"Una sentimentale" de E. A. Berta, en el Carignano. La compañía de Irma Gramatica ha representado la anual contribución de E. A. Berta al teatro en dialecto: Una sentimentale, tres actos en prosa con muchos paréntesis musicales. La comedia debe haber sido escrita por los menos hace veinte años: las alusiones cronológicas al pasado próximo van desde el 1866 a 1880, pero el autor no ha remodernizado su obra, aunque se han introducido alusiones a acontecimientos recientísimos, sin fijarse que un espectador apenas, apenas atento debería imaginar a la heroína de la comedia como una mujer de por lo menos cincuenta y dos años (se hace morir a sus padres en 1866). E. A. Berta no ha querido interrumpir el rito anual y no teniendo mercadería fresca ha espolvoreado un viejo producto de su infinita, si bien fútil, manía escribidora. En los tres actos se desarrolla un drama "interior" de femineidad ofendida e incomprendida con algunas situaciones semejantes a las de Nora de Ibsen; semejantes exteriormente, más inertes dramáticamente. Berta pone el drama, no lo desarrolla. Su fantasía no es capaz de crear caracteres que tengan consistencia y solidez humana.: el público debería conmoverse por la abstracta generalidad de un dolor ineluctable en ciertas situaciones, aun cuando este dolor se exprese sólo como un fastidioso balido corderil y no como humanidad individual desgarrada que se manifiesta artísticamente en poesía. Una mujer abandona el techo conyugal afirmando no ser comprendida y por cierto lo parece. Pero el proceso dramático está enervado y es superficial. La protagonista es una pobre muchacha seducida que se redime en el amor desinteresado y en el sacrificio de la cotidiana, miserable vida familiar. El seductor le deja una herencia de medio millón y este oro se convierte en la máquina infernal que destruye el amor y la felicidad. El autor esboza una metafísica del oro: en el oro está la personalidad del hombre, en el oro se prolonga la personalidad del hombre. El instinto conduce a la mujer a querer renunciar a la herencia: acepta porque su marido cree que con la riqueza llegará a ser un gran compositor (es violonchelista). Según un postulado de la metafísica bertiana, lo bello nace de lo bello, la riqueza hará la casa bella, de la belleza de la casa nacerá la bella música y el violonchelista que anotará la bella música será un gran compositor.

En la mujer la metafísica se expresa en otras emociones: el seductor muerto se prolonga en su oro, el oro compra los muebles y el lujo de la casa, el seductor muerto revive en los muebles y en el lujo. Marido y mujer se alejan el uno del otro; la vida de uno (la belleza que genera belleza) es la muerte de la otra (el oro-belleza que es la culpa, la traición), etc., etc. Resumida así la comedia puede parecer interesante, el autor podría parecer capaz de conectar ideas. No es así. La comedia no es siquiera de tesis; es un informe hacinamiento de palabras farfulladas, sin expresión espiritual poética, rellena de asuntos banalmente cómicos que se persiguen a los tropezones. Berta no se da cuenta de la falta de unidad cronológica de la comedia; no alcanza siquiera a crear una unidad exterior; se mueve alrededor de sus personajes que quiere hacer hablar y vivir como a un escarabajo en la estopa. Una docena de espectadores con admirable sangre fría, han logrado crear a los actores la sugestión necesaria para media docena de llamadas.

(Noviembre 20 de 1918)

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