Giosué Borsi. Giosué Borsi es él mismo un renovado por la guerra (al menos en la memoria de los amigos, porque murió en el frente). La compañía Zago ha presentado una obrita, de cuando Borsi era todavía volteriano, anticlerical a lo Carducci. Pequeña comedia, informe, ligera que podría vivir en un epigrama. En una fiesta de bodas del setecientos, participa el cardenal patriarca de Venecia; recuerda la primera confesión recibida como sacerdote y la profunda impresión experimentada porque el penitente era un parricida. El padre del esposo, que no ha escuchado, recuerda también algo, y precisamente de haber sido el primer penitente del patriarca. Desesperación del hijo, alboroto, e intervención del patriarca que vuelve la paz a los ánimos turbados por su ligereza. Borsi está todo entero en esta obrita: ha sido exaltado por los católicos por la conversión revelada en las cartas que dejara, pero la conversión no ha mudado en profundidad la superficial retórica característica de sus escritos; admirador e imitador de Carducci en lo que Carducci tiene de menos vital no se ha impuesto ni siquiera por la reclame que los católicos han hecho de sus escritos póstumos. Su misticismo es de la misma ley que su volterianismo.

(Abril 17 de 1918)

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