"Il giuoco delle parti" [El juego de las partes] de Pirandello, en el Carignano. En el primer acto de Giuoco delle parti Luigi Pirandello inicia la presentación de la "mujer" como personificando la visión que de la física de la vida tienen los escultores y los pintores del futurismo pos cubista: la inferioridad espiritual es una descomposición de volúmenes y de planos que se continúan en el espacio, no una limitación rígidamente definida en línea y superficies. El "marido" por el contrario está fuertemente concentrado en un yo razonador, bien alisado y arreglado como un concepto puro, que gira en torno a un perno, trompo silencioso que la voluntad, liberada de toda contingencia condicionante, hace rotar sobre un plano de vidrio. Evidentemente las dos criaturas no pueden sistematizar un orden de relaciones de convivencia afectuosa: el marido es impenetrable a los planos y volúmenes vibrátiles de la mujer y ésta no alcanzando a prolongarse en el marido, se siente por él limitada, ella que por naturaleza debe prolongarse en todas las vidas espirituales y en todos los territorios del mundo, y sufre y se exalta y aspira a la liberación de su yo, aspirando inevitablemente a la destrucción del suyo incoercible contradictorio. El concepto puro triunfa sobre el protoplasma vibrátil: la filosofía clásica triunfa sobre Bergson, las contingencias se someten a la voluntad del trompo socrático. Hay un "amante" porque la comedia entra en la serie de los tercetos teatrales, pero el amante no personifica idea alguna; es materia sorda, es objetividad opaca, es el "tonto" de la vida, que lógicamente es llevado a ponerse de nuevo la piel, porque la dialéctica de los contrarios alcanza un desenvolvimiento que podría ser la lágrima del concepto puro y el aullido bestial del protoplasma en movimiento; la humanidad, en resumen, que asombra encontrar todavía en tanta orgía de piruetas filosóficas de catedrático de liceo de provincia. Expresándose banalmente: la mujer quiere deshacerse del marido; insultada como mujer quiere que el marido se bata a duelo. El marido no lo entiende así y construye, sobre las contingencias que la naturaleza exterior a su yo le arroja entre los pies, el triunfo de la razón lógica: acepta el duelo a muerte, luego no se bate obligando a batirse y a hacerse matar al amante que es el verdadero marido. La vida es para él concepto puro, un juego mecánico, que prevé y dispone a priori las partes, haciendo siempre jaque mate.

La comedia de Pirandello no es de las mejores del género Pirandello: el juego se ha convertido allí en mecanismo exterior de diálogo, puro esfuerzo literario de verbalismo seudo filosófico. La incomprensión recíproca de las marionetas escénicas se ha proyectado en el teatro: pleno dominio de monadas sin puertas ni ventanas, incomunicables e incoercibles, el autor, los personajes y el público.

(Febrero 6 de 1919)

www.gramsci.org.ar