Virgilio Talli. Virgilio Talli es tal vez el más agudo crítico literario que exista hoy en Italia. No creo que las librerías vendan sus volúmenes de ensayos. Su nombre probablemente no aparecerá jamás en las historias de la estética o de la literatura, pero poco importa. Probablemente si todavía Talli debiera extender por escrito su juicio sobre una obra teatral, este juicio sería banal, genérico, carente de vida y repleto de frases hechas.

La energía crítica de Talli se revela y se agota en el ámbito de la compañía dramática de la que es director: sus ensayos son las interpretaciones que la compañía crea de los dramas y de las comedias, su obra específica se ha convertido en espontaneidad, naturalidad en los actores, adhesión del gesto, de la música vocal, con el íntimo espíritu de los personajes representados. La personalidad de Talli desaparece así en el conjunto, se encuentra difícilmente. Su actividad de revelador, de maestro, deviene vida en los otros, en los discípulos. Talli ha hecho revivir, con admirable precisión, las familias artísticas del quattrocento en las que se encontraban el maestro y los alumnos y el maestro desarrollaba su obra pedagógica, educativa, en un denso trabajo de colaboración humanística, de la cual surgió el infinito mundo de belleza del Renacimiento. Estos maestros son a menudo nulos fuera de la escuela, de la tradición que crean y desarrollan. Su naturaleza no es tanto de creadores individuales como de educadores y reveladores. Su grandeza y perfección está en sus discípulos, que rápidamente surgen a la plenitud porque el maestro les ha ahorrado toda dispersión de energía en tentativas arbitrarias, en experiencias inútiles. La escuela es para el espíritu lo que el método Taylor es para los gestos mecánicos del cuerpo: economía de experiencias y de fatigas, aceleración de la evolución espontánea, organización del intelecto.

Talli desenvuelve su actividad en las pruebas: trabajo de miniatura, refinado y sutil esfuerzo de elaboración paciente. El drama se fragmenta en sus elementos primordiales: las palabras y los movimientos. Pero en ninguno de estos elementos sigue viviendo el drama entero. Y el análisis minucioso comienza. El drama es examinado, pesado, estudiado en su cada vez más sutil nervadura, en cada fibrilla de tejido. Talli es el platero que extrae del metal su sello oculto, que intuye el valor efectivo y lo desgrana en collares y adornos de infinito precio.

Su fantasía, desde la intuición rápida, dominadora, controla toda la acción y la revive para sus discípulos. Cada, personaje adquiere una individualidad distinta, cada palabra resulta síntesis de un estado de ánimo distinto. Talli repite la palabra, la amplifica, la pone en relación con el discurso interior del cual es consecuencia: pierde así todo valor mecánico de pura sonoridad, se torna interioridad, vida espiritual, se colora de toda una personalidad, de toda un alma, se lanza de la garganta, de los labios, como una necesidad fatal, se comprende que deba ser ésa y no otra, acompañada de ese gesto y no de otro, modulada con esos tonos y no con otros. Y la unidad espiritual del individuo deviene unidad espiritual de la escena. Todo vive: el ambiente debe ser así y no de otro modo, porque también la exterior apariencia de las cosas se refleja sobre los hombres y determina matices de gestos que no necesita omitir. La palabra de Talli es sugestiva en forma irresistible. En una novela de Rudyard Kipling se encuentra este episodio: un mago de la voluntad quiere probar el íntimo metal del alma de un jovencito y lo somete a un experimento de ilusión. El jovencito debe arrojar una jarra llena de agua: la jarra se rompe en fragmentos innumerables, el agua se vierte. Sin embargo bajo el influjo de la voluntad dominadora el jovenzuelo ve estos fragmentos retornar lentamente a su lugar, soldarse entre sí; el agua vertida desaparece y en la fantasía la imagen de la jarra florece de nuevo en su primitiva integridad. Así Talli desmenuza y recrea los dramas para sus actores, los analiza y parece destruirlos; pero en el sapiente análisis, la síntesis está en potencia y se afirma en las primeras representaciones, ante el público que aplaude y ni piensa siquiera en el artífice mayor, en el maestro que ha recogido en un haz las energías individuales y se las ha revelado a ellos mismos.

(Mayo 14 de 1918)

www.gramsci.org.ar