"Lift" de Arment y Gerbidon, en el Carignano. En Lift comedia sexual-sentimental de Armont y Gerbidon encontramos un personaje casi original: el hetairogogo, * el profesor de buenos modales para las cortesanas geniales que se proponen la conquista de una brillante posición social. El profesor no tiene nada de socrático, así como los dos alumnas nada tienen que compartir con Aspasia**; la galantería, en los tres actos modernos, es colocada coma función social aunque el motivo no supera la expresión chabacana de las comunes pochades*** y es por el contrario desarrollada con poca desenvoltura y mucha prolijidad. Permanece irreductible una fuerza cómica que los autores no han sabido elaborar subjetivándola; han entrevisto un mundo de comicidad pero que permanece inerte, puramente intencional.

*hetaira: prostituta

**amante de Pericles.

*** obra escueta, sketch

La cocotte* que recorre el currículum de la gloria social es en el fondo una pobre muchacha nacida en una novela romántica con aspiraciones pequeño-burguesas para el matrimonio, el tálamo familiar y la blanca cuna en la que chilla y agita las piernas un rosado parvulillo. Su ascenso hacia la gloria se debe a voluntades extrañas, a las sugestiones del profesor. Si esta voluntad, estas sugestiones hubieran sido vistas, por los autores como dinamismo autónomo de una mujer moderna, que sólo en la galantería puede encontrar la libertad que le es negada por las costumbres, por la extrinsecación de sus energías sociales buenas, habríamos tenido una comedia rica de contenido moral, es decir, una obra de arte y no una escenificación comercial. Los autores no han sabido o no han osado: es más fácil y más agradable al público, el leve toque de alfiler, la pequeña burla superficial, la caricatura bonachona que no choca demasiado de frente la convención moral y por el contrario estimula el escepticismo a flor de piel.

* prostituta

Lift sube del cuartucho pobre hasta el banquete ministerial, hasta la amistad de una Excelencia, hasta el salón político en el que se decide la suerte de un Estado y quizás de un régimen, pero es ascensión "alpinística" y no episodio humano de "querer es poder", determinado socialmente por el confluir necesario de todas las fuerzas actuantes de la vida contemporánea.

(Septiembre 11 de 1918)

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