física, mero producto de un acoplamiento casual, o bien es esencialmente amor, nueva vida que brota de la fusión íntima permanente de dos vidas? y ha endurecido una acción rica de humanidad y de lirismo, en torno a una fría metáfora de jardinería terminando por creer, también un poco él mismo, en la aproximación artificial entre los hombres y las plantas y ha presentado este problema sexual, que es en fin de cuentas fundamental en la vida de los hombres, envolviéndolo en un artificioso acolchado de diálogos a medias palabras, de gestos de furtivo sentimentalismo, apilando tres categorías de vida en las cuales el problema se presenta (la planta, una rústica aldeanita y la espiritual señora Banti) como si no supiese de que modo expresar al público y cómo ordenar en acción la concepción que, sin embargo es clara en su fantasía.

Los tres actos son pesados, prolijos en su sequedad y congestión. El argumento está puesto pero no vivificado, la pasión y la locura son presupuestos y no representados. Pirandello no ha realizado siquiera una de aquellas: sus "conversaciones" dramáticas, que, si no contarán mucho en la historia del arte, tendrán por el contrario mucho peso en la historia de la cultura italiana.

(Marzo 29 de 1919)

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